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UN SALÓN DE LA FAMA “COMPROMETIDO”

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Por Andrés Pascual

No siempre el término “comprometido-a”, con respecto al arte, se le aplica a los comunistas: para los ciudadanos de sociedades libres se abre un capítulo de compromiso tan discriminatorio y repugnante como el que aplica, por ejemplo, la tiranía cubana con respecto a la obligación hacia ella de, digamos, sus músicos.

Por dinero, por relaciones de mutuo beneficio, “baila el mono” en cualquier festival, concurso o monumento a lo importante de una manifestación artística. Si, para contentar a los patrocinadores, a los socios o a la madre de los tomates hay que dejar a Dios afuera “hasta nuevo aviso”, se deja, a fin de cuentas, “el Santísimo” no graba discos ni su universo celestial los compra…

Eso acaba de ocurrir con la creación de un Salón de la Fama de Compositores Latinos que, para que resulte más repugnante, hasta algunos que nunca han compuesto una carta a un familiar eligieron como iniciadores del fraude en la primera ronda.

maria grever

La elección de Julio Iglesias y de José Feliciano a un Hall de inmortales de la creación musical es un burdo gancho de atracción, porque esos dos cantantes “NUNCA HAN COMPUESTO NINGUNA MELODÍA DE TRASCENDENCIA”, por lo menos conocida y, si fuera así, ¿Cómo podría considerarse clásico lo que no se conoce?

La perniciosa y decadente modernidad, exageración típica del mal gusto que se mueve desde artistas al público de hoy, no asimila reconocer la historia en ninguna faceta por incapaces de hacer cosas dignas como herederos del “buen tiempo ido”. Los monstruos del pasado bailan alrededor del “fantochismo presente” como fantasmas demoledores, fiscales de aguda acusación por la violación de todos los compromisos de peso social, ética y estéticamente.

ignacio piñero

No se puede inaugurar un recinto en que se reconozca la clase de los compositores del pasado sin los creadores de ritmos como Enrique Jorrín o Dámaso Pérez o sin la presencia de quienes continuaron desarrollando, ampliando el caudal de los ritmos conocidos como Agustín Lara, Rafael Hérnandez, Frank Domínguez, Mario Bauzá, José A Méndez, Alberto Domínguez, Cantoral o Luis Kalaf y Joseíto Mateo, eso es un sacrilegio, una profanación de la historia.

Si a los cantantes, al público, a los compositores o a los influyentes y hasta desconocedores duños de disqueras o promotores se les ha ocurrido hacerlo por el miedo o el rechazo a la vieja foto en blanco y negro, nadie debería quedarse de brazos cruzados ante la alternativa asumida por ese “jurado”, que solo seleccionó con méritos a “Ferrusquilla” y a Manzanero en el nivel de figura de leyenda acreditada, tal vez porque, aún con estos compositores, exista el compromiso que esconde el objetivo de estos tiempos: dinero y publicidad aunque se acabe el mundo.

Esta “creación”, que tiene detrás entre otros a Desmond Childs, es una chapucería tan evidente que, más que grima, si no fuera por lo trágico y lo falta de respeto, daría risa.

Fotos en orden descendente: el cuarteto Maisí, de Plácido Acevedo, con trompeta, insigne compositor de boleros boricua, a la derecha del autor, Tito Rodríguez. María Grever, mexicana, con un caudal impresionante de composiciones de importancia trascendental. Ignacio Piñero, creador y bajista del Septeto Nacional en 1927, junto a Miguel Matamoros, los más prolíficos compositores cubanos de la historia congas, sones, boleros y guaguancós de importancia capital en el enlatado salsa lo colocan entre los privilegiados del ámbito musical hispanoamericano.

 

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