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Por algo le decian el Premier

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El mejor pitcher cubano de todos los tiempos es Adolfo Luque, que nunca estará en Cooperstown, superior a José de la Caridad Méndez, que ya está y a Luis Tiant que, posiblemente, le elijan en el próximo round.

Pero Conrado Marrero es uno de los pitchers más inteligentes de Cuba en todos los tiempos y, eso sí, posiblemente ningún lanzador cubano tuvo su control.

Mientras varios cubanos tuvieron acceso a las Grandes Ligas, con estancia efímera en la clasificación, como suplentes de los americanos que marchaban al Servicio durante la Segunda Guerra Mundial, Marrero firmó en 1945 y alcanzó el nivel de big leaguer en 1949, a la increíble edad de 39 años…

Lo que significa que llegó a ese nivel por su clase y logró mantenerse durante cinco años como abridor de los Senadores de Washington.

¡Cinco campañas a la edad en que más del 70 % ya se jubiló! Nunca dependió de velocidad y, en su primera temporada, se le consideró para el premio Novato del Año; incluso fue seleccionado al Juego de Estrellas de 1951 y concluyó con 11-9 y 3,90; mientras, 1952, con 11-8, 2,88 y el # 34 en la votación al Jugador Más Valioso; pero lo que representa un sello de distinción en la carrera de Marrero fue lo que le declaró Ted Williams a un periõdico de Boston en 1950: “Y está ese cubano, que parece que lo enterraron hasta la cintura en el balk que, si hubiera 10 más como él, muy pocos podrían batear sobre .300”

Conrado Marrero no fue un serpentinero de curvas de “arcos de barril” ni de rectas supersónicas que levantaran en vilo a la concurrencia; tampoco experimentó con el nudillo o el tenedor, pero no le quitaba el slider a nadie, combinándolo solo con el control impecable de la zona de strike y con una inteligencia aplicada a la faena digna de un especialista de cálculo integral. Ese era el pitcheo del “Premier de los Lanzadores de Cuba”, diferente al de Dihigo, al del Brujo Rossell, al del Profesor Bragaña, al de Camilo, pero similar en control, coraje y determinación ante la victoria al de Adolfo Luque.

Según Andrés Fleitas, que le recibió como catcher en el Almendares y en tres equipos Cuba amateurs, Marrero podía liquidar un juego con 89 lanzamientos hoy, mañana otro con 93 y un tercero con 95 y, entre los tres, haber utilizado solo en 20 ó en 25 oportunidades la recta.

Según los que lo vieron, fanáticos, jugadores y prensa que lo cubrió, este pequeño lanzador de 5’6 y 158 libras de peso en su mejor forma, debe de ser uno de los pitchers de mejor control en toda la historia del beisbol.

¿Por qué no se debe considerar al Premier el mejor pitcher cubano de todos los tiempos? Sencillamente, porque en Grandes Ligas hubo otros que tuvieron un nivel de impresión mayor; lo que acaso se justifique también con que Marrero se demoró hasta los 35 años para dar el salto del circuito amateur al profesional, ya que, según el propio pitcher le contó a Fleitas, “yo no puedo hacer un lanzamiento ahí, me matan a palos…” demostrando una inseguridad infundada despiadadamente injusta consigo mismo.

Empezó con la Casa Stany, de Cienfuegos, sería 1935 y la historia que se contaba era que “hay un guajiro de Laberinto que no hay quien le batee”, la Casa Stany se convirtió después en el Cienfuegos de la Unión Atlética Amateur de Cuba; la leyenda del Guajiro de Laberinto o El Premier de los lanzadores cubanos había comenzado…

El villareño tuvo la dicha de jugar como aficionado en una etapa que quedó fija en el recuerdo fanático: el período 1938-1945, que se puede considerar como la del mejor beisbol amateur que se jugo en la Isla y como la del despegue del beisbol profesional, definitivamente; pero no es la mejor del beisbol en Cuba, esa pudiera considerarse al período profesional 1946-1960.

Cuando concluyó su carrera como lanzador, incursionó en la dirección del Almendares, entonces comprobó la ingratitud del público cuando los mismos que le alabaron en niveles de Idolo de Multitudes, le abuchearon y rechazaron; porque, por su personalidad, no tenía condiciones para imponerse y fue un sonado fracaso, más de quien le eligió para tamaña responsabilidad sin haber tenido en cuenta su carácter.

Con Marrero dirigiendo a los Azules se quiso explotar su historia y el fanatismo que arrastraba, sin considerar que, a la hora de decidir a quien apoyar, los fanáticos siempre lo son del equipo, a cualquier hora..

Después fue asistente de banco de los propios Alacranes y de los Cubans Sugar Kings.

La leyenda de Conrado Marrero, el Premier o el Guajiro, se ha elevado tanto que pertenece a la categoría de mito del deporte nacional cubano. Recientemente cumplió 99 años en Cuba.

 

 

 

 

 

 

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