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LOS OSCARES, EL PARTIDO DEMOCRATA Y LOS ARTISTAS NEGROS

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Uno de los ganchos que ya no pueden utilizar los liberales blancos del gremio y su contraparte negra, ambos bloques agresivos y entusiastas del ala filocomunista del partido demócrata, es la discriminación del negro por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, es decir, por la propiedad exclusiva de los judíos que manejan, como les da la gana, la entrega de los premios anuales conocidos como Oscares.

De hecho, la Academia se mueve como otro arma del izquierdismo rancioso encubierto que, por ser quienes son sus jefes, no ha de ser por dinero que se bandeen como lo hacen los Halle Berry, Jessica Lange, Benicio del Toro, Susan Sarandon… por sus corruptos pasillos.

A la desprestigiada institución solo le falta entregarle una estatuilla al cine castrista, con lo que cerraría con broche de oro el contubernio con la política abierta de confrontación con el idealismo patriótico americano y el compromiso neutral como tribunal de premio, ratificado en que James Wood, hijo de un militar de alto rango y conservador, con por lo menos dos actuaciones dignas, nunca ha sido ni candidato.

Pero el cubano Andy García, mucho mejor actor que algunos americanos que obtuvieron la estatuilla y 10 veces superior a Benicio del Toro o a Javier Bardem, practicantes ambos de todo lo que sea antiamericanismo y decadencia tanto en la pantalla como en lo civil, tampoco ha sido premiado, a pesar de tres actuacions memorables tanto de reparto como en protagónico.

Desde el desentonado sólo de saxofón de Vil Clinton en un show de Arsenio Hall hasta el intento del califa por igualar a John Lee Hocker, tan desafinadamente como el amante de Monica, el show business es un verdadero relajo de consentimientos enfermizos quién sabe la razón.

En Estados Unidos hay un canal solo de negros, Black Entertainment Television o BET, ni de juego se ve a un blanco trabajar ahí y las ofensas contra los anglos son de mayor cuantía, pero en Premium, cable por paquete, hay otro similar que no baja el nivel reaccionario, resentido y revanchista. ¿Cómo se permite eso en un país en el cual, si a un blanco se le ocurre nombrar negro o negra a alguna persona de esa raza, lo estigmatizan?

Sencillamente, por el complejo y el oportunismo de una sociedad americana que se culpa todavía por los abusos de la era de Jim Crow y por el nacimiento y la obra del Klan; además, escoltando a los negros y sin que les inviten estos, más bien rechazandolos por la competencia ante el welfare que le son a aquellos realmente, los ilegales, que hacen suyos los problemas inexistentes del negro americano sin recibir ni las gracias.

Un negro americano que establece su origen con la raíz afro delante de la que nombre al país que le vio nacer y a quienes la media filocomunista trata igual; pero cuidandose muy bien de no adjudicarle el carácter al “Presidente y a la Primera Dama”, sin que se conozca la razon: Obama y Michelle no son “afroamericanos”, son Michelle u Obama y pare de contar, lo que no puede verse como un exceso de diplomacia periodística, porque a Nixon lo llamaron Tricky Dicky.

Cuando Hattie McDanield gano como mejor actriz de reparto por su rol en Lo que el Viento se Llevó, le declaró a la prensa: “…creo que me lo dieron porque actué bien, con naturalidad…”

¿Otro país, otra época, otros blancos y otros negros? Posiblemente y “el ganao se soltó” con la Marcha del Millón de Hombres, con las concesiones por parte del poderoso partido de los Kennedys, que ha utilizado el asunto de los negros, como hacen hoy con los ilegales, como armas de plataforma política, a tal extremo que, con la ayuda de las mujeres de este país, sobre todo judías, pusieron a uno en la choza que ayer llamaban Casa Blanca.

Una vez a Dorothy Dandridge le robaron la estatuilla por su excelencia en Carmen Jones para regalársela a Grace Kelly por una de las peores actuaciones de la historia del cine; sin embargo, la década de los 90′s vio crecer la importancia del negro para el cine en igual medida que la sociedad el peligro por su actividad delincuente.

La Academia ha premiado más como parte del compromiso para desestabilizar a la sociedad a Morgan Freeman o a Denzel Washington, dos grandes actores, que por sus méritos cinematográficos, igual sucedió con los méritos de Penélope, de Bardem o de Benicio del Toro, más ajustados a su activismo comunista que a la clase profesional requerida para semejante competencia.

La proyeccion del 98 % de la imagen del negro en el cine es la de lo peor de su raza, originada en el gastado atraso del gettho, que busca transmitir miedo a través de estereotipos trasladados desde la jungla sin leyes que son sus barrios tanto de Nueva York, como de Los Angeles que de Miami a la pantalla.

Sin embargo, el “reconocimiento” de un cada día más liberal Estados Unidos, ha dejado sin defensa ni audiencia el viejo canto del racismo contra los negros en el cine. Veremos cuándo sale la cruzada de los ilegales hacia la Meca del Celuloide.

 

 

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