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Una isla orgullosa de su herencia africana

Pocos visitantes de La Habana se pierden la plaza de la catedral, donde mujeres con los vestidos blancos de la santería afrocubana y que fuman grandes cigarros leen la suerte con las cartas del tarot frente a la imponente iglesia barroca.

Otras, con vestidos coloridos que recuerdan a las diosas afrocubanas y a las bailarinas de flamenco españolas posan para las cámaras de los turistas, mientras bandas de música mezclan la vibración de los tambores africanos con el sonido melancólico del violín.

Aquí, como en cualquier otra parte de la capital cubana, la gente expresa su satisfacción por la elección de Barack Obama como el primer presidente negro de Estados Unidos. Pero el interés es moderado, porque los cubanos no necesitan a Obama para sentirse orgullosos de su herencia africana.

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Tatagua

Cuentan que en los tiempos remotos, en Cuba, antes que llegaran los colonizadores españoles, había una india muy bonita llamada Aipiri.

Esta joven era muy dada a las fiestas y a las diversiones donde podía deleitar a todos con su melodiosa voz y con sus bailes.

Un día, Aipiri se casó, y de esa unión nacieron seis hijos, pero a pesar que los años habían pasado, ella no lograba adaptarse a la vida de familia, y echaba de menos las fiestas y los guateques.

Pero un día, mientras su marido trabajaba en el campo, ella se fue a una fiesta dejando solos a sus hijos en la casa, y día a día ella se ausentaba mas y mas.

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Pérdidas folclóricas

Antonio Alegrías, prior de la Orden de San Francisco escaló con sus feligreses el cerro más alto de Holguín (275 metros), el 3 de mayo de 1790. Cargaba una pesada cruz de madera que colocó en la cima. Ese día hubo juegos de cintas, equitación, peleas de gallo. Se bebieron refrescos y aguardiente y se comió cerdo asado. Nacían así las Romerías de Mayo.

Bayamo, fundada el 5 de noviembre de 1513 por Diego Velázquez, tuvo también desde la época colonial su Fiesta de las Flores, desaparecida innecesariamente, se intenta ahora revivirla.

Una gran ceiba sustituta de la original frente al monumento El Templete en La Habana Vieja marca el lugar en que, según las Actas Capitulares, se fundó la villa San Cristóbal de La Habana (1519) y se ofició la primera misa, como era la costumbre.

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Esemble

Terminada la segunda gran guerra de este siglo, cambiaron muchas costumbres en Cuba y en el resto del mundo. Los hombres dejaron de usar sombreros y sobre todo aquellos curiosos sombreros de "pajilla", que cuando los volaba el viento rodaban por las calles con vertiginosa rapidez perseguidos por sus apurados dueños.

Aparecieron por aquella época los ensembles. Los ensembles eran unos trajes de dos piezas compuesto por camisa y pantalón del mismo color y de la misma clase de tela. Eran hechos, generalmente, de una tela que llamaban "frescolana" y también los había de seda. Se completaba el atuendo con un fino cinturón del mismo género de tela con hebilla de metal.

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Tirar piedras a un árbol

En el lugar que hoy ocupa el Teatro La Caridad de la ciudad de Santa Clara, en el centro de la Isla, existió en otros tiempos la Ermita La Candelaria. Según cuenta una leyenda, el lugar anida una trágica historia de amor: las aventuras y desventuras de un apuesto fraile y una bella muchacha del lugar.

Los encuentros casi diarios de los dos jóvenes provocaron la suspicacia del superior de la orden, quien amonestó severamente a su discípulo. El fraile enamorado acató en silencio la reprimenda. Pero el sufrimiento que le provocaba el no poder ver más a su amada bullía en su interior.

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Las romerías

Reliquias que el tiempo dejó

Las tradiciones que ya no existen están en la memoria de los vivos. Tanto que ellos, empeñados por una vindicación a los recuerdos, que marcan el tiempo de los lugareños, tratan de hacer regresar esa tradición que se dejó morir y llaman a recuperar ese festejo de identidad.

Me refiero a las romerías, una tradición cuyo arraigo se hizo sentir mayormente en ciertas regiones del occidente y centro de país, específicamente en las provincias de Pinar del Rió, La Habana y Las Villas, donde inmigrantes de Islas Canarias y el norte de España se asentaron profusamente en el primer cuarto del pasado siglo, para incidir con sus costumbres en el cubano en ciernes.

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Cines de barrio en Cuba

¿Quién se acuerda de los cines de barrio?. Casi todos los cines se perdieron, y quizá ya no se recuperen jamás

El cine llegó a Cuba el 15 de enero de 1897, tras el arribo a La Habana del francés Gabriel Veyré, representante de los hermanos Lumière. Se sabe que unos meses antes los habaneros y los españoles ya habían comenzado a disfrutar del quinetoscopio (el precursor del proyector de películas) desarrollado por el fotógrafo e ingeniero Dickson mientras trabajaba con el inventor Thomas Alva Edison.

Gabriel Veyré alquiló un local en Paseo del Prado, al lado del Teatro Tacón, donde montó su salón oscuro, al que llamó Cinematógrafo Lumière, con capacidad para unos ochenta espectadores. La entrada costaba "50 centavos para las personas mayores y veinte para los niños y militares sin graduación".

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El epitafio de Dolores Rondón

A pocos metros de la entrada del Cementerio del Santo Cristo del Buen Viaje, de la ciudad de Camagüey, se encuentra una supuesta sepultura en la que aparecen inscriptas estas rimas a modo de epitafio, que según historiadores locales, aparecieron allí en 1833.

Aquí Dolores Rondón
finalizó su carrera
ven mortal y considera
las grandezas cuáles son: el orgullo y presunción
la opulencia y el poder
todo llega a fenecer
pues solo se inmortaliza
el mal que se economiza
y el bien que se puede hacer.

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El sapo tenor

Cuenta la historia legendaria que en la antigua laguna del Tesico—convertida después en vertedero municipal—y a una legua de distancia del centro de la Octava Villa, habitó durante bastante tiempo—nunca comparado con Matusalén, quien vivió según decir bíblico por más de novecientos años—un sapo toro de descomunal tamaño. Se calcula que la estancia de este batracio en la laguna corrió a mediados del siglo XVIII, pues los moradores de entonces dejaron constancia, de que el croar del mismo resultaba tan formidable, por ejemplo, como un agudo que pudieran dar hoy al unísono, los impecables y famosos tenores Carreras, Pavarotti y Plácido Domingo.

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El Abra del Yumuri

En la zona que hoy conocemos como la provincia de Matanzas, vivió un joven cacique que se encontraba celebrando con todos los de su tribu, el nacimiento de su primera hija, a la cual la llamaron Coalina.

Todos en el lugar venían a rendirle homenaje y a traerle numerosos regalos a la pequeña que recién acababa de nacer, hasta que llego ante el cacique un anciano behique que le dijo:

-Cuida a tu hija, y por favor, no dejes que se enamore jamás.

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Un acto de barbarie

El gallo de pelea es símbolo de altivez, valor, belleza, hidalguía. También lo relacionan con la fuerza y la virilidad, la contingencia y el apasionado espíritu de lucha que no lo abandona hasta el fin de su vida.

Cuba es un importante exportador de estos animales. Se destaca en el mercado internacional por la pureza de sus razas. Las peleas de gallos fueron toda la vida parte de la cultura popular. En los pueblos del campo las vallas eran el lugar más concurrido, no sólo por los amantes a las apuestas, también los comerciantes encontraban en el ruedo una posibilidad especial para sus negocios.

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