Trabajo y economía

La Ganadería en Cuba

Introducción

Cuando en 1959 triunfó el llamado proceso revolucionario encontró una ganadería próspera, con excelentes instalaciones, un personal experimentado, exigente y estricto en el manejo del ganado, lo que garantizaba una producción de leche y carne estable. Leche fresca sin ningún tipo de restricciones, a no ser las de carácter sanitarias y de calidad.

Una vez que comienzan las confiscaciones y el surgimiento de las granjas estatales se produce un progresivo deterioro que ha durado hasta la actualidad. En 1958, en nuestro país había alrededor de 8 millones de cabezas de ganado, ya que según cifras de los registros de la época había más de 6 millones de animales vacunos, pero muchos pequeños propietarios no cumplían con las formalidades de inscripción, por lo que no se puede tener una cifra exacta, ya que esto no constituía un delito como en la actualidad.

De una forma u otra podemos asegurar que había cierta paridad entre el crecimiento de la población cubana y la ganadería, y que de haberse mantenido esta tendencia, hoy tendríamos alrededor de 11 millones de cabezas de ganado.

En 1989, cuando desaparecen los subsidios del campo socialista, es que nos damos cuenta de la verdadera crisis en que se encontraba el sector ganadero en Cuba; sin embargo, nunca se han tomado las medidas necesarias para recuperar la tradición ganadera cubana y se persiste en una ganadería centralizada estatal, que atribuye solamente su fracaso al hurto y sacrifico ilegal y a la falta de pienso importado, sin tomar en cuenta los demás factores objetivos y subjetivos que restringen el desarrollo ganadero, como es el caso del decreto ley 225 y lo controversial de la ley, que considera ilegal el sacrificio de ganado mayor. Ley con la cual se pensaba aumentar considerablemente la ganadería cubana y sin embargo en cuarenta años de la ley, sólo se ha logrado reducirla a menos de 4 millones en 1999.

Desarrollo

A pesar de un estricto control del sacrificio del ganado mayor, sus niveles de existencia se reducen cada día. Una mala política en el manejo de la masa ganadera, que no comprende un personal dedicado en corazón y alma, ha sido una de las causas del deterioro de su infraestructura, como son los molinos de viento, corrales adecuados, cercas perimetrales y hasta las áreas de pastoreos, que se encuentran invadidas por malezas, principalmente marabú.

Según cifras oficiales, en estos momentos se encuentran alrededor de 80 mil caballerías cubiertas de marabú, lo que ha traído como consecuencia que hayan desaparecido grandes áreas de pastos tradicionales como la hierba de guinea.

La reducción de la masa ganadera se trata de vincular con el hurto y sacrificio ilegal de ganado mayor, perdiendo de vista que existe menos ganado que en 1958, cuando su sacrificio no era penado, el productor tenía toda la libertad para disponer de sus animales y el consumo no estaba racionado.

Cuando analizamos a las reproductoras, su vida útil se ve reducida por varios factores, mala alimentación, tabulación inapropiada para protegerlas del robo, la inclemencia del tiempo sin posibilidades de alimentos y agua, etc. Las unidades pecuarias dedicadas a la producción de leche sólo tienen en cuenta el cumplimiento de este parámetro, sin dejarle leche al ternero, por lo que no se garantiza el reemplazo natural de las hembras producto del alto índice de mortalidad.

A todos estos factores hay que añadirle otro muy importante, máximo responsable de la casi aniquilación de nuestra masa ganadera y que fue el inapropiado cruce de razas, sin tener en cuenta el resultado genético, lo que produjo un animal físicamente muy débil, proclive a muchas enfermedades y sin valores productivos en carne ni leche.

En Cuba, con todo un historial ganadero, hay que analizar los métodos tradicionales para encontrar una proyección hacia el futuro. El pastoreo extensivo fue muy criticado al inicio de la revolución, y se trató de sustituir por el llamado pastoreo intensivo atribuido al francés André Voisin. A este sistema se incorporaron las vaquerías privadas que formaban un cinturón lechero alrededor de las principales ciudades del país.

Como resultado de esta nueva estructura de cría, el ganado necesita una atención más directa y esmerada, algo que no se logra bajo la tutela de la propiedad estatal. Esto nos induce a analizar el fenómeno ganadero en Cuba en dos vertientes: el productor privado y el estatal.

En el sector estatal, podemos seguir añadiendo causas y efectos de los manejos de la masa ganadera en Cuba, por su gran repercusión en la sociedad, ya que el estado tiene el mayor peso en la producción, pues cuenta con la mayor parte de las tierras y del ganado existente en todo el país.

Aunque muchos atribuyen la falta de leche a la carencia de insumos básicos, hay que recordar que Cuba, en su empeño de ser la Suiza de América, invirtió grandes recursos en la ganadería, llegando a montar todo un sistema de vaquerías con ordeño mecánico, aire acondicionado y hasta música indirecta y todo esto no impidió que en la única etapa que la leche tuvo un mayor acceso por parte de la población fue cuando por 10 años el programa de alimentos de las Naciones Unidas le suministró gratuitamente el consumo nacional, más la obtenida en un trueque ventajoso por levadura torula con Alemania Oriental.

La irresponsabilidad colectiva en el manejo de la masa ganadera conlleva que no se mantenga una cultura de explotación vacuna. Ya desaparecieron esas modernas vaquerías, se perdió una conducta higiénico sanitaria, tanto en el ordeño como en la inseminación artificial, descuido ante el cruce involuntario de las razas, muerte de más del 40 % de los nacimientos y una permanente existencia de vacas vacías.

Si pensáramos que el productor privado sería la solución, tendríamos que aceptar una nueva voluntad política del gobierno que deposite la responsabilidad ganadera en sus manos y le brinde todas las posibilidades y apoyo. En las condiciones actuales el campesino apenas puede mantener, por ley, un número muy limitado de animales, carece de infraestructura, de tierras y de cuanto hace falta, incluyendo el apoyo gubernamental.

Para comprender mejor la falta de voluntad del gobierno en la recuperación ganadera en el sector privado sólo hay que observar el Decreto Ley 225, que prevé multas de hasta 500 pesos al tenedor de ganado que se le pierda un animal, entre otras muchas regulaciones que desaniman al productor.

El cobro de los servicios veterinarios y las medicinas en divisas hacen inaccesibles a los campesinos los recursos mínimos para la salud animal, más si tenemos en cuenta que nunca puede comercializar su ganado con otro que no fuera el estado como único comprador y, siendo dueño, ni siquiera puede sacrificarlo y disponer de su carne.

La compra por parte del estado se hace sin utilizar básculas, por lo que el dueño tiene que conformarse con el peso que determine el propio comprador, que le impone además un descuento del 7% y le paga por lo que se dice llamar carne al gancho, por lo que la cabeza, las patas, las vísceras y el cuero se descuentan del peso total. Después de todo esto muchas veces tienen que esperar meses para recibir el pago por la venta.

En el caso de los nacimientos, el poseedor de ganado tiene treinta días hábiles para declarar e inscribir el ternero, debiendo llevar un sello de 5 pesos. De no efectuar estos trámites puede ser multado o acusado por tenencia ilegal de ganado mayor, con penas hasta de tres años de privación de libertad.

Conclusiones

Si queremos que se produzca una recuperación de los niveles de producción en el sector de la ganadería, el gobierno tiene que tomar las medidas para que esta actividad se convierta en un negocio rentable, subsidiando la producción de leche y por otra parte dándole la posibilidad al productor de comercializar directamente tanto la carne como la leche y sus derivados, eliminando el excesivo control estatal para que el productor recobre el verdadero concepto de propiedad y que el estado se desvincule de la actividad pecuaria, como centro de la producción y control.

Recomendaciones

  • Implementar el programa de ganadería popular, bajo el concepto de proyecto familiar que se responsabiliza con el éxito o fracaso de su gestión, limitándose el estado solamente con el asesoramiento técnico, los financiamientos y las regulaciones higiénicos sanitarias.
  • Otorgar en arrendamiento todas las vaquerías que se encuentran alrededor de las ciudades y que el gobierno financie los requerimientos necesarios para su mejor explotación.
  • Se despenalice el sacrificio de ganado mayor por considerarlo bajo una ley obsoleta, que no cumple los fines jurídicos para lo que se creó.
  • Se entreguen tierras para todas las personas que estén interesadas en establecer vaquerías, se le faciliten los recursos, así como los pies de cría y demás medios necesarios para la protección y control del ganado.
  • Se permita la libre comercialización de la carne de res y sus derivados, así como la leche fresca.
  • Se eliminen todos los controles estatales, incluyendo el Decreto Ley 225.
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