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Ajustes a la Ley de Ajuste Cubano.

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El legislador David Rivera pretende hacer cambios a la Ley de Ajuste Cubano

Después de medio siglo de existencia, La Ley de Ajuste Cubano, mecanismo legal a través del cual cientos de miles de cubanos han logrado instalarse en los Estados Unidos de América, puede ser objeto no de eliminación, sino de modificaciones. Obviamente semejante posibilidad ha levantado un revuelo que no llega a alcanzar dimensiones sísmicas, pero sí que da para el debate. Prohibir que los cubanos que hayan obtenido el permiso de residencia  gracias a ésta Ley viajen a Cuba, es una de las enmiendas propuestas. De aprobarse, tal como sucedió durante el gobierno de George W. Bush con las restricciones a los viajes y las remesas, el disgusto, las críticas y el malestar, estarán garantizados, sobre todo entre los más desentendidos de la problemática política que mantiene enfrentados a los dos países.

Para nadie es un secreto que los cubanos son los únicos ciudadanos del mundo que tienen un trato tan preferencial en los Estados Unidos, eso sí, con la condición de que accedan a éste país de forma ilegal; pero incluso los que lo hacen legalmente pueden quedarse sin grandes dificultades, sean jóvenes, viejos, profesionales o sin formación alguna. También hay que decir que no existe otro país en el mundo que le dé ni siquiera un trato parecido a los cubanos que emigran, porque estamos obligados a someternos a los procedimientos que regulan los trámites migratorios que rigen de forma general y sin excepciones, cada vez más rigurosos a partir de la crisis que experimentan los países desarrollados que redunda en un resurgir de la xenofobia. Habría que preguntarle a los mexicanos, salvadoreños, dominicanos, centroamericanos y sudamericanos, si les gustaría tener un estatus como el de los cubanos.

Como para otros latinoamericanos, Miami es para los cubanos algo así como el paraíso terrenal, con la diferencia de que existe cierto mito asociado a que el desarrollo de ésta ciudad se debe a los cubanos que llegaron allí a partir de la década sesenta, que fueron capaces de invertir en su crecimiento y expansión. Eso parece que nos hace pensar que tenemos más derecho sobre esa porción de tierra colonizada por los españoles que el resto de los emigrantes que allí habitan. No por gusto circulan por la red artículos en los que se hace referencia a encumbradas figuras del arte, el deporte, la ciencia, la cultura y la política, que son de origen cubano.

Sin lugar a dudas las condiciones en general han cambiado y en particular las de la emigración. Un altísimo por ciento de los que salen y han salido de la isla lo hacen por motivos económicos, lo cual no quita que discrepen con el sistema, pero la discrepancia no los ha llevado a pronunciarse ni a manifestarse abiertamente en contra del mismo. El éxodo del Mariel coincidió con el inicio de un período en el que en el país se percibía una cierta mejoría (ilusoria y falsa en su contenido), pero las décadas precedentes fueron muy duras y de muchas limitaciones materiales. El socialismo se imponía con la fuerza de las ideas, de un cierto entusiasmo popular y de la promesa de un futuro mejor. El espejismo duró poco y los cambios en los países socialistas europeos se encargaron de dejar al descubierto el eufemismo. La crisis económica apretó sus mandíbulas sobre el “caimán” y como un resorte se disparó nuevamente la emigración. No hubo otro Camarioca o Mariel, de modo que el ingenio y la osadía se pusieron a prueba. Encontrar una vía para escapar de la “Perla de las Antillas” se hizo una necesidad para  no pocos cubanos desesperanzados con un sistema que a todas luces estaba condenado al fracaso. A pesar de las enormes restricciones y trabas para emigrar, miles de cubanos han continuado saliendo de la isla: con carta de invitación a terceros países, casados con un extranjero, por becas y viajes de estudio, en misiones oficiales de trabajo, por reagrupación familiar, etcétera. El recorrido puede resultar más largo, pero al final “cruzar el puente” ha sido la meta, con lo cual el acceso a los Estados Unidos está garantizado. Sin embargo, en ésta nueva oleada migratoria se ha dado como particularidad el interés que una parte ha mostrado por intentar mantener lo poco de que disponen en la isla (sobre todo la vivienda) y la posibilidad de no ser declarado como desertor.

Las estadísticas hablan por sí solas: más de 300.000 cubanos residentes en el extranjero visitaron la isla en el 2010(http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/07/110711_cuba_turismo_aumento_ms.shtml). Interesante sería saber que por ciento lo hacen más de una vez en el año. Los cubanos residentes en el exterior se han convertido en una importante fuente de ingresos para la economía nacional, tanto mediante las remesas como por los viajes. La apertura a la que se ha visto obligado el gobierno de Raúl Castro ha llevado a algunos emigrados a convertirse en socios capitalistas en los nuevos negocios particulares que se han estado abriendo. Ante estas cosas -por el momento- el gobierno cubano no pone reparos, simplemente porque le conviene. La emigración es una moneda de dos caras (a pesar de calificar a la Ley de Ajuste Cubano como asesina), ambas favorables al sistema: por un lado es una válvula de escape que permite reducir la presión interna y por otro es una fuente de generación de ingresos en divisas. El saldo es positivo.

La propuesta que ha estado promoviendo el legislador David Rivera tiene defensores y detractores. Entre los últimos se habla de que esto es solo una forma de politizar los viajes de los cubanos a su país. Es posible. Como se sabe, en Estados Unidos no se ha abandonado la idea de no facilitarle las cosas al gobierno cubano. Sin embargo, independientemente a los motivos del mencionado legislador, lo cierto es que si los cubanos que han estado llegando a Estados Unidos han logrado salir con cierta facilidad del país y por demás pueden entrar sin ninguna dificultad; viajan más de una vez al año y son capaces de arriesgarse a invertir dinero en Cuba, entonces cabe preguntarse: ¿por qué disponemos de un estatus especial? La lista no juega con el billete.

 

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Discussion

  1. Mateo  octubre 18, 2012

    Independientemente de detractores y defensores, lo cierto es que no son todos los cubanos los que hacen los viajes ni los negocios con el regimen de La Habana.
    Cabe preguntarse entonces, vale la pena agarrarla con todos los cubanos cuando son unos cuantos los que hacen estas chambonadas. Lo cierto es que en La Habana, hasta nuestros tiempos, sigue gobernando el mismo regimen brutal y represor que en 1966 dio origen a la ley de ajuste.
    Como se rie el anciano y enfermo Fidel Castro de todos nosotros, como nos vira unos contra otros como si fuesemos tontos…

    (reply)

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