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Sexo y relaciones

Las relaciones personales y el sexo para los cubanos son algo diferente y el pasatiempo nacional, es como una obsesión. La infidelidad, normal. Muchos hijos con padres diferentes, normal. Relaciones sexuales a muy corta edad, normal. Ejercer la prostitución para ganarse la vida, normal y hasta bien visto. Engañar sentimentalmente a un extranjero para poder salir de Cuba, normal...


Tuve que prostituirme

-¨La injusticia en todas sus partes es mala, pero cuando proviene de una madre sobre su hija es doblemente abominable¨, confiesa Dayana Chiu Fidalgo mientras acaricia su barriga de siete meses, sentada en la sala de mi casa donde acude ¨buscando la justicia que no ha hallado en otros lugares¨.

Tiene 20 años y es vecina de calle 5ta H número 24031, entre 240 y 240 A, callejón de Jaimanitas, y desde niña dice que ha sentido en carne propia los desprecios de su madre y los tratos más crueles e inhumanos de la persona que la trajo al mundo y que debía cuidar de ella.

¨Desde los ocho años, cuando mi madre se casó con el que es su actual esposo, me sometió a una verdadera vida de esclava. Ya había tenido que soportar desde pequeña su promiscuidad y el descuido de no educarme bien, tenía que hacer los mandados, limpiar la casa, atender a mis hermanitas cuando despertaban por la noche, todo como si fuera una adulta."

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La manzana

¿Manzana de la prostitución en paraíso cubano?

La prostitución en Cuba todavía resulta -tanto para quienes la ofrecen como para quienes la muerden- una tentación en apariencia demasiado fácil y seductora.

La primera vez que tropecé con el fenómeno de la prostitución en Cuba fue a mediados de la década del 90, durante unas vacaciones en el famoso balneario de Varadero, justo cuando la crisis económica que trajo la desaparición del campo socialista obligó a desarrollar el turismo y a despenalizar la circulación de divisas extranjeras.

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Sexo para todo el que venga

Todavía hay libreta de racionamiento. Escasea la papa, el precio de las frutas anda por las nubes y tomarse un jugo natural de naranja es un lujo. Las íntimas o almohadillas sanitarias se distribuyen cada dos meses -un paquete con diez- a las mujeres que menstrúan. Y conectarse a internet sigue siendo una fábula de ciencia ficción para buena parte de la población.

Sin embargo, el sexo es liberado. Un deporte nacional. Según algunos, la infidelidad entre las parejas es un gen que portamos los seres humanos. Si esos versados se dan una vuelta por Cuba, puede que confirmen sus peregrinas teorías.

Y descubren que adolescentes de 12 y 13 años son ya ‘expertos’ en la materia. Desconocen que Australia es un continente o Henry Lee fue un independentista de la Revolución Norteamericana y no el creador de los jeans Lee. Pero a la hora del sexo, tienen innumerables historias que contar. A muchos varones, desde pequeños, los padres los educan que mientras más mujeres, mejores machos serán.

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Jineteras de prisión

Aun estando preso, si tienes dinero puedes tener una chica. A tu gusto. La familia se encarga de los detalles. Les cuento la historia. Raimundo, 48 años, fue condenado a 20 años por el delito de sacrificio de ganado. Lleva 6 años tras las rejas.

No había cumplido un año de su sanción, cuando recibió dos noticias. Después de doce años de matrimonio, su esposa y madre de sus dos hijos, le envió una carta de tres pliegos argumentando las razones por las cuales lo abandonaba.

"Era joven y bonita, no estaba para el ajetreo de tener que venir cada 45 días a la visita y la preocupación de llevarme una pesada jaba de comida y aseo. Además, no le dejé un centavo. Optó por el camino más fácil, dejarme. Mi primera reacción fue de matarla cuando estuviera en libertad. Hombres con muchos años tras los barrotes me calmaron y me dijeron que al 60 por ciento de los presos, las mujeres los dejan cuando caen en el talego (cárcel)", cuenta Raimundo durante una visita familiar.

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Pingueros

Los pingueros y la masculinidad en Cuba

El sexo transaccional o de intercambio no es ningún secreto ni dentro ni fuera de la isla. En este artículo, el historiador Abel Sierra indaga, específicamente, en los vínculos sexuales establecidos entre varones cubanos y turistas extranjeros, los cuales encierran una complejidad que trasciende la idea del trabajo sexual. Al dar voz a quienes se involcran en estas relaciones, el autor indaga en la forma como perciben su masculinidad —frecuentemente heterosexual— y su manera de concebir la homosexualidad del otro foráneo.

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El caro Cupido

La relación de pareja y el matrimonio en Cuba, parecen estar en crisis. El poder adquisitivo marca la diferencia.

La relación de pareja y el matrimonio en Cuba, parecen estar en crisis. Sin embargo, hemos recogido diversos testimonios de algunas parejas sobre el asunto, sus edades oscilan entre los 20 años hasta los 45 años. Contaron sobre como logran salvaguardar sus relaciones de pareja, en las actuales circunstancias, donde priman las carencias materiales y espirituales. El poder adquisitivo marca la diferencia.

Los entrevistados Armando y Evelyn, viven en un barrio de Marianao. Su estabilidad económica depende de los negocios que él maneja en México. Se trata de un cubano-ruso afincado económicamente en tierra azteca, que sostiene familia en Cuba: "Ya he visto a mis amigas divorciándose porque no soportan la tensión de lo cotidiano", dice Evelyn. "Una economía estable te garantiza poder centrarte en la educación de los hijos, y por fortuna en mi casa el dinero fluye, otras no tienen la misma suerte"

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¿De dónde salen tantas jineteras?

¿Cuántos cubanos en edad laboral pasan el día en las calles, parques o sentados a la entrada de sus casas, aparentemente practicando la vagancia, viviendo del azar, de algún negocio furtivo o de las contingencias del momento? Nadie lo sabe con exactitud.

Para conocer algunas aristas de este fenómeno hemos salido a recoger las opiniones de quienes viven estos complejísimos escenarios de la Cuba actual. Para no perjudicar a estas personas cuyos oficios son ilegales pero que aun así nos han confiado sus testimonios, prescindiremos de la publicación de sus apellidos así como de sus imágenes.

Alina es santiaguera y con solo 18 años es madre soltera de dos hijos a los que se ha visto obligada a mantener desde que ella misma era una niña de 15 años. Desde los 12, Alina vino ilegalmente a vivir a La Habana con su madre, que en la actualidad cumple condena por delitos de posesión de drogas. A pesar de las llamadas de advertencia de la policía, la muchacha ha tenido que continuar ejerciendo el único oficio que le enseñó la madre: la prostitución.

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El origen de las jineteras

Siempre hubo prostitución en Cuba, desde la colonia. El negocio floreció a principios del siglo XX gracias al kamasutra de las rameras francesitas, como aquella legendaria Rachel. Pero la historia del bayuseo cubiche se conoce suficientemente, no así la del jineterismo socialista, que es un misterioso claroscuro en la semántica surgida con el castrismo. Lógicamente, en sus inicios la revolución abolió el sexo-servicio (burdel, chulo y meretriz), considerado lacra burguesa, a la par que perseguía a las putas, proxenetas y homosexuales.

De los años sesenta a los ochenta del siglo pasado, millones de cubanos solteros, con las hormonas a mil, como quien dice, tuvieron que colgar el sable, o mantener su "conducta impropia" en el clóset o la posada. Por supuesto, en el clóset todo seguía igual. Y en los muelles del puerto también, donde las "mujeres de la vida" pescaban estibadores, marineros griegos y la sífilis exótica de la nueva clientela soviética.

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Amor y crimen en La Habana 3

Ron, cocaína y cubos de hielo

Una noche en el malecón conocí a una pareja de cubanos. Se me acercaron amistosamente como todos los que me encontraba en esa zona de ligue. Lo curioso era que estos no eran dos hombres, sino una pareja conformada por hombre y mujer, según ellos, casados pero sin hijos. Ambos de cincuenta y tantos años. Se turnaban para empujar una carriola de bebé en la que transportaban algunas vendimias: maní, palomitas, golosinas y vasos de plástico. Tenían los antojos para el monchis, menos lo que me había propuesto conseguir esa noche: sexo, cocaína y hielo para enfriar mi ron con Tu Kola, sabroso nombre del refresco nacional. No sospeché que mi deseo por cubos de hielo me traería el blackout menos sexy y más cabrón en años, y que además sufriría el robo más amable de mi historia con el crimen, en La Habana Vieja. No sé qué fue primero, pero tengo una serie de flechazos que ayudan a recrear mi apagón cerebral de aquella noche.

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Quien se casa, casa quiere

Aunque los jóvenes cubanos no han olvidado el valor del matrimonio, esta opción está cada vez más lejos del alcance de muchos.

La semana pasada visité a mis amigos Emilia e Ignacio. Estaban transformando su vieja casa. Habían acondicionado en las habitaciones de atrás un pequeño apartamento para su hija, que se casa.

Constituir una familia para cualquier joven cubano es bastante difícil, porque la crisis económica, la falta de vivienda, así como la escasez de mercado laboral, impiden que la relación de pareja sea estable. En el 2012 la Oficina Nacional de Estadísticas e Información publicó en su página web que la proporción de personas con vínculo conyugal es de 56,8 % a nivel nacional, y que el 21,7 % declaró estar en unión consensual. También publicó que los matrimonios han disminuido desde 1992.

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Sandra y las esquinas

"Una mujer lo que necesita es una esquina". Así aseguró la filósofa María Zambrano al periodista que acababa de anunciarle, tras su regreso a España después de tanto exilio, que usarían su nombre para rebautizar una calle de su Málaga natal. Ha pasado mucho tiempo, y confieso que afirmo ahora la frase haciendo caso, únicamente, a mi memoria. Durante varios días busqué infructuosamente entre libros y revistas aquella excelente y divertida entrevista porque quería ser exacto al referirla, y ofrecer las fuentes, pero como no la encontré la menciono según la recuerdo.

Si vuelvo sobre ese aserto es porque creo que una esquina puede ser promisoria. Ese margen puede ser final, pero también inicio, adelanto de lo que vendrá. Muchos de los que contemplan a una mujer detenida en una esquina terminan creyendo que ella aguarda una sorpresa, y hasta que puede ser el milagro que encontrará de pronto quien consiga ese punto en el que las dos calles se funden, ¿en un beso? En una esquina, diría un amigo, uno está más cerca del maravilloso decúbito supino, y de este al decúbito prono no hay más que un paso, es decir, un giro, una vuelta muy breve, y en redondo. En una esquina puede estar la felicidad, pero quizás no.

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