Sexo y relaciones

La prostitución en Cuba

Hace más de dos meses presencié una discusión entre una madre y su hija, cuando la primera le requería a la joven por sus vínculos amistosos con una jinetera del barrio donde ellas residen. La muchacha alegaba que la conocía desde que iban a la escuela primaria, y que a pesar de su forma de vida era una buena amiga. El hecho de ser una prostituta no interfería en el afecto que ambas se prodigaban. La madre seguía insistiendo en que no deseaba aquella relación, sin lograr al final que su hija comprendiera las razones que movían a la reacia posición materna.

La anterior discusión y el tema de la prostitución en Cuba que se ha actualizado en estos días, me motivó a profundizar en el asunto. Más todavía cuando el fenómeno está siendo objeto de trabajos publicados en diversos medios de prensa sin que en los mismos se llegue objetivamente al meollo de la cuestión. Durante estas últimas semanas he indagado y conversado con varias mujeres y luego de haberles explicado el objetivo de mis preguntas ellas decidieron ayudarme. He incluido a jineteras que reconocieron realizar esta actividad degradante, mientras arrastran una forma de vida nada fácil.

Es imposible abordar el fenómeno social sin tener en cuenta primero el contexto socioeconómico cubano actual y los antecedentes que lo han precedido en los últimos cuarenta y cinco años desde la llegada al poder del actual gobierno de Cuba. Ello conlleva una desintoxicación en el tema de cualquier posición política personal.

Desde los primeros meses del triunfo de la Revolución una de las medidas dictadas por el nuevo gobierno fue la prohibición de la prostitución en la Isla. De esa forma fueron cerrados los prostíbulos existentes en las llamadas zonas de tolerancia. Con esta medida y la aplicación de otras leyes de corte popular, donde la mujer cubana tenía un espacio social más abierto que el de simple esposa o ama de casa, comenzaba a cambiar la vida en toda la sociedad. Comenzaba la campaña de igualdad entre el hombre y la mujer en cuanto al empleo, los estudios y en otras actividades del país. La mayoría de las prostitutas, privadas por el decreto gubernamental de ejercer la dolorosa práctica, tuvieron la posibilidad de insertarse en la sociedad donde encontraron otros trabajos y consiguieron hasta realizar estudios superiores. Muchas lograron encaminar sus vidas por senderos de honestidad e incluso formaron familias, transformando sus vidas y dejando el pasado en el olvido. La prostitución en Cuba fue abolida.

Durante las décadas del 60 y 70 así como casi en la mayor parte del 80, el fenómeno no existía en la Isla con excepción de casos aislados. Durante ese tiempo la mujer cubana desarrolló sus aptitudes como estudiante y trabajadora. Miles se graduaron en centros universitarios y una cifra aún mayor en carreras técnicas y de nivel medio, con especializaciones en ramas de las ciencias, las letras, los deportes y la cultura en general. Estos espacios continúan abiertos hoy en el sistema educacional del país.

Al final de los años 80 es que comienza a notarse un brote nuevo de sexo por conveniencia, básicamente con la llegada al país de estudiantes de países del tercer mundo que se matriculaban en escuelas y universidades cubanas. En esa época todavía no había llegado la dolarización galopante que se desarrollaría en años posteriores. Pero algunas jóvenes establecieron tempranas relaciones basadas en conseguir objetivos materiales como ropa, calzado y efectos electrodomésticos, o simplemente con la idea de tener acceso a lugares especiales destinados a estos extranjeros. No era aquélla una forma de prostitución en el sentido completo de la palabra ni un fenómeno social. Coincidía este florecimiento con la década donde la población cubana alcanzó, gracias al envío de gigantescos recursos económicos en ayudas sin precedente desde la extinta URSS, un nivel modesto pero aceptable de vida. Con la desaparición del subsidio soviético ese nivel disminuyó bruscamente hasta llegar a desaparecer. La economía cubana sufrió cambios radicales y se buscaron nuevas entradas de recursos y divisas. Se abrió las puertas al turismo internacional, así como al dólar estadounidense hasta entonces vedado a la ciudadanía. Como consecuencia, la sociedad se dolarizó rápidamente.

El bajo nivel de vida producto de los bajos salarios que incluye a profesionales de todas las ramas así como el auge del turismo, fue factor determinante para que en Cuba resurgiera la práctica de la prostitución, conocida ahora de manera popular como jineterismo. Pero lo realmente significativo es el por ciento de cubanas que comenzaron a practicar el bochornoso oficio.

La población cubana actual es de 11,3 millones de habitantes, de los cuales casi el 51 por ciento son mujeres. La cifra abarca todas las edades, desde cero hasta 76 años, o sea, una masa femenina de cerca de 5,6 millones de mujeres. De ellas, casi dos millones están entre los 16 a los 35 años de edad. Estos datos han sido publicados en la prensa cubana y en revistas especializadas o que han tocado el tema de la sociedad cubana. La masividad del sistema de enseñanza abarca a casi el 96 por ciento de las jóvenes en edad escolar, que comprende hasta el nivel medio y universitario. Entonces vale la pregunta de qué por ciento de jóvenes cubanas practican la prostitución y la justificación que alega cada una de ellas para hacerlo.

No existen cifras oficiales que especifiquen el nivel de mujeres involucradas en esta situación, pero si se visitan los lugares donde más frecuentemente se ve la presencia de jineteras, a simple vista se puede asegurar que la cifra es insignificante en comparación al por ciento de la población femenina del país. Aceptar que la prostitución en Cuba es de altos niveles, comparable a los que existen en otros países subdesarrollados e incluso desarrollados, es ofender la dignidad de la mujer cubana. Digo esto despojado de todo orgullo nacional que pueda sentir como cubano. Es sencillamente una observación real y palpable que cualquier periodista o visitante extranjero puede confrontar al recorrer las calles y pueblos del país. En Cuba existen miles de muchachas que viven la pobreza con decencia. Me recuerda aquel dicho tantas veces escuchado a nuestros mayores y que se refería a reconocerse pobres pero honrados.

Por otra parte, si bien es cierto que el modelo económico del socialismo cubano ha demostrado ser ineficiente y que la mayoría de los nacionales vivimos llenos de carencias materiales donde los salarios apenas cubren el 10 por ciento de las necesidades básicas de la familia, las mujeres, mayoritariamente, recurren a vías más honestas para obtener pequeños ingresos económicos que no sean propiamente a través del comercio sexual.

Las leyes que en Cuba prohíben esta práctica son severas, pero chocan con una degradación moral debida a la pérdida de valores tradicionales. A pesar de que en ocasiones se realizan operativos policiales contra las jineteras las autoridades de la isla no logran detener la situación. Por otra parte, no se puede obviar que la familia, como base principal de la sociedad, juega un papel importante en la formación moral de los hijos, siendo la educación de éstos una responsabilidad compartida con el Estado.

La prostitución o el jineterismo es un fenómeno extraño para varias generaciones que crecimos ajenas al flagelo. El menor indicio del mismo, aunque no constituya una crisis, nos resulta alarmante. El lento crecimiento del mismo preocupa cada día más a todos los cubanos que deseamos llegue a ser erradicado nuevamente y que no deje sus dañinas secuelas para una futura sociedad.

Octubre de 2004

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