Sexo y relaciones

El origen de las jineteras

Siempre hubo prostitución en Cuba, desde la colonia. El negocio floreció a principios del siglo XX gracias al kamasutra de las rameras francesitas, como aquella legendaria Rachel. Pero la historia del bayuseo cubiche se conoce suficientemente, no así la del jineterismo socialista, que es un misterioso claroscuro en la semántica surgida con el castrismo. Lógicamente, en sus inicios la revolución abolió el sexo-servicio (burdel, chulo y meretriz), considerado lacra burguesa, a la par que perseguía a las putas, proxenetas y homosexuales.

De los años sesenta a los ochenta del siglo pasado, millones de cubanos solteros, con las hormonas a mil, como quien dice, tuvieron que colgar el sable, o mantener su "conducta impropia" en el clóset o la posada. Por supuesto, en el clóset todo seguía igual. Y en los muelles del puerto también, donde las "mujeres de la vida" pescaban estibadores, marineros griegos y la sífilis exótica de la nueva clientela soviética.

Llegó el cambio, asere

Pero, ¿qué pasó después del Festival Mundial de la Juventud en 1978? ¿Qué vueltas dio la vida cuando los cubanoamericanos exiliados llegaron mariposeando con la pachanga liberada, y cuando cierto turismo preferentemente español -y los mexicanos, nicas, argentinos, canadienses, más las visitas en masa de los artistas e intelectuales "compañeros de viaje" aliados de la Revolución-, comenzaron a gozarse a las buenas hembras tropicales que le salían al paso en el malecón, la Rampa, la plaza de la Catedral, los vestíbulos hoteleros, y en dondequiera que olía a dólar y ofrecían el paraíso de la Cuba de postcard?

Nota 1: Jinetera, según la Real Academia Española. f. Cuba. Prostituta que busca sus clientes entre extranjeros.

Fue el licenciado Pepe Coppelia, un jodedor de barrio, el pachá de la vida, quien me dijo lo que pasó: "Llegó el cambio, asere, el apetito sexual, la putería moderna, el destape". Jineteras del Apocalipsis

En 1980, cuando millares de cubanos asaltaron la embajada de Perú y cientos de miles protagonizaron el éxodo del Mariel, ya Pepe ideaba la forma de ganarse la vida a costa de una novia sexy y fondilluda que creía en el "amor libre a la cubana" predicado por su gigoló bisnero. Aquella Luli de 19 años que se casó con un francés rico, de setenta. Hacia 1985, Pepe había triunfado y me confesó: "Mi negocio es buscar maridos extranjeros para mis nenas, nada de singueta vulgar".

Nota 2: El jineterismo existe, con su xenofilia implícita que lo particulariza, pero no es un fenómeno generalizado como algunos pretenden inferir. Es un mal social micro minoritario y, sin dudas, polémico, con matiz histórico-ideológico. Pero no una metástasis en la sociedad total. Por el contrario, la mujer cubana de todos los tiempos ha sido siempre un ejemplo de grandeza moral y cívica en medio de los peores desafíos existenciales y políticos.

Y con ese cuento arrastró seguidoras, mulatas, blancas y negras, estudiantes, amas de casa y doctoras, a quienes jamás les llamó putas, sino sus "jineteras del Apocalipsis". Pepe tenía tacto, labia, manejaba divisas y sabía donde colarse a buscar clientes para su harén. Con su inglés básico había hecho "sociales" en las embajadas africanas y europeas, hasta en la de China y en la Sección de Intereses norteamericana, pero también tenía algún conecto que le mandaba pipis dulces españoles que buscaban "mujeres chapadas a la antigua", listas para el matrimonio, o inversamente la dolce vita orgiástica.

En 1987, Pepe me regaló una revista Novedades de Moscú y habló de vientos de cambio, del potencial del cine porno y de su ídolo, el dueño de la revista Playboy, el "maceta" más fornicador y feliz del mundo. Por primera vez se quejó del malecón lleno de "jineteras por cuenta propia", amapolas del montón, carne de bayú barato. Le extrañó que le hablara de libre competencia, capitalismo popular, feminismo, democracia sexual. "Carajo, eso no existe aquí, yo inventé este negocio y me quieren joder". Inventó la jinetera, quiso decir, la nueva prostitución, la caza de extranjeros, la vagina ilustrada, automática y soñadora. ¿Y de dónde sacaste esa palabra, ese cubanismo intrigante y pecador que anda de boca en boca?, le pregunté. Y esta fue su versión: "Es que jinetear es un arte cubano del movimiento, mis muchachas son artistas jineteras en la cama, ya sabes, a qué hombre no le gusta ser caballo, mis clientes pagan por la cabalgadura, no pueden con esos brincos".

Nota 3: ¿Existe Pepe Coppelia? Desde luego, por allá sigue, aunque niega ser el inventor del mito de Andrómaca.

Tan simple todo, la posición de la monta, la cabalgata, el molino. Pepe sin duda debió haber inventado la palabra, fue al primero que se la oí, aunque digan que fue Pito Pérez, Cheo Malanga, Tres Patines, el Caballero de París, la mitología griega. Aunque sea cierto que hace más de dos mil años la mujer del príncipe troyano Héctor comenzó a brincar y gritar como loca encima de su marido, mientras los esclavos se masturbaban tras las puertas, de lo cual nació la posición de Andrómaca, génesis de la aventura sexual cubana.

Antonio Ramos Zúñiga

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