Crónicas de una yuma en Cuba

Conclusión

Me da la impresión de estar llegando al final de un largo viaje. Quizá el lector se pregunte, o se haya estado preguntando durante el resto de los capitulos, (y si no lo hace, ya lo hago yo por él): "Pero, ésta mujer, si tanto critica a Cuba, ¿cómo es que lleva allí tanto tiempo?" o "Pero, ¿dónde está ella ahora? Pero, ¿desde dónde escribe?". Sin embargo, yo me pregunto: "Pero, ¿es éso realmente importante?".

Al principio decía que no sabía cuál iba a ser el resultado de esta narración. Que no lo tenía claro. No se si algunos pensarán que se trata de una guía de viajes, otros de una crítica, y los de más allá, sólo verán un intento mío de recordar una importante parte de mi vida. La única hoja arrancada a ese volumen de treinta y un tomos. Ahora, al final del escrito, llegando al fin de ese largo viaje por mi imaginación y mis recuerdos, llego a la conclusión de que este texto no es más que un reflejo de mi cariño por Cuba y sobre todo, un tributo a su gente. Ahora, al sentir que se aproxima su final, me siento casi como si otra vez me estuviese despidiendo de Cuba. Casi como el día que me fui. Tengo un nudo en el estómago, como si este escrito fuese otra etapa que se acaba. Cuando en realidad, se acabó hace meses. No relataré lo que sentí al marcharme. Fueron tantas las emociones, que si intentase describirlas, acabaría escribiendo otro libro. Solo diré que aquellas personillas que veía a través de los cristales y mis lágrimas, nunca me habían parecido tan sinceras, ni los mogotes tan frondosos, ni el valle tan sereno, como al alejarme de ellos. Entonces supe con certeza que volvería. Yo sería una gran ola que incesantemente regresa al mar porque es parte de él. ¿Puede existir una ola sin el mar?

Pues sí. Estoy de vuelta en Brighton, Inglaterra. Y es aquí donde he escrito esto. Donde se me ocurrió la idea de intentar hacerlo realidad. Regresé cargada de Cuba. Otra cosa no, pero Cuba. Cuba, me traje mucha. Enlatada. En miniatura. Viñales. Si ahora levanto la mirada de mi teclado, por encima de la pantalla de este ordenador portátil, no veo el gran ventanal del salón, ni siquiera los blancos visillos que lo cubren. No. En una fracción de segundo, mi mente vuela a Viñales, y comienza a tener aventuras con la naturaleza. Toda mi piel vuelve a transpirar sin piedad al ascender a los Acuáticos . Trepo por la Sierra de los Órganos, camino lánguida entre las plantaciones de tabaco, me siento a la orilla de los pequeños torrentes, donde el agua resbala susurrándome al oido: "No te vayas…". Me encuentro de nuevo con la serenidad del Valle, sumiéndome en sus profundidades. Me acuesto bajo una mata de guayaba, sintiendo sus raices en mi espalda. Mis pulmones se llenan del aire, del olor, del sabor de las vegas de Viñales. Saludo a cada palma real, cada cumbre y cada estrella, porque son ellas, la palma, la cumbre, la estrella, quienes se anuncian, sólo para mí. Regreso.

Nada parece enturbiar el estanque de mi memoria. Nada consigue remover sus aguas. Como si lo único que intentase pertubar su calma fuese, como mucho, el más suave aliento. Tan claro, tan sereno y quieto, que parece estar congelado. Es ese espejo congelado se reflejan con ardiente vivacidad mis recuerdos. Fue aquí, lejos del objeto de ellos, donde más claros y escribibles se me presentaron. Y fue aquí, en la distancia, sólo física, donde me di cuenta de lo que en realidad esos seis meses significaron. Antes de marcharme, sabía que en algunas cosas yo había cambiado, pero no tanto. Sabía que me iba a doler la nostalgia, pero no tanto. Sabía que me había enamorado, pero no tanto.

Creo que nada de lo anterior responde a la pregunta del principio, de por qué entonces critico tanto a Cuba. Que si los jineteros, que si el transporte, que si te van a timar, que si la falta de libertad, que si no es fácil. Pero da igual. Las explicaciones sobran. Al buen entendedor… Además, Cuba, hay que vivirla. De poco sirve que te cuenten, aunque cuanto más te cuenten, mejor. En una carta a mi hermana Mar, le decía que quizá una experiencia tan especial podría ser comparable, en cierto modo, a tener un hijo. Uno puede intentar explicar lo que siente, pero no puede esperar que su interlocutor lo entienda por completo, hasta que haya pasado personalmente por la experiencia. Y qué frustrante puede llegar a ser que no te comprendan. Como Virginia Wolf explica en su Orlando : "No hay, en el tumultoso pecho del hombre, una pasión más fuerte que la de imponer su creencia a los otros. Nada puede secar la raíz de su dicha y llenarla de ira como saber que otros desprecian lo que él venera".

En cuanto a Bertica y a Made, nuestros planes siguen adelante. Las cosas se están retrasando un poco, (bastante), pero estoy segura de que pronto Berti estara aquí, pues tiene los papeles más adelantados. Made vendrá más tarde. Todo lo anterior, suponiendo que les concedan el visado para entrar en Inglaterra. Mantengo el contacto con ellas como puedo. Las cartas tardan más de un mes en llegar, las que llegan. Berti sigue endulzando Cayo Levisa con su voz, y sus venas con veinticinco miligramos de insulina al día. La echo mucho de menos. No sólo su voz y su guitarra. Me escribe, con nostalgia, pero con esperanza. Made. Antes de irme me empeñé en dejarle un poco de dinero para que pudiese ser independiente. Últimamente tampoco a Berti le agradaba alojarse en casa de Martiza mientras se quedaba en Viñales, así que pensé que sería bueno, no sólo para Made, sino también para Bertica, que ambas saliesen de allí. Así que Made se fue del Bosteso, y pudo alquilar un cuarto en el centro de Viñales, que compartió con Berti durante parte de los quince días que tiene libres. Luego se acabó el dinero y tuvo que regresar al Bosteso. También me escribe, bastante a menudo, corriéndome alguna que otra máquina, pero sobre todo con confianza. Todavía no me acostumbro a no tenerla a mi lado. Con ellas, con Viñales entero, no hice lazos. Los lazos se me antojan enclenques, flojos, débiles, suaves, efímeros. Prefiero los nudos - que no ataduras-. Nudos robustos, resistentes, poderosos; de esos que si sabes hacer bien, duran siempre. Hice nudos, con las cuerdas de guitarra de Bertica. Con las desgarradas pero enérgicas cuerdas vocales de Made. Con los hilos fibrosos de la yagua de la palma real.

Por las noticias que he ido teniendo, el resto de la gente está má o meno . Zenaida me escribió después de recibir carta mía. Sigue tan sabrosona y escribiendo mucho a sus amigos turistas. También se por ella que Barby, Omar y el resto de la familia Rico están bien. Alber, el hermanito de Made, ha tenido dos recaídas por culpa de su pequeño corazoncito, pero parece que ahora está mejor, y a Maritza la operaron recientemente de una hérnia. El Pipy ha pintado la fachada de la casa de azul, me han dicho. No se cómo habrá obtenido el permiso. Será porque, como él dice, es una figura en este pueblo. América, su mamá, sigue con la mala circulación y dice que me extraña. Mis amigos siguen como siempre, intentando matar el tiempo como pueden algunos, y trabajando otros. Lubia, la estomatóloga, sigue igual de loca; Odalys, trabajando; Nancy, con su "San Lásarooo, levántate, que yo'taba acostao y me levanté. ¿Que qué? ¿ Que qué? ¿ Que qué?" ; y de Tatica, la diabla , la Faraona , como él se llama a sí mismo, apenas se nada, supongo que seguirá buscando el amor de su vida, sea local o yuma. Al principio relaté el traslado de Brown a Los Hoyos, sin avisarles de que en realidad, lo hice justo al final de mi estancia, pues no sabía qué sería de él si lo dejaba regao en Viñales. Según me cuentan, no se adaptó al modo de vida del campo con Abuelo, así que se fue a casa del vecino. Dicen que me echa de menos.

La vida en Viñales pasó como un rayo. Un relámpago luminoso, destelleante, e intenso, que termina en una fracción de segundo. A menudo los minutos cronométricos, no se corresponden con los minutos que pasan por nuestras almas. A veces, un minuto se hincha como un globo y a veces se deshincha tanto, que son seis meses los que han pasado. Qué conflicto más fantástico ese, entre el tiempo que marcan nuestros relojes y el registrado por nuestras almas. Y ¿cómo, en un minuto, pueden caber tantas vivencias? Mis días están llenos de recuerdos. De recuerdos, que parecen insignificantes pero que al final son los que uno se lleva consigo para siempre. Maritza llamándome descará o Barby diciándome que no soy fásil . Zenaida, riendo histéricamente y diciéndo que la voy a volvel siquiátrica . Tatica caminando hacia mí como si fuera Naomi Campbell modelando en medio de la pasarela. El día que casi le arranco la lengua a Ariel, por descarao. Lubia diciendo "¿Qué pinga?" y Nancy cantando "San Lasarooo" . Tía Fina preparándome un café en Los Hoyos, mientras Abuelo, sentado, mira al cielo. Va a llover. Escuchando, tumbada sobre la cama de Abuelo, un tremendo aguacero, que golpea fuertemente el tejado de metal. Brown, que no se atreve a entrar en la casa, porque es "nuevo". Wilber, entregándome un ramito de flores al despedirse de mí. El modo en que Made me hace el café, o la rutina de Berti lavando sus tenis podríos de churre del fango del Bosteso. Made reprendiendo a Bertica para que no tome, mientras Bertica me guiña un ojo para ir a comprar una Cristal a la Caracol. Made corriéndole aquella máquina al Chorro, o a cualquiera por la calle. Bertica saludando al escritor local, Alfredo Galiano. Made poniéndose crema de protección solar en las piernas, a modo de hidratante, y Berti peinándose a la perfección, inútilmente, pues yo le revolveré el flequillo de inmediato. Yo, s afándole el collar a Bertica, que siempre lo lleva enredado; colocándole los tirantes del peto a Made. Mis últimas horas antes de coger el Viazul para La Habana. Bertica llorando después de pasar un rato a solas conmigo, o mientras le canta una parodia a mi cámara de video, con palabras aprendidas de mí. Mientras esperamos a que salga mi guagua, Made haciéndose la fuerte, como yo, para que nadie derrame una lágrima antes de tiempo, cuando no hace ni media hora que me ha pedido llorando que no me vaya. "¡Aquí nadie va a lloral!".

"Cuando salí de Cuba…"

Esther, hija mía, qué cachonda eres.
Me cago en la leche, te voy a extrañar.
Joder tía, vale, ya te vas echando,
tremendo coñazo, no quiero pensar.
Excuse me choriza, putón verbenero,
Ay, qué morro tienes, yo paso, chaval.
Madre mía, te meas, naciste en otoño,
que fea eres coño. Te vas a cagar.
Qué fenómeno caballero, yo aquí alucino.
A mi me parece que regresarás.
No seas gilipoyas, ay dios mío, ¡qué tonta!
La madre'l cordero, te vas.
Cuando esta mujer, decide olvidar
se va pa Inglaterra, pero va a extrañar.
Cuando ya no estés, ¿Qué vamos a hacer?
Me cago en la leche.
Joder
y joder.

(Original "Cuando una mujer". Parodia de Bertica Pino Hernández)

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