De Cuba traigo un cantar

A golpe de memoria

Años atrás fue una conocida actriz de teatro, en Cuba.

Si hubiera guardado sus vestidos de gala, sus joyas y sus pelucas, hoy no tendría que inmortalizar aquellos tiempos sólo a golpe de memoria.

Sus jornadas en el teatro Virgilio Piñera, son como las fotos borrosas de su mesilla de noche, gastadas pero inmortales.

Mariana ya es vieja, así dicen los niños del barrio, “ la vieja que vive sola “. La loca. Aún así, hace sus mandados, y se ocupa de su casa. Es una mujer peculiar que pocas personas conocen.

Es indudable ha pasado el tiempo, aún es la mujer esplendorosa que lucía como una princesa. La comparo con las fotos de la pared, y se mantiene muy bien. . Brillaba por su buena presencia, fruto claro de su pasado en el teatro. Una mujer con clase diría yo.

Toda la vida ha sido una fan excepcional de la música de Manolo del Valle, oyendo su música sabe que concebió a sus dos hijas. Sus horas de amor y caricias tenían su compañía. Tiene la mejor biblioteca que he visto en toda La Habana, siempre hay un libro en su mesilla de noche. Ha leído a los grandes, tres o cuatro veces, pero lo que más me sorprende es su firme creencia en la reencarnación de personas en seres o animales, y viceversa. Y no era ningún secreto.

Una amiga mía dice que las vidas anteriores no se recuerdan pero yo creo que Mariana era la excepción que confirmaba la regla. Según ella, ha vivido toda su vida con una “ presencia “ en la casa: Zoila.

Fue una negra esclava de principios del siglo XIX en un campo de algodón de la desembocadura del Misisipi. Su amo era propietario de una extensa propiedad. Zoila tiene los pies desgarrados de caminar detrás del arado, pero eso no impide que de vez en cuando “ camine” a través del espacio y el tiempo y visite a Mariana en su humilde casa de La Habana, en pleno siglo XXI.

Mariana y Zoila son un mismo espíritu o energía. Una fiel reencarnación de la misma persona en épocas y espacios diferentes.

Si me preguntaran a mi diría, que es una conexión extraña e increíble y que las creencias son sólo síntomas de la cultura en que uno se desarrolla. Pero si le preguntan a ella verán como toda la teoría se cae por el piso. Posee tales conocimientos acerca del tema, que puede rebatirte cualquier planteamiento.

Yo era la enfermera de su médico de familia, tres o cuatro veces visité en su casa por múltiples lipotimias. Necesitaba un seguimiento diario, la tensión se le bajaba como la espuma sin movimiento. La mayoría de las veces hacía más de psicóloga que de ats.

- Mariana, ¿ cómo se siente hoy?

Ella me abría puerta jovial, desde por la mañana lucía su pulcro maquillaje, que la hacía parecer una pequeña Diosa, me enamoraba su limpieza y su sonrisa. La casa no era muy grande pero se veía atendida. Tenía el portal más bello de Boyeros, con plantas y unos lindos asientos tallados en madera, que heredó de sus abuelos.

- Mija, yo me siento muy bien, pero la que está mal es la pobre Zoila, los pies le sangran continuamente, y las heridas no le cierran.

- Me picaba la curiosidad y un día sí le hice caso, le pregunté que donde estaba Zoila, ella me dijo:

- Zoila está aquí, soy su reencarnación, ella es mi otro yo.

- Ven mi cielo, me decía Mariana, vamos a curararle los pies. Se quitó sus propios zapatos, y en una palangana que trajo con agua, se los lavó.

Nunca había sentido tanto miedo como en aquel instante. Un frío me recorría lentamente el cuerpo para quedarse instalado en mi estómago. El miedo es el factor más contrario a la lógica . Era miedosa desde niña.

Tomé los pies en las manos, aunque mi cerebro decía – sal de aquí corriendo- seguí adelante. y que sorpresa la mía ver, que los pies de Mariana, estaban llenos de cicatrices, justo en la planta del pie. Jamás vi más cicatrices juntas y horribles, y me pregunté como una actriz de teatro tan famosa, de tanto nivel., podría tener así sus extremidades inferiores.

- Mariana, porqué tienes los pies de esta forma, le pregunté.

- Yarita, esos nos son mis pies, - me dijo ella- son los pies de Zoila.

No tuve más remedio que callar, hacer como que le curaba los pies, y con la mirada baja, tensa como me había quedado.

Caminé hacia el policlínico analizando ¿ que podrá ocurrir en la vida de una persona para caer en ese estado ?. La mente humana era un enemigo complejo que en ocasiones, nos retaba a “jugar”.

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