Varios autores

De hombres y prototipos

Existen diferentes tipos de cazadores. Por regla general, los hay tímidos, los hay lanzados, los hay estrategas. Hoy precisamente me siento con fuerzas para hablar de este catálogo inmenso del que nos dota la naturaleza. La parte de la costilla de la que salimos, el hombre y sus prototipos.Tanto en España como en Cuba existen estas clasificaciones. Lo único que los diferencia es el modo de hablar pero la andanza y el movimiento es el mismo. Si no veamos un claro ejemplo. Tomemos al tímido. Se encuentra en la barra de una discoteca, en el centro de Madrid, un lugar atestado de muchachitas jóvenes con las hormonas en plena revolución y él recién afeitado por segunda vez en su vida a pesar de sus treinta y cinco años, le creció la barba al mismo ritmo que su cerebro, algo retardado. Divisa a lo lejos a una rubia perfecta para él, su cuerpo menudo le recuerda al de las muñecas que su hermana solía utilizar para jugar a las casitas. Se frota las manos, le sudan, tiembla, se observa la bragueta tímidamente y se huele los sobacos con un movimiento disimulador, piensa:- Estoy bien, puedo hablar con esa mujer, estoy capacitado para ello, no debo ponerme nervioso, no le daré la mano, me sudan, no le gustará, no te preocupes tu eres atractivo aunque tímido, la preguntaré si trabaja o estudia, intentaré que no sé note que quiero sacar el pajarito a pasear, si me dice que no, no pasa nada, me voy a casa, me meto debajo de la cama y me masturbo, que al fin y al cabo, llevo así treinta y cinco años, pero sin miedo, Manolo sin miedo que tu puedes -

En La Habana cinco horas antes el tímido también divisa el panorama. Acaba de volver de trabajar como custodio en una shooping, recuesta su bicicleta china en el muro del malecón y decide encenderse uno de los cigarrillos que le quedan, a lo lejos dos mujeres de unos veinte años pasean entre risas. Se frota las manos, le sudan, tiembla, se observa la bragueta tímidamente y se huele los sobacos con un movimiento disimulador, piensa:

- Eres un come mierda, si sigues mirándote la pinga te va a crecer tres metros más de lo que esas dos jevitas van a poder aguantar. Si no fuera tan come mierda y no estuviera traumatizado por la última relación que tuve con dos mujeres me acercaba a ellas. Pero no, yo soy así, come mierda por naturaleza, quién te mando enamorarte de unas tuercas. Ahora bien, no puedo estar así, tengo que quitarme de encima esta frustración, tremendo trastorno que tengo. Si me dicen que no, no pasa nada, me voy a casa, me asomo a la ventana y me dedico a mirar huecos, que la vecinita de enfrente tampoco esta tan mal, a pesar de sus cincuenta años, todavía se ve que tiene la crica en su sitio. Sin miedo compadre, sin miedo, que tu eres un singador, que no hay mujer que te deje frustrado, ataca chico, esos bollos piden sangre¡¡¡ -

Y ninguno de los dos termina de llevar a cabo su meta.

El lanzado sin embargo tiene la suerte a su favor, porque aunque tenga mala suerte se siente capacitado para encajar todo tipo de derrotas. No se frustra, no sufre, no le duele.

España, doce de la noche. El lanzado comienza su odisea nocturna. Se monta en su coche BMW, (de su padre por supuesto, porque además de lanzado vive de las rentas de los viejos ) engominado, repeinado, maqueado. Llega a la puerta de una discoteca, de las pijas, de las de dinero, de las que apariencia, le lanza las llaves al aparcacoches, entra gratuitamente saludando al personal y no paga ni un duro en toda la noche, es amigo de todos los camareros del local que le sirven copas a diestro y siniestro. Observa el terreno. En la pista una mujer exuberante mueve las caderas, es una gogo nocturna, un especimen fácil de encontrar en esta ciudad. El lanzado se echa mano al paquete, comprueba que todo esta en su sitio y piensa:

- Sigue sigue moviendo ese culito que yo tengo para ti lo mio, lo del inglés, lo del frances, lo de tu padre y lo de tu vecino. Te vas a acordar de mi más que de mearte en la cama, esperate que te entre a saco, no te voy a dejar huella te voy a dejar marcada -

La Habana doce de la noche. El lanzado sale por la puerta de casa, abandona el hogar familiar compartido con su esposa y sus tres hijos y con la excusa de una partidita de domino quiere dominar el ambiente nocturno. Pasea por la calle. No sabe muy bien hacia donde dirigirse, desde que cerraron los locales de moda por venta de estupefacientes, a partir de las tres de la madrugada la ciudad esta muerta. Calcula el tiempo que le queda. Tres horas excasas para encontrarse con una jeva de las de película. Él se sabe conquistador aunque su mujer siempre le dijo que tenía más rollo que película y aunque él siempre se hizo la víctima inocente ante los múltiples devaneos. Y piensa:

- Mi mujer es una santa, sin duda, no la abandono por nada del mundo, pero que yo este casado no significa que este castrado, así que tira pa la calle de en medio que esta noche promete. Voy a pasarme por la tasca gallega de la Habana Vieja, veré si tengo la suerte de encontrarme con aquella inglesa que tanto me miraba la semana pasada. Si la veo me la como, la devoro, va a saber lo que es un cubanito en toda regla, se va a acordar más de mí que de la estatua de la libertad, ¿por cierto, será muy grande esa estatua?.

Y no se complican. Ambos disfrutan en sus fantasías, ambos creen en sus poderes.

El estratega es diferente. Es como un buho. Frío y calculador observa todo lo que tiene en rededor. Se sabe ganador. Ya ha estado en muchas guerras y de todas con su fría mentalidad ha salido victorioso.

España. Una de la madrugada. El estratega apoya su codo en una barra de un bar. Observa como una mujer de unos treinta años acaricia los bordes de una copa. Le excita, le pone, le seduce y piensa:

- Esta necesitada y tiene algún problema. Si la miro fijamente notará que quiero hablar con ella, si no la miro no me prestará atención, si la invito a una copa sabrá que me la quiero llevar a la cama, sino la invito pensará que no tengo ni un duro. Ni una cosa ni otra. Voy a darla fuego, espero que fume -

La Habana. Diez de la noche. El estratega canta una bonita melodía en mitad de la Plaza de Armas. Es feliz, con su guitarra llama la atención de varias muchachas francesas que se encuentran de turismo por la zona. Se le acercan con la tímida ilusión de que el tipo sea un cantautor cubano a punto de ser descubierto. El sigue tocando sin inmutarse y piensa:

- Si os acercáis mucho os muerdo, si continuais mirándome con esa cara de cuatrillizas vírgenes e inocentes, vais a saber lo que es rumba por toda la noche. Si la miro a una tengo que mirarla también a la otra, y si miro a la otra tengo también que mirar a la acompañante. Compadre¡¡¡ que drama las cuatro estan ricas y yo con capacidad para cuatro. En cuanto acabe la canción me hago el intelectual con estas tipas. Esta noche voy a comer caliente y arropado.

Y no se complican, se sienten felices en su estrategia. Se creen triunfadores y seguros de si mismos. Triunfan a su manera y a su modo.

Yo por mi parte, ni tímido, ni lanzado, ni estratega. A mi lo que me gusta es el campo. La tienda de campaña, la mochila a la espalda, alguna que otra botellita, la hoguera, los cuentos de miedo y dormir en mi saco en compañía de un grupo de gente que termina siempre contando como se llevo a las bella al huerto. Al fin y al cabo todos estamos rodeados de personajes en una obra de teatro.

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