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Mi amigo Bernald

Este relato que les mando, es dedicado a una persona que hace un año pasó a mejor vida, una persona excepcional y también a todas esas personas que tantas veces nos hacen entender que no se puede vivir ni cerrado, ni enfadado con el mundo. Me decía mi querido amigo, la vida se debe enfrentar, pero no a piñazos.
Para ti, este humilde homenaje con todo el corazón.
Besos, Mirtha.

“…Menos mal que en Cuba todo es gratis, pecado que nada funciona, pregunto a veces si es mejor vivir así ò percibir un salario ecuo y pagar las tasas, a lo mejor esto haría que la gente se diera cuenta de cuanto vale su misma vida, y empezara de una vez por toda a desenfatar esta imagen tan endiosada que tiene de este sistema tan aberrante.

Es verdad que la gente tiene mucho miedo, pero pienso que sobre todo del cubano que vive en la isla se resumen en un estado mental astigmatismo ipermetrópico que no lo deja ver mas allá de sus narices y tampoco de mas cerca. Como la talpa se orienta por su olfato sabe lo que es bueno pero no quiere verlo basta que pueda comer..

El miedo mío es la guerra, que no quiero ver llegar dada las transformaciones. Por guerras entre cubanos, dentro de la misma isla, y por los que están afuera.

De un cierto modo en línea de máxima todos tienen razón y todos están equivocados hay quien lo está más y hay quien menos.

Pero no se pueden quedar así, sino, que será de vosotros. Hay que pensar como se puede ir alante, como se pueden resolver tantos problemas que encontráis.

Parecen gente enferma y loca, sonámbulos por el mundo. Llenos de miedo con los otros cubanos, la comunidad mas separada, esa es la cubana ».

Me decía Bernal, un doctor que conocí hace algunos años atrás. En aquel momento no entendí su punto de vista, y honestamente me ofendí, no lo quería entender. También me hizo observar la potencialidad cultural y técnica nuestra, la preparación escolar, yo le decía que eso era gracias a Fidel.

Me sonreía besándome en la frente diciéndome, niña mía tu debes ver muchas cosas todavía, debes conocer el mundo. Entonces te darás cuenta de lo que te digo. Cuanta razón tenía.

Me enseñó, que la educación escolar es un derecho, social, como lo es la salud publica, como lo es la libertad de expresión., de religión. Que para eso tantos hombres en la historia han luchado y lo siguen haciendo, que la discriminación racial existe y es casi seguro que continuará a existir, porque tiene un fondo sociopolítico que da a algunos la justificación para hacer guerras y sacar provechos.

Este queridísimo amigo ya no está entre nosotros pero recuerdo la frase que me dijo el día que me enseñó un disco, bellísimo, mientras me leía un poema estupendo , y yo le pregunté de quien era uno y el otro, con asombro, me miró muy serio, susurrando: no los conoces? No… …Ernesto Lecuona… José Martì.!

Me quedé en silencio oyendo la música, de este pianista. Que creía de conocer, en realidad, solo conocía « La comparsa » y cosas muy fáciles y populares, de Martì « Los versos sencillos ». Me sentí de mierda

Es verdad que en Cuba no se prohíbe ningún libro, pecado que no lo editan, la constitución cubana yo nunca la he leído, una Biblia, la conocí en Italia, todo esto me hacía reflexionar… Pasé la tarde en silencio, ensimismada en mis preguntas hasta que una caricia me hizo despertar de de sobresalto.

Belnald me sonrió, supongo la cara que yo tenía, porque me dijo :« mira que Fidel no inventó Cuba, (plantándome un beso en los labios) y tú sola, el mundo no lo arreglarás”

Pasándome una mano por la cintura y estrechándome a él me dijo que me acompañaba a casa, no discutí. Era inútil discutir de este argumento con él, porque pasada las nueve, retenía que no estaba bien que una muchacha se fuera sola, desde Miramar hasta Mantilla.

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