Aunque quiera olvidarte..

Lágrimas negras

Oh, La Habana, Oh, La Habana
caballero quien no baila y quien no goza en La Habana
(conga habanera)

No recordaba haber visto llorar a mi padrastro. Era un hombre de ébano, no lo digo solo por su negritud, sino porque era también imperturbable. Lo recuerdo siempre ensimismado, dueño de sus pensamientos, no soltaba prenda nunca. No sabias si, cuando se sentaba en el sillón a ver la tele, estaba durmiendo con los ojos abiertos o mirando su interior. No lo conocía ni su propio hijo, mi hermano menor. Era un hombre castigado por la vida; las miles de arrugas que surcaban su negra piel denotaban que su vida había recibido muchísimo castigo. Y no sólo físico. Las cosas del alma castigan dejando una huella indeleble, sobre todo cuando no se tiene facilidad para trasmitirlas a los demás;.

Al ver lágrimas saltando de sus ojos y rodando por sus ajadas mejillas, comencé a hacer pucheros. Mi madre le entró también la congoja y se le aguaron los ojos. Mis dos hermanos se pasaban los dedos por los ojos y bajaban la cabeza para que no se les viera llorar. El llanto reprimido de mi familia fue el detonante para que se formara el llora llora, y por poco hay que salir de allí nadando. Era hermoso y a la vez triste el ver a una familia unida, abrazados todos y llorando a lágrima viva. Hubiera sido tremendo espectáculo de no ser porque nos encontrábamos en el aeropuerto José Martí, La Habana, Cuba, donde había cientos de familias igualitas a nosotros, con los mismos abrazos y con el mismo llantén. Lloraban los futuros pasajeros del vuelo de Cubana de Aviación, lloraban los familiares, lloraban los pocos turistas presentes en la sala; lloraban los empleados del aeropuerto y lloró hasta el retrato de Fidel que presidía el salón y que nos miraba de refilón como el ojo que todo lo ve y todo lo sabe.

-Lagrimitas de cocodrilo- parecía decir Él, como nadie, sabía escudriñar en los lugares más recónditos del alma cubana y no le cabía duda de que detrás de aquellos lagrimones se escondía una indescriptible alegría porque a todos los presentes se les hacía el culo gaseosa por coger un avión, aunque fuera para dar una vuelta a la manzana.

La sala de facturación del aeropuerto era del tamaño de un baño de las salidas nacionales del aeropuerto de Barajas y ahí se encontraban apiñados cerca de trescientos cubanos, pasajeros y familiares y cuatro turistas que vacilaban el panorama con una expresión que era una mezcla de pena y asombro. Me imagino que no habían visto nunca tamaña locura colectiva. Estuvimos largo rato abrazados, mejilla con mejilla. Éramos una familia unida y bonita, ya creo que no es así. Yo tengo parte de culpa. Mi ayuda humanitaria y desinteresada ha tenido parte de culpa, así es la vida.

Tuvieron que tirar de mí las azafatas de Cubana para hacerme subir al avión. Me debatía entre la pena que sentía por dejar a mi familia y las ansias locas por subir al avión y, además, estaba cagao, lo confieso. Pensaba que la policía podía llegar en cualquier momento y joderme vivo. Me fui despidiendo caminando de espalda y saludando lentamente con la mano derecha. Me cagué al pasar el control de pasaporte; todos los oficiales de la aduana se encapricharon en sacármele brillo a la foto del pasaporte y el sudor me llegaba a las nalgas. Al fin se cansaron. Tomé el autobús y subí las escalerillas totalmente cacao. En el interior del avión respiré hondo. Quedaba poco; no cabía mi bolso de mano en el maletero y después de empujar como un caballo, me dijo un sobrecargo:

-Colóquelo debajo del asiento, compañero -Así lo hice y me senté. Era muy grande el bolso. Tuve que ponerle las piernas encima y me quede en posición preparto; suerte que no estaba embarazado si no paro allí mismo. Suspiré, pensaba que las ganas de cagar se me iban a quitar pero que va, ahí seguían y no sé cómo, porque tenía el culo ardiendo de las diarreas que había tenido los días anteriores, del miedo claro. Intenté tranquilizarme mirando a mi alrededor, estaba realmente azorado. Era la primera vez que pisaba el interior de un avión. Observé todo detenidamente y se me ocurrió, aprovechando que el ocupante del asiento de la ventanilla no estaba, pasarme a su asiento y mirar hacia fuera. ¡Quién me mandó! Divisé a lo lejos un coche blanco con una luz roja destellante en el techo que venía a toda mecha hacía mi avión, o mejor dicho, al avión en cuyo interior me encontraba incómodamente sentado. El corazón me dio un vuelco ¡Venían a por mi!, ¡seguro que venían a por mi! Dura poco la felicidad en casa del pobre. Me hice un manojo de nervios, empecé a rezar para que el avión despegara, la camisa me botaba en el lado izquierdo del pecho. En un segundo pensé en miles de formas para evaporarme, pensé en encerrarme en el baño y meterme por el agujero de la taza del water, en echarme agua oxigenada en la cabeza para pasar por rubio, invoqué al mago Houdini para que me desapareciera y, cuando ya estaba al borde del paro cardiaco, el coche pasó de largo sin detenerse y sin mirarme siquiera. En un lateral de la lata se podía leer con grandes letras rojas FOLLOW ME.

-Que te siga tu madre, cabrón, vaya susto que me has dado- grité sin darme cuenta donde estaba.

Por suerte todos los pasajeros estaban en lo suyo, excitados como yo por diferentes o similares razones y ni se inmutaron.

-Excuse me, that is my seat-

Levanté la vista y delante de mí, de pie en el pasillo, había una rubiona de dos metros de altura, heavy weigth, con una sonrisa germánica y una indumentaria que parecía acabada de sacar de una película de guerra. Al parecer me leyó en los ojos los minutos de angustia que había acabado de pasar y preguntó:

-Are you all right? --Yes, yes I am OK- dije levantándome lentamente y saliendo al pasillo.

Se deslizó entonces en su asiento y yo volví a mi posición preparto. Cómo me ardía el culo, ¡coñó!, Entonces me acordé que llevaba metido entre las nalgas un billete de 10 dollares (Era el año 1.986) ¡dios mío si me cogían con eso! Pa´l tanque de cabeza. Sí, porque yo no era turista ni un carajo. Era un comemierda, no era nadie y a los comemierdas como yo les estaba terminantemente prohibido usar dollares. Y yo lo sabía, pero quería hacerme el bárbaro delante de todos los cubanos que iban en el avión; quería sentir esa dulce sensación de poder comprar con verdes y mirar por encima del hombro a la plebe y decirle con la mirada:

-Vaya arrastraos, que estoy por arriba del dollar, sufran, comecandelas de mierda-

Me entró una picazón en el culo del carajo, no sabía como ponerme. Lo peor era que no podía rascarme el susodicho como dios manda. Empecé a moverme inquieto y la germany se inquieto también.

-Are you sure, you are all right?-

-Que si vieja que estoy OK, no jodas más anda- que pesá la blondi.

-What?-

-I am OK, no problem- suavicé

Decidí irme al baño para liberar al pobre billete, debía estarse cagando en mi madre el pobre porque hacía una semana que no me bañaba, debido a una promesa que había hecho para que los malos ojos no me jodieran el viaje. Me levanté, no podía mas, y en ese mismo instante se encendieron los motores.

-Compañero, tiene que sentarse, vamos a partir -

Se me olvidó el billete de diez dolares, por fin íbamos a partir.

-Se acabó el susto- me dije

El avión comenzó a taxear por las pistas de acceso hasta colocarse en cabeza de pista en posición de despegue. Rugieron al máximo los reactores ¡y allá va eso!, apreté el culo todo lo que me dejaba el billete de diez dollares y pedí ayuda a todos los orishas. Eran las 21:35 del 5 de Septiembre de 1986, una lagrima rodó por mi mejilla y canté en silencio:

Oh La Habana, Oh La Habana

Mi cuerpo se cagaba de miedo a miles de metros de altura, pero yo había quedado en le terracita del aeropuerto moviendo la mano acompasadamente de un lado a otro. Hay recuerdos imborrables. Me dieron ganas de cantar hasta una habanera. La nariz del avión penetró el cielo, sentí una cosquillita que me recorrió de los pies a la cabeza. El miedo es el miedo y lo demás es bobería. En cuanto el avión se calmó un poco me acordé que tenía que sacarme aquello de donde tu sabes, ¡me cago en diez cuando me desabroché el cinturón una comemierda vestida de azul y con un sombrerito, se plantó en medio del pasillo y se puso a hacer monerías con los brazos como si estuviera haciendo señales marinas, pero sin banderas, y el altavoz empezó a decir una pila de boberías que ni oí, después me enteré que eran las instrucciones de seguridad por si el avión se iba al carajo. Imagínate si el avión se cae en ese momento: me hubiera matado por ignorante.

Terminó la perorata y me dije:

-Ahora sí -

De pronto se encendió el letrero de ABROCHENSE LOS CINTURONES y por el altavoz se oyó la voz pausada del piloto:

-Estamos entrando en zona de turbulencia, por favor abróchense los cinturones y permanezcan en sus asientos-

-¡Coño que tengo el culo más pelao que un mandril- dije, dando un puñetazo en el respaldo del asiento-

La germany no pudo mas, llamó a la azafata y le pidió germánicamente que la cambiara de asiento.

-The airplane is totally full- le contestó la azafata en un inglés carretillero.

Aquella rubiona resopló y me miró, como estoy seguro que miran las alemanas a los maridos cuando le hacen una mierda. Qué mujer mas desconsiderada, estuve a punto de decirle:

-Oye niña, ¿a ti nunca te ha picado el culo en pleno vuelo?- pero no pude, mi inglés no llega a tanto.

Era demasiado aquello, decidí entonces que lo mejor era tranquilizarme un poco. Recosté la cabeza y cerré los ojos. No sé cuanto tiempo estuve así; cuando los abrí, habían apagado el letrerito y la jodida alemana se había dormido. Me levanté y fui al servicio. Qué alivio sentí cuando me ví con los diez dollares en la mano. Estaban en candela. El olor que despedían yo creo que no se ha descubierto todavía, pero allí estaban. Los desdoble, con un poco de asco y los metí en mi ajada cartera.

Salí como niño con zapatos nuevos al exterior, quiero decir al interior del avión, y empecé a reconocer el terreno. El avión estaba lleno de cubanos, todos viajaban gratis a costa del gobierno a estudiar o trabajar y no cabía duda de que eran comuñangas. Yo llevaba diez dólares en el bolsillo y quería comportarme como un yuma. Lo que pasa es que no sabía qué terreno pisaba. Tenía un pasaporte con permiso de residencia en el extranjero, pero estaba sentado en un asiento de un avión de Cubana que era como si estuviera pisando territorio cubano. Estaba preso y no lo sabia, y yo loco por utilizar mis diez dolares y no me atrevía. Quería comprar chicles, Marlboro, Whiskey y todas esas cosas que te hacían sentirte superior, dueño de la situación, pero no me atrevía. Tenia tremendo miedo de que estuvieran vigilando porque como la seguridad del estado lo sabía todo, seguro que había una cámara en el servicio y me habían visto sacarme los apestosos diez dólares y meterlos en el bolsillo y estaban esperando ansiosamente a que les diera la oportunidad de mandarme para el tanque. Tremenda situación y no podía ni preguntar, porque tenía un pie en la prisión.

Empecé a mirar a todo el mundo con tremenda intriga, un negro del lado de allá del pasillo, me dijo retorciendo la boca.

- Que bolá asere, ¿se te ha perdido uno igual que yo? -

Desvié la vista y ni me atreví a contestar, tenia toda la pinta de ser una provocación de la policía, para que formara la bronca y allí mismo meterme preso. En realidad estaba preso de mi mismo a diez mil metros de altura en un avión de Cubana cuya única escapatoria era el vacío y que estaba atestado de comunistas que como leones me miraban, como a la oveja descarriada, el gusano, el sin patria, el cabrón que se iba a gozar de las bondades del odiado sistema capitalista.

Cuándo ya no podía mas y estaba a punto de gritar ¡ mátenme de una vez, coño!, me sobresalto el tacto de una mano femenina en mi hombro.

- Señor, quiere comprar algo del DUTY FREE -

Me quede perplejo, señor, yo señor, si siempre me habían dicho compañero y va que jode.

-¿Qué le pasa a esta blanca?- me dije- seguro que va de jodedera o piensa que yo soy un gusano que me voy del país, mas gusana es ella que se le ve en la cara que un día se queda en cualquier país.

Y se quedó, me la encontré un día paseando por la Puerta del Sol. No me conoció claro, ni siquiera me miró. Me le acerqué y le conté lo del avión, la tipa me puso una cara de susto del carajo y leí en sus ojos que me tomaba por agente de la seguridad del estado cubano.

-Perdone señor pero estoy apurada- me dijo esquivando mi mirada y dándome la espalda.

La deje irse sin decirle nada, berreao, la muy comemierda me había tomado por policía.

- Pero que le pasa a la gusana esta, si yo solo quería hablar con una paisana- dije malhumorado y en alta voz.

Una vieja que pasaba y me oyó, me miro de reojo enarcando las cejas, habrá pensado.

-¿ De donde será este negro que los paisanos son gusanos?-

-Señor ¿quiere comprar algo?- repitió con retintín.

- No tengo dinero... cubano- dije con el corazón en la boca y en un susurro.

- Niño ¿quién te dijo que esto era con dinero cubano, no ves que esto es DUTY FREE?- adoptó esa expresión femeninamente cubana donde uno no sabe si le gustas o le caes bien

-¿Y por qué me preguntas a mi solo?-

-Niño bájate de esa nube, yo le vengo preguntando a todo el mundo- la misma expresión pero con recochineo

-Pero si la gente no tiene dólares - hice una mueca y me pasé la mano por la cabeza, lo hago siempre que estoy cortado.

-Qué sé yo, ¿tu crees que yo soy policía?- se había enfadado.

-¿Y si era policía de verdad?- pensé- que va, ese truco es viejo.

-No, no quiero nada- dije girando el cuerpo para coger una revista del suelo.

-Niño ¿en qué tu estas?, ¿tu crees que yo estoy jugando?- terminó dándome la espalda.

-Señor, ¿quiere algo del DUTY FREE?- siguió en su búsqueda de poseedores de divisas.

Me quedé mirando cómo se alejaba, sumido en un mar de dudas ¿Y si estaba equivocado? Me estaba aguando el vacilón de sentirme yuma por primera vez: el sueño de mi vida.

Iba cinco o seis filas adelante cuando me decidí; saqué mis diez dólares y los olí, todavía estaban en candela. Los alisé, me levanté y fui hacia el carrito.

-Niña, dame un paquete de chicle, un cartón de Marlboro y una botella de Whiskey- le dije sin enseñarle el billete.

-Oye ¿te peinas o te haces papelillos?, ¿en qué tú estás?-

Le extendí el billete, lo miró con cara de comedia silente, me miró y tomó el billete. Se llevó las manos a la cintura con tremenda chusmería y con un meneíto, me dijo:

-Mi hijo, ¿de dónde tú has salido? Con diez dólares no se va a ningún lado. No te mandes a correr que tú no eres Juantorena-

Me quedé boquiabierto, me sentí ridículo, como el bobo de la película.

-Pero ¿qué...qué.puedo comprar con esto entonces?-

-Pues no sé, o la botella de Whiskey o el cartón de Marlboro o unas cajas de Marlboro y unos chicles o una botella de ron. ¿por qué no compras ron que es lo tuyo? no te hagas el americano-

Tenía ganas de tirarme por la ventana del avión para afuera. No sabía qué hacer, no me había preparado para una situación así. Mientras pensaba, se puso a manosear el billete -claro no sabía su procedencia. Si hubiera sabido dónde estaba hacía un ratico, tremendo escándalo me hubiera montado. De pronto, se llevó el billete a los ojos y lo acercó a la luz del techo.

-Niño este billete está un poco raro ¿no será falso? Déjame ver-

Tremenda película. Mejor que la que estaban poniendo en el avión. Todo el mundo mirando y la blanquita aquella poniendo en entredicho mi billete, acusándome de falsificador. Eso era delito mayor, como contrarevolución o algo por el estilo. Estaba embarcado. Me dio changó con conocimiento y cuando estaba a punto de cantarle las cuarenta, dejó de mirar el billete, me lo alargó y me dijo:

-No, no es falso, pero afloja niño que no tengo todo el día para ti- me dijo toda segura.

Coñó, tremendo número. Aquella tipa tenía una máquina de detectar billetes falsos en los ojos. Para una atracción de circo no tenía precio.

-Dame un paquete de chicle-

-¿Quéeee, ¡tú estás loco! ¿cómo vas a comprar un paquete de chicle con diez dollares?, ¡Un paquete de chicle, ave maría purísima!-

-Yo compro con mi dinero lo que me da la gana-

A todas estas ya la chusma estaba en la onda, vacilando la telenovela.

-¡Metelé una galleta por fresca y atrevida!- soltó uno

-¡Atrevidaaaa ¡- el coro no se hizo esperar.

-No te meta en lo que no te importa bretero, bemba chula- contestó la socia botada para el solar, total.

-¡Atrevidaaaaaa!¡uuuuuhhhh!¡atrevidaaaaa!- se encendió la valla.

-Ustedes se salvan que yo respeto mi trabajo, partída de chusmas- se las traía la blanquita.

Le arrebaté el billete de la discordia de la mano y me fui a mi asiento. Esperé pacientemente a la policía. Había entrado al trapo como un bobo, me había descubierto yo solito.

-Comemierda, que eres un tremendo comemierda- me decía mientras la nórdica no me quitaba los ojos de encima. Debió pensar que un psiquiatra no me vendría nada mal.

Recosté la cabeza, cerré los ojos y me fui quedando dormido, mientras oía a la muchedumbre que a ritmo de conga, le cantaba a la detectora de dolares falsos.

-Eso te paso por atrevida, aahh, aahh, aahh, por atrevida-

-Esto es Cuba y lo demás es bobería- y me dormí.

Soñé que nos abordaba un avión de la Policía Nacional Revolucionaria, con sirena y chirimbolo azul destelleante, paraban nuestro avión y entraba un agente con casco de piloto y pistola a la cintura.

-Ricardo Álvarez.-

-Si soy yo-

-Acompáñenos, está detenido-

-Pero, ¿por qué? -

-Por berraco-

Sentí que el policía ponía su mano en mi hombro y con sonrisa siniestra me decía:

-Ahora le vamos a dar todo los chicles que quiera, todo el whiskey que quiera y todo los Marlboro que quiera pero con una condición ..tiene que consumirlo todo en el viaje, no puede bajar nada a tierra, ja,ja,ja..-

-Niño, niño, ¿no vas a comer?- era ella, la azafata, su voz ahora era dulce, cómplice.

-Eh, deéjeme por favor -

-Niño deja la bobería y come, no te preocupes, esto es gratis, invita la casa-

-Deja la jodedera conmigo- Devoré la comida, tenía un hambre del carajo. Pasó el carrito llevándose las sobras.

-¿Quieres un traguito de ron, también invita la casa- me dijo con un guiño malicioso.

-Cabrona- pensé, pues la verdad que si, trátame bien.

-Solo te voy a dar uno, no pienses que vas a coger borrachera gratis-

Pues me tomé uno, dos, se animó la cosa, apareció una guitarra, unas tumbadoras y se formó la cumbancha, fui hasta el office, en la cola del avión, saqué mis diez dólares y

-Eh, niña, dame tres botellas de ron, ¿me alcanza?-

Sonrió con sonrisa amplia y sincera y me dijo:

-Claro papi, para tres y cuatro también-Tremenda nota, tremenda descarga, la rumba se puso rica, hasta la nórdica cogió tremenda borrachera y se quería quitar toda la ropa bailando rumba. Se formó hasta un trencito que recorría los pasillos a ritmo de:

Una, dos y tres, eh
Una, dos y tres, eh
Usted es una atrevida
Atrevido es usted.

¡Oh! Qué rico, qué despedida. Cuba me despedía echándome su manto protector por encima y diciéndome "cuídate hijo y vuelve pronto, te espero". El amanecer nos sorprendió rumbeando, rumbeando vimos llegar al sol entre nubes, rumbeando aterrizamos entre hurras y vítores al piloto, rumbeando entramos al aeropuerto de Barcelona.

-¡¡Haced el favor de calláros!!- ordenó tajantemente un señor de uniforme verde con bigotico y una cosa rara en la cabeza.

Se acabó la borrachera, la rumba salió corriendo y se volvió a montar en el avión. De todas formas no la hubieran dejado entrar, su pasaporte no estaba en regla. Habíamos llegado a Europa, algo muy serio. Me borré la cara de borracho, me estiré la ropa, pasé el control de pasaportes y busqué a mi mujer entre la gente. No estaba.

0
0
0
s2sdefault

Escribir un comentario

NOTA IMPORTANTE SOBRE EL USO DE LOS COMENTARIOS:
Por favor, recuerde que los comentarios son comentarios no un consultorio, es decir, si usted tiene algún tipo de consulta que realizar, hágalo en nuestros foros, (http://www.conexioncubana.net/foro) allí siempre hay personas dispuestas a ayudar.
Gracias.


Código de seguridad
Refescar