Largando por mi boca, asere

Araceli estuvo aquí

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Sonó mi móvil y con apenas un solo tono se cortó la llamada, vamos que no me dio tiempo ni a contestar. Rápidamente fui a llamadas perdidas y marqué para saber de quien se trataba.

Al otro lado del teléfono se encontraba Araceli la viejita habanera que con alta gritería contestaba sabedora de quien era su interlocutor.

¡Toniiiii mijito, estoy aquí en tu ciudad! – ¡necesito verte, voy a estar dos días por acá!

Quedé con ella y me contó su papelaso acá. Estaba como en otras ocasiones con una familia de cubanos habaneros que estaban ubicados unos años acá. La tenían hospedada por la vieja amistad de antaño y ella con las guaguas municipales y con su carné de pensionista se movía por toda la ciudad, (carné gratuito par los pensionistas) ya que ella es viuda de un español que conoció en la habana y goza de la doble nacionalidad (todo esto ya lo contaba en el relato publicado en esta Web. ARACELI Y SUS CIRCUSTANCIAS.

Araceli tenía que viajar a Lugo, obligado paso por Madrid, allí tenía su “cuartel general” de allí era su fallecido esposo. araceli

Me contó que ella por su cuenta y riesgo en mi ciudad estuvo en la estación de autobuses preguntando por el horario de las guaguas y mira por donde el que la atendió, a su pregunta de ¿cuanto tarda la guagua hasta Madrid?, este le daba en una especie de ticket en letra muy pequeña por lo que ella insistía. ¡Mijo dime lo que tarda hasta Madrid!

El de la ventanilla le decía por esa especie de cristal gordo que ella apenas oía, que mirara el papel de marras, y así una y otra vez los dos. En ese dialogo de besugos. Araceli optó por poner tierra por medio maldiciendo el trato recibido.

Esto me lo contaba junto con mi esposa cubana que me acompañaba en la cita y ante el estupor que me causó aquella especie de atropello, pues vi. El ticket de los horarios y no eran muy aclaratorios que digamos, por lo que opté por acompañarla a la estación de autobuses y arreglarle lo del viaje.

La estrategia a seguir era que mi esposa preguntara lo mismo que ella había echo horas antes, y los tres en la cola de la ventanilla para la misión que allí no llevó. Araceli decía. ¡Ese joven fue el de la preguntica! Había tres despachando billetes… ¡hay dios, que no nos atienda el descarao ese!, se quejaba Araceli.

Y mira por donde cuando nos tocaba por riguroso orden ¡zas! El mismitico y como si estuviera predestinado… ¡Díganme, que desean!

Mi esposa preguntó. ¿Me puede decir lo que tarda la guagua hasta Madrid?

Araceli estaba como escondida en la esquina del mostrador aquel, el dependiente le dio a una maquina para que saliera el ticket explicativo, diciendo y con mirada hacia Araceli. ¡Ya se lo di a la señora cuando estuvo aquí!

Araceli decía. ¡Nos tocó el tipo ese!

Ella con su cantinela seguía con su muela.- ¡Pregunta cuando tarda hasta Madrid!, el dependiente sonreía y cruzo varias palabras con mi esposa que hacía de preguntadora, diciendo en voz baja hacia mí, este es cubano…

Yo espectador de todo lo que estaba viendo no salía de mi asombro ¿que es cubano?- Sí, este es cubano.

El dependiente lo oyó y dijo ¡sí, y de La Habana vieja!

¡Coño! Me salió de sopetón, ¿y como no le resolviste a tu paisana la información que te solicitó?

Me contestó.- ¡Le dije que mirara los horarios, vienen detallados en el ticket!

Araceli insistía medio amagada, ¡mira que tocarnos el singao este! ¡Yo no quiero ni ver al tipo ese! Y el caso es que él lo estaba oyendo to!

Ya no puede aguantar más y la puse frente al dependiente. ¡Araceli ven acá! Mira este es cubano. Ella le dijo…. ¡tu eres tremendo descarao, no me resolviste y ahora si!... ¡Singao!

Total que riéndose él, y Araceli toa quemá. Con el billete que ella quiso salimos de allí para llevarla a su casa.

Araceli el día que tenía que marchar me hizo que la llamara a su móvil para no hacer tarde y ya puestos la llevé a coger su guagua.

Araceli me dejó un encarguito… Mijo, ¿me puedes resolver estás recetas de medicinas pa cuando vuelva en Abril? Eran de su tratamiento médico, ¡ah! y mira de sacarme el bono bus que me caduca pa febrero.

Araceli se comporta como si estuviera sobreviviendo… me contó como una victoria que cuando le daban allá carticas para echarlas al llegar a España, ella las entregaba en mano desplazándose hasta su destinatario y se quedaba en la casa el tiempo que podía.

En una ocasión estuvo viviendo tres meses en un apartamento por ese sistema, hasta que el dueño le dijo que se lo dejara, que llegaba su hija de fuera y le hacía falta. Notó en mi cara que aquello que me contaba como un logro no lo veía bien, y me dijo.

¡Mijito, mi economía no da pa más! ¡Si hasta tuve que echar las cartas en una temporada que viví en Canarias!

Está claro que esta superviviente cubana le echaba morro al asunto, era comprensible dada su situación de pensionista, además de su estado de esa especie de sobre vivencia que ella llevaba a caballo entre España y Cuba. No podía por menos que echarle una mano mientras de digo… Y yo que voy a hacer… A mí me pasa de to, siempre he dicho que me meto hasta en los charcos…

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