Largando por mi boca, asere

Le quitaron el carro

Recibí un mensaje telefónico donde escuetamente me decían “A Luis le quitaron el carro”

Me puse en contacto con el damnificado por la noche, lo llamé por teléfono a su casa de La Habana y me contó la película diciéndome

— ¡Toni venía de pasar el día con la familia de la playa! Siguió contándome Luis que así se llama este habanero — Con mi esposa y mis dos niñas y a la altura de Alamar me detuvieron y escuetamente me dijeron que el carro quedaba en poder del estado, quedaba decomisado.

Luis que así se llama este cubano habanero se quedó con los bártulos de la playa y la familia tirados como colillas en la carretera y los eficientes policías se llevaron el carro cumpliendo el cometido de buenos agentes al servicio del país.

Luis tenía el carro que era propiedad de una señora de un país latino, era la viuda de un agregado al consulado del país en cuestión, que importa cual fuera. Por agradecimiento con Luis la citada señora lo autorizó a manejarlo y así Luis se ganaba la vida, haciendo de botero. Cuando Luis tenía algún problema con la titularidad del carro ella daba la cara y resolvía el asunto sin más. Pero en esta ocasión no le valieron coplas.

— ¡El vehículo queda en poder del estado, esta señora no puede tener cuatro! Eso fue lo que le dijeron a Luis cuando se lo llevaron. Luis con cara de “yo no fui” esperó a que su cuñado previa llamada telefónica vinera a recoger a la sorprendida familia tirados al implacable sol del caluroso domingo, con la tragedia que supuso tamaña acción. Las dos niñas menores llorando, el y la esposa con cara de póker. Luis es el cabeza de familia, de el dependen esposa, dos menores y su padre y madre de 92 y 80 años respectivamente.

Las gestiones, que más bien son lloraderas de la buena señora “propietaria” diciendo en la oficina de turno, ¡ustedes me vendieron tantos coches como pudiera comprar! Así le dijeron en su día. A lo que le contestaron —señora, son órdenes de arriba…

Yo me pregunto ¿de arriba? De donde, ¿del cielo, del señor, del que todo lo ve? O de los dueños de la finca llamada Cuba. Los hermanos Castro.

Pues nada, este habanero que con el carro luchaba por la jama de su familia, ahora se tendrá que rebanar los sesos para que en su casa siga hirviendo la olla de unos frijoles cada vez más escasos y más difíciles de encontrar.

Miércoles, 24 de Septiembre del 2008

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