Largando por mi boca, asere

Apúrate!

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Recuerdo estando en Cuba, la primera vez que se dirigieron a mí con denuedo y total  contundencia con la palabra ¡APÚRATE!

Algo sorprendido, por venir de mi novia cubana, no tuve más remedio que hacer caso… rápidamente obedecí… y me apuré. De mi petaca de puros saqué uno y me lo llevé a la boca, mostrándome sumiso y obediente, diciéndole – ¡ya estoy apurado!

Oyendo de mi interlocutora sorpresivamente lo que a continuación relato— ¿Pero que tú ases?

¿Yo?, obedecer…

--¡Mijito tú no estás bien de la cabesa! Decía ella con ese gracejo cubano

—No te entiendo, contesté sorprendido.

Siguió con su tema  mi acompañante —te dije que te apures, ¡que vamos a llegar tarde…!

--¡Ah!  Comprendo, tú me quieres decir que me de prisa, contesté yo.

--¡Pos clarito mijito!, ¿tú no dijiste que nos diéramos prisa en esa cita que tú tienes en la Plaza de Armas?

--¡Sí, sí ¡ ahora mismo nos vamos…! Terminé por decirle.

Resulta que para mí lo de apúrate lo entendí como si tuviera que blandir un puro en mi boca, vamos que me fortificara detrás de un buen puro y más estando en Cuba.

Entendí que era lo correcto, ya que al salir por la puerta de la casa, justamente en la casa de al lado había la bodega*, donde se sentaban muchos viejitos jubilados y casi todos tenían su puro en la boca y con ellos mantenía mi particular pulso de demostrar que yo sin ser cubano también me gustaban los puros.

De ahí mi ingenuidad, pues en la península hubiéramos dicho ante su contundente recordatorio.

¡Date prisa!

Y no es para desechar del todo mi acto, ya que así lo entendí. No hacía mucho rato también me dijo ella misma, ¡dúchate! ¡Vístete!, o incluso cálmate, entonces lo de ¡APÚRATE! No le iba a la zaga, convendrán conmigo los lectores, que eso podía pasar como me pasó, ¿ no es verdad?

*La bodega, especie tienda en Cuba, donde los vecinos de la zona y provistos de la libreta, tienen cuotas de comestibles y demás artículos de todo tipo a precios populares y con pesos cubanos.

Hay formas de decir las cosas que nos hacen que tras meditarlas las comprendamos y si no miren esta otra. LA PRIMAVERA. Imaginemos por un momento lo que se oye muy a menudo.

¡Llega la primavera…! si por casualidad tú tienes una prima que se llamé Vera, de apellido o de nombre, pues te puede confundir y tras oír… llega la prima –vera, te prepares a recibirla, como si llegará de su pueblo en plan de visita.

Esas acepciones  en la lengua castellana por su variedad dan para mucho. Seguramente hay más y como ejemplos he citado estás dos. Si me acuerdo de alguna más se las iré contado.

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