Jinetero,... ¿y qué?

Una visita a la Mafia de Miami

Esto no es un comentario políticamente correcto, pero como, de hecho, ya mi vida es políticamente incorrecta dependiendo desde donde se mire; ahí les dejo eso. Estas son mis verdades que podrán ser lo que sea, pero son las mías y como siempre no tienen que ser acatadas por nadie:

Una visita a la Mafia de Miami. (1 de 3)

¿Qué cubano nacido después del triunfo de la Revolución no ha oído acerca de la mafia de Miami? Es algo así como el “coco” oficial con capacidad para cargar con sus culpas y las nuestras en un mismo cuerpo. No importa cual tarea haya terminado en fracaso: Para eso tenemos una Mafia de Miami, detrás de nuestra incapacidad está su largo brazo. ¡Si es que hasta un ciclón tuvimos que fue catalogado de ciclón imperialista!

Dada la posibilidad que ahora tengo de moverme a mi antojo fuera de la isla sin tener que darle cuenta a ningún seguroso y debido a mi fiebre de Blogs decidí hacerles una visita (Cibernéticamente hablando) allí en su sede: la blogosfera que flota sobre la ciudad de Miami.

Y esta primera, corta y creo que última visita ha terminado como la fiesta del Guatao pues soy un libre pensador que a estas alturas no cree ni en la madre que lo parió y no mete la mano en la candela ni por Dios. Veamos algunas de las reacciones:

  • Mira, yoyo cara de bollo, si en Cuba se limpian las nalgas con lo que dicen en el exilio, con lo que se escribe y piensa, sobre todo cuando lo hacen librepensadores como Carlos Alberto Montaner, Antonio de la Coba, Armando de Armas o Rafael Rojas, pues peor para ellos, seguiran limpiandose las nalgas con papel periodico, seguiran siendo esclavitos, mande ud. señor comandante, mande ud. señor turista, quiere que le mame la pinga señor turista, esclavitos aún después de que salgan de la isla, como tú, yoyito sin mente.
  • Bueno, el “tal Yoyo” vive en Europa. Eso explica muchas cosas. Que se de una vueltecita por Miami, a ver si aprende a escuchar a la otra parte. Necesita las historias de Café y los relatos de fusilamientos y asesinatos. Necesita conversar con esos que perdieron a sus familiares en el remolcador “13 de Marzo”. En resumen, necesita aprender.
  • Yoyo: También critico las palabrotas y faltas de respeto en el debate. Enturbian el buen pasar. Pero hay algo que es real:Miami es Cuba. Lo que quiero decir, la cubania subsiste en Miami como en ningún otro rincón fuera de Cuba. Entender a esta ciudad requiere su tiempo. Hay demasiadas historias de las cuales nunca supimos rondando por todos los lugares.
    No hay dudas, cubanos somos todos, lástima que los que moran en otros lugares tengan del exilio de Miami esa imagen distorsionada que durante años y años ha presentado Fidel Castro. Creo, con todo el respeto que tus últimos comentarios son un reflejo de eso.

Bueno y cosas por el estilo.

Que me acusen de maricón, jinetero, comunista y lamebotas todo en uno, ya no es cosa que me quite el sueño. Pero tras estos ejemplos yo veo varias cosas que ahora comento, siempre a manera de mi propia visión, que no tiene que ser verdad. Porque como dije un poco más arriba. No meto la mano en la candela ni por Dios, imagínate por mi mismo.

Cuba es Miami

Eh… qué decir de esto. Al parecer algunos señores dan por sentado que ellos son la máxima expresión de la cubanía. Vaya que Cuba dio todo lo que iba a dar al crearlos a ellos y cuando decidieron partir a tierra extraña recogieron la nacionalidad como si de ropa se tratara, la metieron en su maleta y nos han dejado al resto desnudos, o dicho en otras palabras sin nacionalidad. Cuba se mudó, ahora los que quedamos allí somos chinos, pero no cubanos, cubanos son ellos. Nada creado en Cuba después de su partida merece ser tenido en cuenta. Ni los ingenieros, ni los deportistas, ni ninguna de las simples almas que caminan por las ciudades abandonadas, valen un céntimo. Poco importa que los ingenieros cubanos de Cuba hayan creado cientos de obras, estas son malas per se, por el simple hecho de haber nacido a destiempo porque hasta la tradición educacional ha partido a su entender con ellos. Hace días leía una entrevista a un “colega” en Miami y no pude llegar al final, simplemente no pude oir tantas alabanzas a su tiempo y a su persona y sobre todo que mi colega daba por terminada la historia de Cuba, si alguna vez Cuba retomaba “el buen camino” debía empezarse desde aquel día donde se paró la historia, quedando estas cinco décadas como un gran hueco negro.

La música cubana es la de allá. Poco importa que el resto del mundo reconozca la calidad de los músicos actuales, los únicos músicos son aquellos que les acompañaron.

Muchas veces se nos ha acusado a los que quedamos en Cuba de ser los culpables de la destrucción del país. Esto puede ser verdad mirado desde fuera. Pero yo que estaba dentro hasta el otro día tengo una visión totalmente distinta de los acontecimientos. Cuando nacimos yo y la mayoría de los cubanos que viven en Cuba hoy, la revolución ya estaba hecha. Fueron los sucesos que terminaron en 1959 el legado de la generación anterior. Nuestros viejos nos dejaron “eso” como herencia. Todos: los que se quedaron y comenzaron a dirigir aquel país sin tener ni idea de lo que hacían y los que se fueron y abandonaron todo en manos inexpertas. Si alguien tiene alguna vez que dar cuenta del desastre no somos nosotros sino la generación de aquella época.

Exilio es una palabra muy linda

A menudo oigo la palabra exilio en bocas cubanas usada de manera errónea. Alguien que tiene la posibilidad (la use o no) de ir a Cuba a pasarse unas vacaciones, visitar a su familia y pasearse de una punta a la otra de la isla no es un exiliado, es un emigrante. Otras veces se acompañan de un apellido aún más altisonante, que los hace hijos de nadie: Exiliado político. Pero cuando pregunto: ¿Cuáles fueron las acciones que hiciste en Cuba para merecer tal título nobiliario recibo la mar de raras explicaciones, acerca de que todo en Cuba es política y que si el hambre es sinónimo de política y… Pa´ qué contarte. Na´ man, tú me disculpas, si tú no realizaste ninguna acción que hiciera peligrar tu vida, si no formaste parte de ningún partido de la oposición y como yo ni siquiera sabías de su existencia cuando estaba en la isla, tú eres un sencillo y común emigrante económico como lo es el chino que vende flores en la esquina o el dueño del restaurante croata de la otra cuadra. Tú, como yo, saliste de Cuba para buscar medios de realizarte económicamente, (sólo que tú terminaste en Miami y yo seguí de largo pa´ Europa) porque lo que si está claro es que la libertad económica garantiza la libertad política. Un rico puede pensar como le salga de los huevos, no es “presionable” y por eso tú y yo cuando nos fuimos de Cuba lo hacíamos con la esperanza de conseguir dinero y enviarlo a Cuba, pa´ que tu familia viva más holgada y disminuir la presión sobre sus cabezas. A mí no se me ha olvidado, por eso me sorprende tu borrachera de exiliado político.

Esto no es física en la que cada acción tiene una reacción. El hecho de que Fidel sea un hijoeputa no te hace santo. No es la persona que emigra la que se califica a sí misma de exiliado, sino el país que lo recibe el que, según su propia opinión y leyes, decide si tú eres o no exiliado político. Tanto es así que la inmensa mayoría de los cubanos que hoy gozan de la categoría de exiliado político en USA no alcanzarían jamás la categoría de exiliado político en ningún otro lugar del mundo. Es sólo debido a las leyes americanas y por intereses de ese país que obtienen tal categoría sin haber siquiera, como yo, levantado la voz en contra de quien tú sabes.

“No hay cubano que no hable mierda”
Guillermo Álvarez Guedes

Estoy por pensar que la libertad de expresión causa borrachera, es como una adicción que hay que saber combatir a tiempo o terminamos como dice Álvarez Guedes, hablando mierda y haciendo un ridículo de competencia.

Leía el prólogo a un libro de un conocido escritor cubano gay en el extranjero (no en el exilio) que describía las causas que lo hicieron marcharse de Cuba en marzo de 1959 como debido a la persecución contra los homosexuales. El intelectual, que vivió en Europa desde aquel entonces, afirma no haber tenido la oportunidad de ir a la isla durante ese tiempo y se hubo de conformar con invitar a sus familiares a visitarlos acá.

Fue mi madre, que ha vivido en la isla desde 1940 a la fecha, la que me alertó de las incongruencias históricas. En su tercer mes de vida la Revolución no había mostrado ni por asomo su lado homofóbico, lo que no quiere decir que no existiera, pero eso vino mucho después. Además, continuó la vieja, un tipo que llega a Europa mediante una beca para estudiar no es precisamente un perseguido y menos en ese tiempo, había que estar muy en línea con la revolución para obtener ese gran privilegio. Él decidió no regresar a la isla, ese es su único “pecado” que a estas alturas ha sido condonado con creces. Señor los cubanos salidos antes del 1972 pueden viajar a la isla con pasaporte extranjero y si a estas alturas no has obtenido otra nacionalidad, “La comunidad” viaja a la isla desde 1980 a la fecha. Coño, man, uno no es chino y no vivió por gusto en esa isla perdida de la mano de Dios.

Se busca un héroe.

Cada vez que hablo con un cubano en el extranjero, este cree merecer la medalla al valor, sólo por haber salido de la isla. ¿Qué es más difícil, vivir en el extranjero o en Cuba? Yo creo que quien piense que es más difícil vivir en el extranjero deberíamos mandarlo a Cuba para que repase las asignaturas olvidadas y le enseñen otras nuevas. Muchos, sin haber tirado un hollejo en Cuba, reclaman un status de héroes que no les pertenece a esos me refiero. A los que en Cuba callaban y aquí no paran de hablar… mierda. Los guapos desde detrás de la barrera, que aún se atreven a gritarle a aquel que está recibiendo cornadas de un toro que lo aplasta contra el piso: ¡Levántate, cobarde y pincha al toro! Lo dicho, desde detrás de la barrera, el toro se ve mansito.

Y por supuesto, yo soy el raro, el comunista porque no acepto que me metan cuentos. Porque yo, al igual que ellos, viví muchísimos años fajao con el toro, sólo que yo a diferencia de mis interlocutores, tengo bastante buena memoria.

El diálogo

Volviendo a mi visita cibernética de la que hablé al principio, quizás lo que más les ha dolido que yo les llame a la realidad, que directamente y sin tapujos les muestre que su mundo sólo existe en sus cabezas y nadie las tiene en cuenta.

Hablan de diálogo con una convicción increíble. Vamos a ver ¿con quién ha dialogado Fidel desde el día 1 de enero de 1959 hasta su muerte? ¿Cuál de los miles de textos y discursos producidos en el exterior (en cualquier destino) fue tomado en cuenta por el gobierno de La Habana? Sorry señores, pero cuando yo digo que en La Habana se han limpiado las nalgas con todas esas historias no lo hago con el propósito de ofenderlos sino de describirles en buen y genuino cubano la realidad que ustedes se niegan a reconocer. Claro que los cubanos que han vivido en la isla estas últimas décadas en la isla nos da lo mismo ser políticamente correctos para no herir sensibilidades. Como dije allí, ustedes perdieron esta partida y Fidel al parecer va a morir en su cama sin que su gobierno haya sufrido un arañazo de su parte. ¿Me hace eso comunista, intransigente, lamebotas, mariconsón y todas esas cosas? Yo sólo les estoy limpiando el cristal empañado a través del que ustedes miran.

Diálogo significa intercambio entre dos partes, lo que ustedes practican y han practicado sin cesar durante todos estos años es un monólogo. Ustedes hablan y sólo ustedes se oyen. Eso, estimados señores, no le sirve de mucho al cubano de a pie en la isla.

Para obligar al diálogo a un gobierno se debe tener un peso dentro de la sociedad, no fuera de ella. No conocí un gobierno de los países exsocialistas que se haya sentado a dialogar con opositores que estaban en el extranjero. Llamar a la rebelión desde lugar seguro es u8n acto casi inmoral. Las cosas se hacen dentro, o no se hacen. En la Cuba actual, (la verdadera porque Miami es USA aunque ustedes tengan su propia geografía); fuerza política sólo hay una y está resumida en un solo hombre. La ínfima oposición, debilitada por la desconfianza y el quítate tú pa´ ponerme yo, no lograría ni en mil años sentar al gobierno en la mesa de negociaciones. No es que me haya convertido al comunismo, es que tengo ojos en la cara. Es lo real, lo que se ve dentro de una isla que ustedes no han pisado en décadas. Los cubanos dentro de la isla ni siquiera saben que en Cuba hay oposición. Mientras yo viví allá, no tuve conocimiento de que existiera oposición, algún comentario me llegó acerca de un tal Payá y un proyecto de firmas. Pero yo tenía que preocuparme en comer, mi realidad se había reducido a subsistir, no tenía tiempo para otra cosa que mantenerme literalmente vivo. Esa es la táctica efectivísima usada en Cuba para acabar con la sedición: Convertirnos en animales que consumen todo su tiempo buscando qué comer para que no pensemos en otras cosas.

En la Cuba actual no hay condiciones para ese diálogo, no es posible. La realidad dicta que para que lleguen cambios estos tienen que ser provocados desde arriba, como mismo ocurrió en la antigua URSS. Sin Perestroika no habría sido posible todo lo demás. Eso lo saben los cubanos que viven dentro, pero ustedes lo desconocen porque viven al parecer no en Miami sino en otro planeta. En un planeta que sólo existe en sus cabezas.

Dos cubanías.

A ver si nos entendemos a través de este ejemplo:

Cuando alguien me dice que le gusta la comida china pregunto inmediatamente: ¿La comida china made in China o la del restaurante del China Town? Estas dos cocinas nada tienen que ver entre sí a pesar de responder al mismo nombre, sin embargo para nosotros simples desconocedores de las tradiciones asiáticas, la comida china es esa que diseñan al doblar de la esquina para nuestros paladares. La otra puede ser digestivamente incorrecta (perros y otros bichos incluidos).

Con Cuba pasa algo parecido. La historia de la isla ha perdido atractivo y no es tan vendible como la potencia económica de Miami. Esta ciudad, que tiene la particularidad de ser el asentamiento del grupo cubano más grande fuera de Cuba y tener mayor peso económico que la isla, puede vender una imagen de cubanía lavada y lanchada, políticamente más correcta y condimentada con Salsa menos agresiva para los grandes consumidores americanos que la Timba cubana. Este no es un fenómeno inventado por los cubanos; en Londres, París, Berlín y San Francisco ocurre lo mismo para las comunidades de emigrantes hindúes, argelina, turca y china respectivamente. Pero a pesar de su peso económico de las comunidades de estas ciudades, ellas han tenido que mutar y adaptarse a su nueva realidad para poder subsistir y no terminar convirtiéndose en un simple Guetto y esto quiéranlo o no los va alejando cada vez más de sus orígenes ya vender una comida china que nada tiene que ver con la hecha en sus tierras de origen. A estas alturas a nadie se le ocurriría viajar a Londres para conocer la cultura hindú, a París para conocer la argelina o confundir a Berlín con Estambul o San Francisco por Pekín. Y por supuesto, nadie en este mundo, interesado en la cultura cubana, viajaría a los Estados Unidos a conocerla sino a la isla de Cuba ni pagaría eso que hace Gloria Stefan como música cubana.

La historia de Cuba es sólo una y no terminó el 1 de enero de 1959. La historia es un proceso que nunca acaba; que sigue y seguirá añadiendo capítulos aunque nosotros no nos tomemos el trabajo de pensar en ella. Aunque sus caminos sean ásperos o incómodos, sigue siendo nuestra historia, la de todos. Por tanto los libros deberán recoger siempre un evento tan importante como ha sido la Revolución de 1959, capaz de marcar para siempre la historia y todo lo concerniente a la vida y cultura de la isla o lo que llamamos los de allí: Cubanía. Esta cualidad de “lo cubano” no se limita a jugar dominó, tomar café cubano, oír los Van Van o el emblemático “asere ¿qué bolá?”. Es algo mucho más profundo que no está ligada a uno u otro gobierno o partido, ni a un punto físico del planeta, sino a cada uno de los cubanos estén donde estén. Todos somos parte del rompecabezas que define a esa nacionalidad y si uno de nosotros faltara este estaría incompleto, sean los de la isla, los de Miami, los de Europa, los del resto del mundo, los que ya murieron o los que están por venir. La cubanía tiene sus raíces y tronco en la isla de Cuba y nosotros, los que decidimos hacer nuestras vidas en otras tierras, no somos ni podemos ser guardianes de esa cubanía en el exterior. Somos simples ramas que esparcen diferentes tonalidades de esa misma cubanía por el mundo. Como había dicho antes, nadie puede echar la cubanía en la maleta e irse a otro lugar a salvaguardar la cubanía dejando a los de la isla, desnudos. No es la comunidad de cubanos en el exterior la llamada a salvaguardar la cubanía, ese es una pretensión que nadie nos pidió y que nos queda grande, una posición altanera además de innecesaria e imposible de realizar.

Hace días mis colegas de “Generación Asere” publicaban un artículo muy sentido titulado La guayabera va por dentro que describe ese sentimiento que nos mantiene vivos a los emigrantes: la conservación de la conexión con nuestras raíces. Pero hay un detalle que pasa por alto su autor. En la isla de Cuba, con el tiempo la Guayabera como símbolo ha mutado de significado. Si cuando los de Miami abandonaron la isla esta representaba la cubanía; hoy esta prenda ha sido adoptada como uniforme de civil por los órganos de la Seguridad del Estado. Así, mientras en Miami cada cubano tiene un lugarcito en su armario para esta prenda, en Cuba un joven no aceptaría jamás como regalo una Guayabera so pena de ser confundido con tamaños hijos de puta. Resulta tragicómico ver llegar a un cubano de Miami vestido de Seguroso. Este ejemplo deja algo claro: Cada emigrante saca en el momento de su partida su foto de la cubanía que, como foto al fin, es una copia congelada en el tiempo, tirada desde su propio ángulo, tan exacta como le permitió su aparato fotográfico y que, por supuesto, va a amarilleando con el tiempo. Nadie está exento de eso. Este que está aquí, se ha hizo una vez el firme propósito de mantenerse cubano, mantener a ultranza su nacionalidad, su cultura, su cubanía. Mi única aspiración era llegar a ser un cubano con dos pasaportes, pero cubano 100% y nunca me interesó ser llamado de otra manera. Aún hoy mi segunda nacionalidad la utilizo sólo para atravesar fronteras. Pero he aquí que toneladas de inviernos y el embate de otros idiomas hacen mella. A principios de año he viajado a la isla y, parado en el parque central oyendo la discusión de la peña de pelota, me he sentido un tipo raro que no conocía las palabras usadas, ni conocía al pitcher de industriales, ni resistía aquel “calor asqueroso”. ¿Dejaron ellos de ser cubanos? ¿Soy yo menos cubano? No, ambos somos parte de la misma historia, pero somos protagonistas de diferentes capítulos. Ellos son los que resisitieron en la isla heroicamente día a día, yo soy parte de la gigantesca emigración cubana, de la estampida que ha movido a dos millones de cubanos fuera de Cuba, provocada por un mismo hecho: La Revolución. Ellos y yo somos parte de un todo que no puede coexistir y a la ves no existiría una sin la otra. Como aquella trova que nos bajaban en las clases de comunismo científico: La unidad y lucha de contrarios. La historia de Cuba no es la misma sin Miami, ni la de Miami sería la misma sin la existencia de Cuba y su Revolución.

Cada cual piensa como vive, por tanto hoy yo, aunque no sea ni más ni menos cubano que el más cubano de la isla; sigo siendo políticamente incorrecto como el que más, pero que me han cambiado las mujeres de pubis afeitado y el descafeinado

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