Jinetero,... ¿y qué?

Desempleo e inmigrantes

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Mi madre, me toca el brazo y me dice entre incrédula y sorprendida: ¡Oye, ese señor bien vestido que va delante de nosotros, el del traje gris; acaba de pescar una botella del latón de la basura y algo así como un pan a medio comer que guardó en el portafolio…! No lo puede creer, porque no caminamos por La Habana sino sobre la cima del mundo. Este señor no es un buzo criollo, harapiento y maloliente. No, este lleva un traje de segunda, pero traje al fin y la denominación de origen tatuada en el culo: Made in La Yuma.

He venido a dar con mis huesos a uno de los lugares más desarrollados del mundo. Mi ciudad es punto de referencia universal para las artes, las ciencias y todas las cosas buenas. Aquí todo y todos son buenos. Sin embargo yo he descubierto cientos, miles de mendigos. Claro está, mendigos desarrollados, mendigos de alta tecnología, invisibles a los ojos de las altaneras estadísticas. Ellos nos esperan en la puerta del Metro, en sus escaleras, en los trenes para pedirnos una moneda. Acosan con sus manos perfumadas, caminan insistentes a nuestro lado mirando la hora en el reloj de marca. Algunos piden con voz lastimosa, ensayada a tal efecto, las monedas que sobran a los super-europeos que hunden más la cabeza en el periódico. Otros; jóvenes, fuertes rollizos, vestidos de negro y acompañados de su perro sólo alargan la mano sentados en el piso de la estación mientras sobrevuelan la ciudad en su nube de Hachis. Curiosamente, a no ser el ruso que recoge unas monedas tras largos maratones de acordeón, todos los demás que he visto son nacidos y criados por aquí y hasta visten Armani. Porque a los europeos de hoy, que clasifican para la ayuda estatal por desempleo, les conviene más sumar monedas mendigando a la puerta del Metro, que repartir periódicos durante las frías madrugadas de invierno. Total, para eso pagamos impuesto, que hagan eso los inmigrantes.

Sí, porque hay que decir que los recién llegados traemos una costumbre tan vieja como la Biblia: Si no trabajas no comes y por eso nos partimos el culo buscando un puesto de trabajo, sin saber a veces que existen ayudas del estado para los desempleados.

En estos días mi ciudad está patas arriba, el centro está bloqueado y el transporte es un caos frente al ayuntamiento pues el gobierno ha decidido recortar las gigantescas ayudas a quienes no tiene voluntad de trabajar. Las imágenes en la TV no dejan dudas: miles de desempleados marchan furiosos ante las puertas del ayuntamiento mientras al fondo un cubano recién llegado barre la calle y saca cuentas, acomoda su existencia para enviarle unos euros a la niña que dejó en Cuba.

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