Jinetero,... ¿y qué?

Jinetero… ¿y qué?

En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no debo acordarme, coincidimos varios cubanos para cerrar una negociación para la construcción de un Hotel en Cuba. Estaba previsto que estuviéramos no más de treinta días en los que trabajamos desde el amanecer hasta casi la media noche. No teníamos tiempo de salir a conocer la ciudad, ni hubo visitas a discotecas, ni paseos los fines de semanas. Las pocas pausas, las hacíamos frente al televisor mientras engullíamos un bocata, que traía uno diferente de nosotros cada día. Precisamente uno de esos días en el que el cansancio ya nos rendía pasaban por la tele un reportaje a Dinio quien en casi una hora nos mostró su nueva casa, su Audi TT nuevo que ya pretendía vender para comprar otro más “pijo”. Su estilo de vida se limitaba a levantarse casi al medio día, tomar una ducha, luego masajes, gimnasio y saunas en su propia casa…

- ¡Ese tipo es un comemierda!- exclamó el más viejo de nosotros

- ¿Comemierda? ¿Quién, nosotros que trabajamos como esclavos por una miseria, que a pesar de ser muy ingenieros estamos comiendo un bocata de 300 pesetas al día o este tío que ha resuelto su vida y la de su familia por sólo una mamada?

Y ahí se formó la discusión.

He recordado esta anécdota gracias a algo que he leído en el foro de Conexión Cubana. Y es que los cubanos, y aún más los españoles, seguimos pensando como aquellas viejas que iban a la iglesia de los pueblos y se persignaban al pasar por delante de los prostíbulos que sus propios maridos insatisfechos frecuentaban. ¡Cómo nos cuesta aceptar que vivimos en un mundo donde esos valores pasaron a la historia hace mucho tiempo. Donde lejos de preocuparle cómo ganas el dinero, se pregunta si tienes dinero o no y actuar en consecuencia. Donde hoy vivo la prostitución es aceptada como algo normal y es tan legal como el oficio de carpintero. Ambos, el carpintero y la prostituta tienen que declarar gastos, pagar impuestos y llevar un libro de cuentas clarito y en orden o van a la cárcel por evasión de impuestos. De esa manera me he acostumbrado a ver que todo en el mundo es por conveniencia. Aunque en España la gente que se casa deba demostrar que su matrimonio no es por conveniencia sino todo lo contrario: los gallegos se casan por No conveniencia.

Hace un par de años un ex-jinetero me aclaraba en esta entrevista un concepto que nadie toma en cuenta: En este mundo, nadie da nada de gratis, todos pagamos de una u otra manera por cada cosa que recibimos. Sea en dinero, en amor, en trabajo, pero nadie toma nada sin haber depositado previamente el equivalente en su moneda de cambio. Entonces ¿qué diferencia hay entre un ingeniero y una prostituta? A mi modo de ver, ninguna. Ambos venden su cuerpo (el ingeniero el cerebro, ella el culo) por un pago previamente concertado. Ambos hacen uso de sus habilidades para sobrevivir en esta jungla.

En el caso cubano la cosa es aún más sensible (bueno, no más que para cualquier otra nacionalidad del tercer mundo, sólo que nosotros, como ya dije seguimos pensando como viejas beatas). Los matrimonios con extranjeros siempre traerán consigo la duda de si la razón es el amor, salir de la isla, avanzar económicamente o todas al mismo tiempo.

La jinetera, como cada ser de este mundo, quiere progresar y lo hace como puede o sabe. Si alguien se deja engañar es que hay gente pa´ tó. Existirán jineteras en este mundo mientras existan los viejos pepes que van a por lana y salen trasquilados. Es el efecto simple de la ley de oferta y demanda.

Por eso dejo clarito: En este mundo hay gente que quiere ser engañada, gente que quiere oír lo que no es, que quiere saltar por sobre las reglas rígidas de la evidencia. En este mundo sólo existen autoengañados y es muy difícil reconocer cuando nos equivocamos. Es más cómodo decir: Me engañó una jinetera… ¿Señor y no había espejo en su casa?

En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no debo acordarme, viven cinco cubanos. Uno se levanta muy temprano a dar pico y pala en la construcción; otro reparte periódicos, el tercero llena las góndolas del pan recién salido del horno en una panadería desde las 4 de la mañana, el siguiente cuida dos viejitos en la mañana y en la noche limpia los baños de la terminal de trenes del pueblo. El quinto está casado con una tía rica que sabe que no la ama, pero que toma de la vida lo mejor que puede mientras puede y así, bajo esas premisas lleva ya diez años juntos. Ellos son los únicos en el pueblo por eso los fines se semanas se reúnen en un bar a jugar cartas. Al principio reinó la desconfianza entre ellos y el supuesto desprestigio para la nacionalidad que traía la actitud de este último, pero estar en una isla hace milagros. Luego de un tiempo han llegado a aceptarse los unos a los otros mutuamente, respetando y aceptando la vida de cada cual y su derecho a ganarse la vida como cada cual estime conveniente.

Venga, ya me dirá alguien que todo en la vida no es el dinero. Por supuesto que el dinero no lo es todo; también están las tarjetas de crédito, los cheques viajeros y los préstamos bancarios… los únicos que hasta el día de hoy me han resuelto la vida.

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