Jinetero,... ¿y qué?

Un descafeinado por favor

- ¡Un descafeinado por favor!

No, no puedo; aunque lo intente no puedo abarcar Cuba dentro de mi estrecho pecho. Ni aunque tome aire y me esfuerce, puedo abarcar ese sentimiento con el que viví cada uno de mis días. Muchas veces he oído la frase: “Yo llevo a Cuba dentro de mi pecho…”, pero eso no me convence, nadie se lo cree. Porque Cuba hay una sola y quedó abajo cuando el avión nos sacó de lo que en aquel momento llamábamos infierno. Lo que llevamos todos dentro del pecho es una copia más o menos nítida dependiendo del prisma con que se tomó la instantánea. Eso sí, tenemos que aceptar que por mi bueno que sea el papel, por mucho que lo protejamos de los agentes externos, todas las fotos amarilleas y al final sucumben en los dientes de vulgares insectos que borran sin piedad nuestros recuerdos.

Reconozco que forcejeo para mantener esa llama, aunque todos los que me rodean se afanan por soplar y apagarla para que me integre, pero que yo he guardado durante muchos años muy profundo, donde nadie la ve. Ha resistido comidas ajenas, soportado nevadas y el bombardeo inmisericorde de un idioma que ni Dios entiende.

Pero hoy al pedir voluntariamente un descafeinado, me doy cuenta que mi foto también empieza a amarillear. En otro tiempo habría pedido un café negro, como hacen los verdaderos hombres. ¡Dame ahí un café bien fuerte, amargo, malo pa´ la salud y bueno pa´ noches de insomnio haciendo guardia en la Cujae! Ya no soy el mismo, ya no somos lo que fuimos allá, aunque hoy seamos capaces de lanzarnos al vacío aferrados a nuestra bandera (algo que estando en la isla habríamos desechado por cursi). No, no somos los mismos. Nos hemos refinado, agregamos sin darnos cuenta el vosotros a las conversaciones y somos políticamente más correctos.

Me comparo con los cubanos de la isla, que no han tenido oportunidad de contaminarse y siguen siendo cubanos 100% lo quieran ellos o no, lo queramos nosotros o no y veo con dolor que si ellos son Cuba a mí no me queda otra cosa que aceptar que me voy desdibujando.

Vencieron la soledad y el frío, los otros idiomas y las mujeres de pubis afeitado, me he acostumbrado al descafeinado y a que ya no todos los negros tomamos café.

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