Jinetero,... ¿y qué?

Carne Rusa

Si preguntas por Dionisio Martínez Pereira no lo hubieras encontrado. Pero si averiguas por "Carne Rusa" todos te hubieran llevado hasta la segunda puerta entrando por el pasillo, a la derecha. Aparte del problema de haber nacido en Cuba, "Carne Rusa" nació con un problema glandular según oí decir un día. Era redondo como un balón, esférico. Pesaba ya a los 9 años, 180 libras. Toda su vida fue marcada por el infortunio de haber nacido gordo. Se puede nacer en Cuba y pasa, pero coño nacer gordo en Cuba ya es el colmo.

Su madre estaba envuelta en carnes, pero aún tenía unas graciosas formas. La buena mujer veía con dolor como su niño crecía en un mar de sufrimientos. Vestirlo era toda una tragedia, aún con una tarjeta de "La Casa de los Gordos". "Carne Rusa" como todo cubano tenía derecho a un pantalón y una camisa al año, y ya. Pero con tanta grasa los pantalones no duraban mucho y andaba entonces literalmente encuero. Su pié no era especialmente grande, sino ancho. Su huella era como la de un elefante: redonda. De ahí su otra tragedia: el calzado.

"Carne Rusa" sufrió en su niñez las crueles burlas de todos los que estudiábamos con él. Él no era uno de nosotros: El era "Carne Rusa", el gordo. Tenerlo cerca era como acercarse a un animal: Olía a gordo y jadeaba como un puerco.

En la escuela al campo sus camisas secándose al sol parecían más bien sábanas. Una vez alguien se quejó de que cuando el tendía 3 de ellas se acababa la tendedera y el director del campamento lo llamó para poner orden en esta situación:

- Dionisio, comprenda que todos tienen derecho a lavar y usar las tendederas así que si no puede hacer uso de ella como "todos", me veré obligado a decirle que lave usted de noche.

"Carne Rusa" no era, ni fue nunca, parte de ese "todos".

Nunca se le conoció jevita alguna. Era blanco como pocos, porque ni siquiera el sol lo había tocado. Se mantenía blanco como un litro de leche. No es que fuera Maricón, es que con esas libras en Cuba no tenía la más mínima oportunidad.

- ¡Carne Rusa, si no miraste pa´tras cuando te parieron te jodiste. Perdiste la última oportunidad de ver una mujer desnuda en tu vida! -¡Carne rusa deja ver esas manos callosas! me dijeron que te cogieron haciéndote una paja en el baño mirando a la mulata Nancy.

"Carne Rusa" tenía dos sueños, el primero era la mulata Nancy. Una mulata achinada que lo tenía loco. A ella le hacía poemas, le daba su merienda y hasta le cargaba los libros cuando volvían de la escuela. De ella con dolor oyó uno a uno sus fracasos amorosos porque se había convertido en su paño de lágrimas. Nancy lo trataba bien, era una amiga, pero no veía en él un hombre, sino eso: una pelota de grasa con orejas para sus desgracias.

El segundo sueño era pesar sólo 100 kilos para decirle a Nancy lo mucho que la amaba. ¡Vale! quizás primero adelgazar y después lo otro.

"Carne Rusa" no comía mucho, quizás menos que yo. Su problema era que hasta el agua lo engordaba. Algo andaba mal dentro de él. Hizo todo tipo de dietas, ejercicios y na´: la pesa seguía pa´rriba y pa´rriba.

Por eso un día se fue a ver un doctor que le ayudara con algo llamado Liposucción. Allá se fue. Por más que rogó no hubo arreglo:

- Este es un método para quien lo necesite por razones médicas, no para hacer uso de él como cosmético.

- Coño, pero mírame viejo. ¡Tú crees que 250 kilos no son un problema médico!, Mira estas venas de las piernas a punto de reventar, mira como me ha dejado esa escalera jadeando como un puerco.

- Ve al médico de tu área y que él te de una remisión y después aquí evaluamos tu caso. Pero te advierto que no te doy esperanzas.

En Cuba la medicina es gratis. Pero hay un espacio cercano en la frontera entre lo médico y lo cosmético, que es tierra de nadie. La revolución paga un transplante de corazón, pues es claramente un problema médico, pero no paga operaciones de belleza. Así que si no entras con fulas por delante, ni el sol te da. Y el pobre Carne Rusa era más pobre que un ratón en una peletería. Estaba condenado a su estado lamentable, a su vida sin futuro y sin mulata; porque como no hay medicina privada alternativa no hay arreglo. Gordo hasta que te mueras… o te maten.

Tenía una facilidad el muy cabrón pa´eso de los números del carajo. Era el único resquicio que le dio la vida, el único lugar donde él era "el bueno de la película". Era una máquina de calcular. En la Cujae las integrales eran juegos de niños, los diferenciales, las teorías cuánticas. Todas esas mierdas que hacían el terror de los estudiantes, la mecánica teórica, y teoría de los materiales, física, química… todo eso era coser y cantar pa´"Carne Rusa".

Aunque en la Cujae estudiábamos diferentes carreras, aún lo veía en la Educación Física. ¡Cómo no verlo! Pasaba jadeando en el "grupo de los gordos". ¡Donde si no!. Allí fue a parar cuando le hicieron las pruebas de eficiencia física. Sus horas de deporte eran una tortura de dos horas corriendo a campo traviesa por sobre las lomas de la Cujae. No creo que bajara una libra en esta especie de MotoCross a la cubana.

Pero a pesar de ser un estudiante brillante y prometer ser un ingeniero brillante, el escalafón integral lo lanzó al fondo del pelotón de los que aspiraban a una buena plaza. Con su título de Oro fue a parar a los muelles. ¿Y qué cojones puede hacer un gordo en los muelles? Más de lo mismo: sufrir.

Con la crisis de los 90 a "Carne Rusa" como a todos se le puso la caña a tres trozos. Bicicleta China no le dieron, porque eso era "pa´personas" le dijo el tipo de personal. No habría llanta que aguantase tantas libras. Y sus compañeros de trabajo empezaron a joderlo con freírlo pa´ darse un atracón.

En el verano del 94, vio como uno tras otros "sus amigos del barrio" desaparecían. Pero a él nadie le proponía irse en una balsa:

-¡Coño si es que pa´ti hace falta una Patana asere!

-¡Contigo en el bote nos hundimos todos!

-¡Asere yo te llevo de carnada pa´los tiburones! ¡¿Dime te conviene?!

Pero la vida da muchas vueltas. Los muelles los privatizaron, pasaron a una empresa mixta y de repente "Carne Rusa" estaba trabajando pa´ unos Holandeses de una firma de nombre impronunciable. A pesar de ver fulas, no mucho cambió una vida donde todo parecía estar cuadra´o desde el principio. O para ser más exacto: redondo.

Pronto los yumas se dieron cuenta de que él valía su peso en oro. ¡Y pesaba 250 kilos! De la noche a la mañana fue a parar a Ámsterdam, Rótterdam, o algo terminado en "am". Pero allá, en el monstruo.

Allá lejos de todo lo conocido para él, el diablo lo tentó y de qué manera:

Al llegar los yumas lo llamaron a la oficina (allá en Rótterdam o Ámsterdam, no se) y fueron rápido al business:

- Mr. Dionisio. Usted no creerá que esté aquí para comprar cuatro tornillos, para los viejos muelles habaneros. Señor usted tiene un cerebro como pocos. Usted puede aspirar a mucho más. Le proponemos lo siguiente: Nosotros lo necesitamos aquí, usted como pocos ha demostrado tener talento para cuadrar el software y acabar de automatizarnos a escala mundial. Le pagaríamos lo que usted no ha soñado jamás y por sus papeles no se preocupe, nuestros abogados se encargan de ponerlo en regla en menos de lo que expire su Visa. Puede usted escoger entre cualquiera de nuestras oficinas en Europa, en los Estados Unidos o en Australia.

Él se congeló en la silla. ¿Yo? ¿Carne Rusa? ¿El gordo? ¿No es esto lo que llaman robo de cerebros?

- ¿Debo contestar ahora?

- No Dionisio, pero tiene una semana para decidirse. Si no acepta pues vuelve a La Habana y aquí no ha pasado nada.

A “Carne Rusa” se le puso la carne de gallina. Mira tú las cosas que tiene la vida. Pero serán brutos estos yumas. ¡Si lo del software no es pa´tanto!

No durmió en los días siguientes, tampoco tenía que ir a la oficina pues él no había venido a comprar tornillos pa´ los viejos muelles habaneros.

Se perdió por esas calles de Ámsterdam o Rótterdam, no sé. Estaba sólo, sin nadie que lo controlara. Le habían dado un poco de dinero, no mucho, pero más de lo que había visto junto en toda su vida

Sabía que por allá por Ámsterdam o Rótterdam no sé, las mujeres se anunciaban en vidrieras. Yo dudo mucho que “Carne Rusa” haya visto una mujer desnuda después que lo parieron así que no lo culpo por gastarse la paga de un año en Cuba templándose una rubia, tampoco porque haya probado a que sabe la “María” si de todas formas dicen que por allá por Ámsterdam o Rótterdam, eso no es ilegal. No se yo no he estado allá.

En la Estación Central vio un anuncio de esos de: “Pierda unos kilos en 10 días” y se le encendió el bombillo: Decidió quedarse.

A “Carne Rusa” el capitalismo o el socialismo le daba igual, lo de él eran los números, adelgazar y la mulata de sus sueños. Todo lo demás le resbalaba. No creía en cubanos u holandeses buena gente, pero con estos últimos ganaría buena plata. Y con la plata se pagaría una liposucción. Y con 100 kilos de menos ligaría a su Nancy, su mulata.

Meses después “Carne Rusa” conocía todos los médicos de la ciudad, los mejores médicos y los más baratos, todos los métodos y pasos a seguir. Hubo que hacerle la liposucción en tres pasos, pero sólo redujo 80 kilos. Tras ellas vinieron otras operaciones para eliminar otros 10 kilos de piel sobrante a nivel de la cintura, la papada y los sobacos.

Aunque en el espejo veía otro hombre, aún estaba por sobre los 120 kilos y él se había propuesto volver a La Habana pesando como máximo 100 kilos. Esa era su meta cuando decidió someterse a una operación de reducción de estómago (No me pregunten los detalles que yo no se nada de medicina)

Todo estaba cuadra´o, una última operación y era un hombre nuevo. De nada sirvió miles de consejos de los únicos cubanos que había conocido. De nada le sirvió que Nancy en el teléfono le rogara desistiera de esa idea.- Aquí los médicos tienen la última tecnología mulata, aquí nada falla. Todo está bajo control.

O casi todo. Porque coño, si no recuerdo mal, yo había oído siempre que su problema era glandular y no que comiera demasiado. Le hicieron muchas pruebas, total el Seguro pagaba. Pero al parecer no le hicieron las que hacían falta.

Carne Rusa no salió nunca del salón de operaciones. Al menos vivo, quiero decir. Como no tenía nadie ni en Ámsterdam, ni en Rótterdam, ni en otro lugar que en este humilde solar de La Habana Vieja, nadie se preocupó nunca por averiguar que había pasado. Ni su madre ni Nancy han oído hablar más del gordo. Sólo sé que lo incineraron, dio cómo un cubo de cenizas. Y cualquiera sabe que vientos hayan arrastrado esas cenizas.

Lo que no sabía “Carne Rusa”, era que los médicos de aquí no se diferencian de los de allá más que en una cosa:

En Cuba los médicos te matan de gratis, acá los médicos te matan igual, pero tienes que pagar...

Lunes, 27 de Diciembre del 2004

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