Historia (no autorizada) de Cuba

Abajo - 1985

1959 – 2000 y pico...

(Tomado del borrador de una conferencia sobre “Semántica y Publicidad” que me encontré en una ruta 174.)

Ni se sabe cuántas veces he hablado horrores del lenguaje publicitario, del utilizado en los titulares de los periódicos y, por supuesto, de la contracción del idioma que se usa para crear consignas políticas. Estoy cansado de decir que con esa deformación del lenguaje se manipula, mutila y hasta se traiciona la coherencia de la lengua con el solo objetivo de atraer al lector, y por tanto consumidor potencial, hacia lo que se enuncia, y anuncia.

Ni se sabe cuántas veces he repetido que eso puede ser terrible... terrible y que puede llevar a resultados desastrosos para alguien algún día. Y ya sé que hay algunos que se atreven a defender dicha práctica porque, según afirman, aunque pudiera interpretarse como literariamente nociva, no se le puede acusar de que empobrezca el idioma y, muchos menos, de que sea poco efectiva, sino todo lo contrario.

Es tan gracioso que piensen así. Me dan risa los que piensan que con este sistema se garantiza la conversión de las ideas en sus síntesis, convirtiéndolas en cápsulas de lenguaje escueto, capaz de colarse en los más escabrosos escondrijos de la mente del receptor. Nada de eso: Confusión... confusión es lo único que consiguen crear. ¿Saben por qué? Porque el idioma es una herramienta de comunicación y cualquier invento en este campo encierra el inevitable riesgo de que las alteraciones lingüísticas trasciendan las funciones para las que fueron creadas y den lugar a hechos indeseados y a sus consecuencias correspondientes. Ahora permítanme que abandone el habitual lenguaje académico; porque mi intención no es defender la pureza del lenguaje desde la pureza, sino plantearles un esfuerzo para que el idioma funcione. De manera que iré, directamente, al grano, al quid, a la cuestión.

Les voy a contar un cuento para que vean lo jodido que puede ser eso de sintetizar el idioma. Lo que les quiero contar no pudo suceder en otro lugar del mundo sino en Cuba y ya después se darán cuenta de por qué les digo esto. Y no especificaría que el episodio que les relato ocurrió en La Habana, si no fuera porque la verdad es que tiene tremenda importancia que haya tenido lugar en Alamar, reparto, como se le decía antes a las urbanizaciones, construido en más de un 80% después del triunfo de la revolución de 1959. El otro dato importante, que deberá servir de antecedente a mi cuento, es que esta ciudad de Alamar fue llamada en algún momento la “Primera Ciudad Comunista de Cuba” y, por ende, del continente americano...

Ahora voy con la historia, para que ustedes vean cuánta exactitud le puede quitar el lenguaje sintético a lo que se verdaderamente uno quiere decir.

¿OK? Sólo un paréntesis. Creo que también sería válido conceptuar con toda claridad que una ciudad comunista debe ser aquella en la cual los edificios, los centros de la vida social, los servicios y la gente que la habitan, son comunistas. No voy a hacer algún comentario al respecto para no caer en posiciones que pudieran interpretarse como parcializadas, pero si usted, que está leyendo esto, quiere entender que comunista significa edificios feos y despintados, que no haya centros de vida social o que los servicios sean deficientes... será usted el que lo ha dicho y no yo. Para mi lo importante era decir que se le llamaba comunista y punto. No vaya a ser que después me cataloguen como propagandista del imperio... enemigo de la revolución... anticomunista vendido al oro de Washington, etc.

Pero, por favor, terminemos con el cuento de una vez.

Resulta que una tarde de sábado corto, que para los cubanos era el sábado no laborable, o sea, uno de cada dos, había frente a alguno de los muchísimos edificios de esta ciudad comunista, cuatro hombres de mediana edad, sentados alrededor de una mesa de dominó... cada uno tenía algo menos de diez fichas ante sí y un vaso de alguno de esos rones que en aquellos tiempos se llamaba “chispetrén” en las esquinas correspondientes.

Hay quienes han afirmado que la gente en Cuba es ruidosa. Eso no es verdad siempre; o por lo menos no siempre la gente se proyecta así. Lo que pasa es que en un país tan abierto, me refiero a un país de puertas y ventanas abiertas por el calor, no siempre uno tiene que entrar y sentarse delante de otra persona si quiere comunicarle algo. ¿Me explico? De ahí que se creara la costumbre, que luego se fue convirtiendo en cultura y ha terminado por estar presente en los genes, de hacer los comentarios, transmitir la información y hasta comunicar chismes resumiéndolos (y escuchen bien que he dicho “resumiéndolos”) magistralmente en un par de frases que se puedan pronunciar, por ejemplo, mientras uno pasa por debajo de un balcón. Y es precisamente ahí, en ese recurso de síntesis idiomática, que se encuentra el núcleo de la siguiente narración y lo que podríamos llamar la “moral” de todo mi discurso. Pasemos a ella finalmente, después de tantos rodeos.

Pasaba Julián frente al sitio en que jugaban dominó los cuatro hombres jóvenes del chispetrén... pero dirigiéndose a Quico, que estaba en el balcón de su apartamento, le soltó esta información, sintetizada y en forma de pregunta: “¿Viste como se cayó Fidel?”

Cuando se pronuncia el nombre de Fidel en Cuba no caben contracciones del lenguaje ni nada que se le parezca. Habría que aclarar si acaso de qué Fidel se trata o de lo contrario se tomará porque uno se refiere al Fidel que vibra en la montaña con un rubí, cinco franjas y una estrella. Por tanto, una frase, dicha así, no dejó lugar a ninguna duda. Los cuatro hombres dejaron a un lado las fichas del dominó y los vasos de chispetrén , se pusieron de pie al mismo tiempo y sin acuerdo previo, juro que sin acuerdo previo, fueron hasta el apartamento del secretario de vigilancia del Comité de Defensa de la Revolución, que tenía fama de “chiva” en el vecindario; abrieron la puerta, entraron los cuatro y le dieron una golpiza que lo tuvo hospitalizado por casi un mes.

El secretario de vigilancia permaneció durante todo ese tiempo en el mismo hospital, en la cama contigua a la que ocupaba el Fidel que se había caído, cuyo apellido no era Castro, sino Morales y que no se había caído del poder sino de una escalera mientras pintaba su apartamento. Los cuatro jóvenes del dominó y el chispetrén se enteraron de la inexactitud de su interpretación cuarenta y ocho horas después de haber propinado la paliza al secretario de vigilancia del CDR cuando el oficial de investigaciones de la Seguridad del Estado (léase policía política) les comunicó, por separado, a cada uno de los cuatro, que serían encauzados por agresión, daños físicos, lesiones y, probablemente todo esto se vería agravado si el fiscal era capaz de probar que había un trasfondo político, o sea, contrarrevolucionario, en los actos delictivos cometidos por este cuarteto de individuos antisociales.

0
0
0
s2sdefault

Escribir un comentario

NOTA IMPORTANTE SOBRE EL USO DE LOS COMENTARIOS:
Por favor, recuerde que los comentarios son comentarios no un consultorio, es decir, si usted tiene algún tipo de consulta que realizar, hágalo en nuestros foros, (http://www.conexioncubana.net/foro) allí siempre hay personas dispuestas a ayudar.
Gracias.


Código de seguridad
Refescar