Cuentos de error y mis tedios

El Flaco

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Su única responsabilidad, al final no asumida, era su vida; su, para muchos, equivocada existencia. En el fondo se sintió una especie de alivio o respiro: aquél impuntual sin remedio, fumador de cigarro ajeno de precaria o nula economía había, alguna bendita vez, decidido algo y era definitivo...

A muchos su presencia les proporcinaba tranquilidad, no porque transpirara paz sino al menos por tenerlo a la vista y saber lo que estaba haciendo -lo que planeaba, suponiendo que alguna vez tuviera planes, era impredecible-, no como en aquella ocasión cuando se pudrió en el cuarto recién alquilado “te lo dije Miguel, ese cuarto que alquiló el flaco sin tener dinero para pagar al otro mes me da mala espina...”

Y pensar que no fue alcóholico ni drogadicto u otra faceta de la degradación humana... lo más triste y hasta ridículo eran sus aspiraciones de ser... de ser alguien... o algo... contradictoriamente se decidió por ser nada en el más estricto sentido de la palabra...

Hablábamos sobre esto, juzgábamos su última voluntad, interrumpíamos el dominó evocando retazos de su paso por “el grupo”, como solía llamarnos Miguel... en conclusión el Flaco no hizo nada de importancia o sin ella, el muy insignificante e inútil estaba más presente ahora... Quien sabe si en un destello de sabiduría logró un velado propósito de trascendencia...

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