Cuba es un cuento, compay

Una sección de Esteban Casañas Lostal

Ponía un ejemplo una famosa periodista española, sobre la diferencia que existe entre los españoles y el resto del mundo, decía que si a alguien le atropellaba un coche y a éste le fracturaba una pierna, el herido exclamaba: "¡¡¡Dios mío, me he quedado sin una pierna!!!!, mientras que el español diría: "Buffff, menos mal que no me ha fracturado la otra".

Esta periodista hablaba desde el conocimiento de haber estado de corresponsal siempre fuera de España, pero estoy seguro que su corresponsalía nunca se encontró en Cuba, porque si fuese así, sabría que el cubano es exactamente igual que el español en éste y en otros muchos aspectos, como puede ser el poseer el suficiente sentido del humor para reírse de sus propias desgracias, y ese es "mi hermano" Esteban,… ESTEBAN CASAÑAS ES CUBA, la auténtica Cuba sin muchas florituras, con sus grandezas y sus miserias, con sus lágrimas y sus risas.

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Sugerir la lectura de la obra de Esteban, es sugerir un viaje a Cuba a través del espacio y del tiempo, un viaje al recóndito interior del corazón de la cubanidad; un viaje mágico a ese país que lo parece, pero que no es un cuento.


Como Saturno, la revolución devora a sus hijos

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El marinero que se encontraba de guardia en el portalón del buque me llama por teléfono, comunica que había embarcado un inspector de seguridad para la navegación. Yo debí estar haciendo algo en esos momentos, porque normalmente permanecía en el exterior controlando las operaciones de descarga. Sentí cuando se abrió la puerta de la escalera que da acceso al pasillo donde se encontraba mi camarote, no le presté mucha atención.

Solo el saludo de aquella voz me devolvió a la realidad, era una voz muy conocida que no escuchaba desde hacía más de una década. No puedo ocultar que sentí alegría al verlo nuevamente y pronto le extendí amigablemente la mano. Su aspecto era deplorable, una de esas camisas blancas de nuestro uniforme que hacía mucho tiempo se divorciara de la blancura con la que fuera confeccionada. El pantalón era de kakis gris algo arrugado y los zapatos mostraban haber consumido todo el kilometraje para el que fueron diseñados. Lo invité a sentar, algo pausado en sus movimientos, colocó un viejo portafolio que cargaba en el piso. Sudaba a cántaros y como preámbulo de aquella inesperada visita respiró profundo, tratando de acaparar toda la agradable atmósfera del aire acondicionado. Yo no podía imaginar aquel inesperado encuentro, es muy probable que él desconociera quién era el Primer Oficial del barco donde tenía que realizar la inspección, de saberlo, probablemente la hubiera pospuesto. Noté un poco de vergüenza en su rostro, quizás por la facha que traía, es muy probable que al verme haya alimentado viejos recuerdos.

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La navegación y el comunismo, no cuadran

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La marina mercante cubana no pudo evitar el paso arrollador y destructivo de la "revolución" cubana. Es innegable que su crecimiento y desarrollo tuvo una etapa glorificante en el sector, fueron momentos de orgullo nacional. Pero, esa gloria fue fugaz como todo aquello que dejó de constituir un caprichito infantil de su gobernante. En Cuba todo ha funcionado así, cuando a su líder se le ocurría construir círculos infantiles, había que comer círculos durante varias semanas y meses del año, era la noticia del desayuno, almuerzo y comida. El comandante inauguraba uno o varios diariamente, así, hasta que en su enfermiza mente aparecía otro caprichito, vengan pedraplenes, vacas, toros, gallinas, refugios antiaéreos para la guerra tan esperada, vengan guerras internacionalistas, vengan mártires que se inmolaban junto a su bandera, venga de todo. Hasta que sus caprichitos se redujeron a una simple ollita arrocera, ¡vaya país donde un gobernante se dedique a ocupar el espacio de Nitza Villapol! La marina fue uno de aquellos caprichitos del comandante, recuerdo que en la década de los setenta la arribada de los barcos era anunciada a bombos y platillos, y con ella, como es de suponer, crecía también la cantidad de hombres que se dedicarían a trabajar en ese frente de la "revolución. Cuando yo hice mi debut como marino en el año 67, no se exigía como condición indispensable ser militante del partido comunista de Cuba. Téngase en cuenta que habían pasado muy pocos años de su fundación, por ello, era muy difícil encontrarse una nave donde la militancia superara los cinco o seis miembros. Transcurrían tiempos de una paz relativa, pero mucho mejores que los experimentados a partir de la segunda mitad de la década de los setenta, donde la mencionada militancia era de carácter obligatorio para todo aquel que aspirara a su ingreso.

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Asuntos generales

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Imagino estar nuevamente allí, sentado en contra de mi voluntad, escuchar lo que continuamente debía consumir con esa oscura obligatoriedad y amenaza sorda. Cuento los días para la asamblea siguiente, se repartirán bonos para comprar televisores, quizás un refrigerador que nos alivie un poco la existencia y Juana pueda hacerle durofrío a los niños con guachipupa de fresa. El secretario está allí, sentado en la mesa que preside la reunión mensual, trimestral, semanal, anual, quién pudiera recordarlo, solo me acuerdo del himno nacional, tan cansado de que sea usado, como yo. Tan aburrido de escuchar las mismas cosas, los mismos planes, metas que solo se alcanzaban en la imaginación de aquellos que se encontraban frente a nosotros. Cifras y más cifras recorren los metros que me separan de la mesa, entran y vuelven a salir de mis oídos. En todos no ocurre lo mismo, entran y se quedan como cualquier virus de computadora, destruyendo las pocas neuronas que se encuentran atrincheradas, el estómago es cómplice de la voz.

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Maritza

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Ayer hablé con Maritza, me localizó accidentalmente por Internet, dijo que buscando alguna información sobre Cuba. No me sorprendió, ha ocurrido en otras oportunidades. En los primeros mensajes me solicitó el número de teléfono, debo confesar que sentí mucha alegría por ese encuentro inesperado, aunque fuera solamente virtual. Después, su voz no había cambiado mucho desde la última vez que la vi y la imaginaba con su misma figurita, como si el tiempo se hubiera detenido. Sus risas eran esa mezcla de felicidad y nerviosismo aumentada por síntomas de una oculta inseguridad.

-¿Dónde rayos estás? No habíamos tocado ese tema, quizás por abandono, tal vez para no mostrar ese exceso de curiosidad que siempre permanece con nosotros.

-¿Yo? En Japón, exactamente en Tokio.

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Ivan Freyre, alias Tetera

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-¡Coño, compadre! Hacía tiempo que no nos veíamos. ¿Qué es de tu vida? Aquella alegría no era fingida y ambos la manifestamos con un fuerte apretón de manos. Nunca se reía con toda la boca abierta y tenía una magnífica dentadura de la que podía presumir. Aquel enorme bigote que casi siempre descansaba sobre sus labios había sido recortado un poco, tiempo atrás parecía un charro mexicano.

-¡Nada! Tirando, tratando de sobrevivir. Contestó con la misma pastosidad que lo caracterizaba, bien bajito y sin apurar las palabras, siempre estaba sereno, nada lo alteraba. Su uniforme estaba impecablemente planchado, algo sudado debajo de las axilas, muy normal entre nosotros. Usaba charreteras de jefe de máquinas y las llevaba con la solemnidad del que las logró por sus conocimientos.

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El hombre nuevo

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Pirindingo era miembro de la ANIR, bueno, hay muchos extranjeros que no conocen a esa famosa asociación cubana. No era un miembro cualquiera tampoco, había sido condecorado en varias oportunidades por sus inventos. ¡Ah! Antes de que se me pase, hablo de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadotes, todo un imperio de magos, pero de magos de verdad, porque en ese país no es fácil inventar. Bueno, depende de la aplicación que se le quiera dar a esa palabra, porque del invento viven once millones de cubanos.

Creo que Pirindingo inventó la leche a partir de la zeolita, cómo pudo ordeñar una piedra no lo sé ni me lo pregunten. Luego y después de miles de horas de desvelos, inventó el bistec con la cáscara de toronja, el picadillo con la del plátano, el bistec de frazada de piso. Su imaginación criolla viajó hasta Nápoles y un día creó la pizza a partir de condones chinos, pero el mérito no se limitaba a descubrir una superficie similar sobre la torta de harina, Pirindingo logró un sabor del producto muy parecido al del queso chedar y fue muy aceptado por su pueblo. Sería infinita la lista de los descubrimientos y aportes de ese gran cubano por el bienestar de su gente.

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Comerciales

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-Alberto me propuso tirar el cable del satélite desde su casa.

-¿Cuánto va a cobrar?

-Lo mismo de too'el mundo, diez dólares mensuales.

-¿No crees que está un poco caro?

-¡Claro que no! Eso es lo que cobra Rafelito, el del edificio den'frente.

-¿Y él pone el cable?

-Ya te dije que sí.

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Aquel libro

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Me encontraba en plena etapa de exámenes y acostumbraba a emplear hasta el último segundo de respiro para repasar la materia en cuestión. Ese día me disponía a enfrentar una de las asignaturas más complejas y abstractas de nuestra profesión, me refiero a la Astronomía Náutica. El examen debía realizarlo a bordo del buque escuela "Viet Nam Heroico" y como se encontraba atracado por Regla o el puerto pesquero, no deseaba tomar dos guaguas para dirigirme hasta el Muelle de Luz. Podía hacerlo en la ruta 15 y bajarme en la última parada de la Lonja del Comercio, pero luego debía caminar unas tres cuadras vestido con el uniforme blanco y no quería sudarlo. Me incliné por andar desde mi barrio hasta la terminal de Palatino, es verdad que debía caminar muchas cuadras más, pero a la hora que lo hacía el sol no se encontraba tan alto y calentaba menos. Aprovechaba ese trayecto para hacerme preguntas que yo mismo respondía y el viaje caminando se me hacía un poco más corto.

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Como un águila

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Hacía casi veinte años que no visitaba el Caribe y para aquel, cuyos sentimientos de rebeldía insistan en mantenerse vivos dentro de su cuerpo, República Dominicana es una buena opción para acercarte a tus raíces. El ambiente dentro del avión era animado, todos volábamos buscando un solo objetivo, vacacionar o descansar un poco del ruido y la vida agitada de las grandes urbes con el escándalo constantes de sirenas, autos y ese encierro voluntario que impone el calor o el frío. Un intercambio amistoso de solicitudes y cambios de asientos como si se trataran fichas de ajedrez nos benefició, dos familias que estábamos separadas por caprichos o negligencias de los vendedores nos unimos. Del ala derecha nos mudamos a la contraria y nuestros puestos fueron ocupados por una joven pareja.

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El traficante

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Compartir con todos cuando voy a Miami es casi imposible, entre semana la gente se encuentra ganándose la vida, y cuando llegan los días de descanso todos desean acapararme. No es que sea importante, es que son demasiados los familiares y amigos, siempre se queda alguien con esos deseos y al partir siento pena.

Ese sábado ya había cumplido un compromiso y quise pasar unas horas en casa de mi prima Cuca, la llamé por teléfono y me dijo que enviaría a su marido por mí. A ella no le decían así en Cuba, mi abuelo le ponía apodo a todos sus nietos y en su caso le tocó el de "Negra", debió haberlo hecho por el color de su piel canela. Yo le puse Cuca desde la primera vez que nos encontramos en Miami en el 95, fue por aquella obra de teatro llamada "Cuca la balsera", porque mi prima era eso, una balsera, lo es, digo yo.

Fue en casa de otra prima por parte de padre cuando la vi por primera vez desde hacía un millón de años, era así en la isla, nos pasábamos muchos años sin vernos y coincidíamos solamente en los velorios, la última ocasión fue en la funeraria de Guanabacoa en el velorio del tío Fausto.

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Hipoacusia

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Ustedes no se imaginan la cara que puso aquel narrita cuando me vio descender del taxi con una caja que le resultaba muy familiar, cambió de la luz amarilla a la roja de un tirón y temblaba. Eso sí, nada de mala cara, porque el que se ponga a hablar mierda de los japoneses yo soy el primero que lo ataca. Muy educados, hablan bien bajito y desde que entras a cualquier tienda inician esa gimnástica continua del sube y baja la cabeza. Tienes que acostumbrarte y debes responderle, pero carajo, no tienen que jorobarse tantas veces, hay que perdonárselo, hay que perdonarlo, ellos no saben ná de las bisagras oxidadas o el desayuno flojo.

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