Cuba es un cuento, compay

Una sección de Esteban Casañas Lostal

Ponía un ejemplo una famosa periodista española, sobre la diferencia que existe entre los españoles y el resto del mundo, decía que si a alguien le atropellaba un coche y a éste le fracturaba una pierna, el herido exclamaba: "¡¡¡Dios mío, me he quedado sin una pierna!!!!, mientras que el español diría: "Buffff, menos mal que no me ha fracturado la otra".

Esta periodista hablaba desde el conocimiento de haber estado de corresponsal siempre fuera de España, pero estoy seguro que su corresponsalía nunca se encontró en Cuba, porque si fuese así, sabría que el cubano es exactamente igual que el español en éste y en otros muchos aspectos, como puede ser el poseer el suficiente sentido del humor para reírse de sus propias desgracias, y ese es "mi hermano" Esteban,… ESTEBAN CASAÑAS ES CUBA, la auténtica Cuba sin muchas florituras, con sus grandezas y sus miserias, con sus lágrimas y sus risas.

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Sugerir la lectura de la obra de Esteban, es sugerir un viaje a Cuba a través del espacio y del tiempo, un viaje al recóndito interior del corazón de la cubanidad; un viaje mágico a ese país que lo parece, pero que no es un cuento.


Perico de propina

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-¡Pipo! ¿A qué no sabes lo que me pasó hoy? Me llama así cuando estamos solos o en el seno de la familia. Cuando hay extraños me dice "puro" y he sentido deseos de mandarlo al carajo. Mi nieto va por el mismo camino, desde que nació le doy un beso en el primer encuentro del día y cuando me despedía de él. Hoy, cuando paso por la escuela a buscarlo, parece que le da pena delante de sus amiguitos. Esperaba me dijera que se había ponchado, no conozco a un ser humano más dichoso para chocar con los clavos perdidos de esta ciudad que él. ¡Coño, si tuviera esa suerte para ganarse la lotería!

-Y hoy, ¿qué fue lo que te pasó? Me encontraba en esos instantes fumando en el garaje de la casa, es el único sitio autorizado para hacerlo.

-¡Nada! Contestó y tuve deseos de interrumpirlo al escuchar esa palabra. Si no pasó nada no tendría qué contarme, luego recordé que soy cubano y hablamos así. -Fui a realizar una instalación en Châteauguay, encontré perfectamente la dirección con ayuda del GPS y cuando llego, observo que había cuatro condominios similares. Solo tenían el inconveniente de que no existía estacionamiento exterior y tuve que entrar por la parte trasera de los mismos. ¿Qué te cuento? Realicé la instalación como estaba previsto, pasé todo el cable exterior hasta el punto donde suponía taladrar para introducirlo a la casa y cuando toco a la puerta. ¿Sabes lo que me pasó? En eso se detuvo para esperar por mi participación, él es así, disfruta mucho cuando me equivoco y no acepta otra opinión que la suya, se las sabe todas.

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Apareció el Capitán Arturo Juan Escobar Capote

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Hace varios días he estado presionado por la duda de hacer pública esta nota o no. Consultado un amigo, éste insistió en que procediera, pero no lo tomé en cuenta debido a su temperamento sanguíneo, es muy explosivo. Creo, el principal impedimento a actuar, se deba a un falso concepto de ética cuando se trata de algún viejo conocido de profesión. Una causa secundaria era mantener el ambiente relajado en el foro naval de los cubanos que administro. Luego, más calmado, comprendí que esas justificaciones no tenían fundamento alguno al tratarse de una persona con un record histórico nada agradable.

Arturo Escobar, sin el Juan por medio, era conocido en la flota cubana como "Arturo el Loco". Fue destacado por comentarios entre oficiales y tripulantes por su inteligencia natural que lo situaban entre los oficiales más competentes de la flota. Ni lo desmiento o apruebo porque nunca estuve subordinado a él. Sin embargo, su fama fue enriquecida por comentarios en su contra a raíz de los arrestos de tripulaciones acusadas de contrabando y donde el "escapó" sin muchas dificultades. Uno de esos casos fue el ocurrido en el buque "30 de Noviembre" y el otro lamentablemente no lo recuerdo. Fundadas o no las acusaciones sobre posibles delaciones de su parte, el comentario corrió como pólvora en la mayoría de las tripulaciones de aquellos tiempos de la década del 80.

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Chiqui

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Cuando llegué a esta casa todo resultó maravilloso, tuvo que ser un día de verano, solo que no recuerdo muy bien el año. Yo era una pelotica de peluche, blanco como la nieve, pequeña, redondita. No quiere decir que haya dejado de ser bello cuando hablo en pasado, lo soy. Me habían destetado hacía muy poco tiempo, realmente no recuerdo el sabor de aquella teta que una vez me amamantó. Sin apenas sentirlo, me separaron del calor de mi madre y pasé a vivir aislado en un pequeño cajón, desconociendo la razón de lo que aparentaba ser un castigo o el final de mi destino. Luego he comprendido que todo se trataba de un simple negocio, lo supe cuando me encontré definitivamente instalado.

El camino fue largo desde la casa donde dejé para siempre a mis queridos hermanos, puedo deducir ahora, un poco mayor, que mis orígenes tienen lugar en un sitio algo apartado de la ciudad. Esa tarde viajé sobre las piernas de una niña que me prodigaba constantes caricias, según escuché durante la trayectoria, yo era un regalo a su buena conducta, tal vez la satisfacción de algún capricho infantil, eso pienso ahora.

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Carta a un marino cubano

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Amigo.-

Permíteme llamarte así aunque no lo fuéramos, sabes perfectamente que nunca lo fuimos y que esa palabra fue vetada entre nosotros hasta desaparecerla de nuestro vocabulario. Creo más bien que fuimos "socios" con los limitados beneficios que significan esa palabra, poca lealtad, sinceridad, solidaridad, etc.

Me dirijo al hombre de mar, al ser valiente que tantas veces arriesgó su vida en medio de galernas, ciclones, nieblas, guerras. Hablo con el individuo que amó su profesión y le dedicó una parte muy importante de su vida. Me robo algo de tiempo para conversar con alguien que supo ocultar sus miedos o temores en presencia de olas monstruosas. No te avergüences, sentir miedo no es de cobardes, es una reacción de cada ser humano ante el peligro, una lucha interna por la supervivencia. Dirijo estas líneas al individuo que una vez puso su vida en un terrible juego de azar, tómbola manipulada por un solo dedo caprichoso y que te situó donde nunca hubieras querido estar. Escuchaste el rugido de aviones y te estremeciste luego de su paso con verdaderas detonaciones, millones de seres no saben de lo que hablo y solo las han consumido en películas.

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Todos los cubanos son emigrantes económicos

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Lo conocía desde hacía solo unos días y para serles franco, no me simpatizó desde la primera oportunidad. Para tratar con cubanos acabados de llegar de la isla hay que tener una inmensa reserva de paciencia, no es sencillo lograr comprenderlos. Cuando los escuchas exponer cualquier argumento, viajas involuntariamente hasta una nave espacial y los observas descender. Pocos minutos después de ese aterrizaje, no tienes duda alguna de encontrarte en presencia de un extraterrestre. No debo ser injusto, existen muchas excepciones.

Mi antipatía nace cuando el individuo, solo unos minutos después de la formal presentación, muestra unas cartas credenciales que resultarían objeto de admiración para cualquiera que no naciera en nuestra tierra.

-Yo gano unos dieciséis mil dólares mensuales! Expresó sin nadie preguntarle por su oficio, profesión o estado económico. Creo más bien, fue una carta de presentación utilizada en planes de conquista.

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Alba

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Nunca imaginó de viva que sería famosa después de muerta o cuando menos, se mencionara su nombre con alguna frecuencia. Alba era una mujer muy sencilla, algo campechana para vivir en La Habana, despreocupada del mundo y el mundo tratando de enterrarla dentro de aquel viejo edificio que aún se resiste a morir como ella. Los otros días regresé a las viejas borracheras de mis tiempos de marinos, ¡vaya caprichos o coincidencias etílicas las mías y las de Eduardo! Luego de disfrutar de los mejores espectáculos que brindaban los cabarets de La Habana, cualquiera de ellos, tomábamos un taxi y siempre le pedíamos que nos dejaran en Jesús Peregrino e Infanta. Casi siempre andábamos con una botella en la mano para hacer el resumen a pico de botella, escapábamos por horas de nuestras penosas realidades, éramos felices, gozábamos de esa alegría que solo ofrece el alcohol.

La primera vez resultó un acto simpático para todos los vecinos, algunos nos aplaudieron por sacarlos de esa oxidada monotonía que se respiraba y todavía se respira con peores dificultades.

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Una misa por Kim

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-¿No va a marchar con nuestro pueblo a colocar flores en la estatua de nuestro "querido líder? Fui sorprendido por aquella pregunta a mi espalda y reconocí su voz inmediatamente, embarcaba casi a diario con algún regaño. -¡Dígale a sus marineros que no le arrojen cigarrillos a los trabajadores! Yo era uno de ellos, vigilábamos cuando el guardia de la escala se encontraba entretenido para lanzarle una cajetilla de Populares a los estibadores que se encontraban dentro de los vagones del tren situado a nuestro costado. -¡Dígale a sus marineros que no le digan nada a las muchachas cuando pasen cerca del buque! Yo era uno de ellos, las chicas reían sin virar el rostro, las vigilaban o entre ellas marchaba alguna comisaria, era una de las escasas distracciones que teníamos en aquel aburrido país. ¡Capitán, no me lo llevo preso porque ustedes son de un país hermano! ¿A quién se le ocurre limpiarse el trasero con la imagen de nuestro "querido líder"? Sobre el buró del Capitán reposaba tranquilamente el pedazo de periódico con el rostro cagado de Kim Jong Il. Se había agotado al máximo nuestros suministros y la gente se limpiaba con lo que encontrara a mano. Aquel represivo comisario tenía la paciencia o tarea de revisar diariamente nuestras bolsas de basura en la popa del buque. Como todos ellos, incluyendo a los cubanos, aquel comisario de mierda era detestable, sumamente represivo.

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El día que encontré al “socialismo”

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Primera parte.

No creo haya existido un marino cubano más deseoso por conocer el "campo socialista" que yo, arrastraba en mi estela más de una veintena de países visitados y solo tres de ellos no podían calificar como capitalistas. Viet Nam estaba hecho talco, hacía solo dos años que habían salido de una guerra. Yo estuve con ellos en el setenta o setenta y uno, la memoria comienza a borrarse y debo apurarme. China traicionó todas las ideas que me habían vendido sobre ella y desprecié la posibilidad de que Cuba la imitara. Nuestro país andaba peleadito con ellos y de Luna de Miel con los rusitos. Los de ojitos rasgados acusaban a los bolos de "revisionistas" y ellos le pateaban la bola con igual acusación. Nos pedían mucha prudencia y discreción cuando la visitábamos. No podíamos hablar mal de los bolos, ni darles la razón a los asiáticos. ¡Qué clase de drama para el que gustaba tomarse una cerveza y después de la tercera tratar de arreglar el mundo! Todos vestían igualitos, muy uniformados, gris o azul con una medalla roja y la figura dorada del amado Mao en el pecho. Shangai se encontraba pintado color de churre, muy enmohecido por la ausencia de pintura desde que el vejete llegó al poder y ausencia total de putas que nos dieran la bienvenida. Viajes casi diarios hasta el Seaman Club a jugar ping pong entre nosotros y beber alguna cerveza Tsingtao. Ausencia total de pobladores, solo los empleados que seguramente trabajaban para la inteligencia china, como en la isla. Alguno de ellos siempre se encargaba de llevarnos hasta la librería del local y nos decía que podíamos servirnos con cualquier ejemplar de los existentes. Todos eran gratis y de un solo autor, Mao. Para ponernos a tono con la población, nos dejaban agarrar cualquier medallón del viejo. Los había de todos tamaños, colores y temas. Mao con un tren a su espalda, ese no me cuadraba, yo no era ferroviario. Mao con un avión que nadie podía volar, tampoco me cuadraba, yo no era piloto. Mao con un bus, una chiva, una vaca, una universidad. ¡Coño! ¿No hay ninguno del abuelito con una puta? Buscaba, buscaba y luego me conformaba con uno que tenía la proa de un barco. Cargaba varios de ellos para regalarlo a los fiñes de la cuadra y de paso le llevaran uno al chino bodeguero. Podíamos andar "libremente" por la calle, sí, entre comillas. Pocos metros a la salida del Seaman Club, alguno de ellos nos seguían y no podíamos identificarlos. Es tan difícil hacerlo con un chino en China como con un negro en África, todos se parecen. Caminábamos por estirar las piernas porque en la calle no existía nada agradable que mirar y a pocas cuadras nos seguía todo un ejército de curiosos que nos observaban como terraterrestres. Nada de eso me convenía para Cuba, no lo imaginaba.

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Infeliz Navidad

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No encuentro justificadas razones para desearle felicidades a quien es crónicamente infeliz, no creo, creo yo, la felicidad pueda sintetizarse en un solo día, o dos, o tres, o en la encantadora armonía representada por figuritas que antes eran de yeso y hoy son plásticas. La felicidad no puede resumirse en ese pesebre imaginario donde a veces no existe suficiente paja para acomodar un cuerpo, menos el de un niño tan explotado. ¡Ah! Pero si es obligatorio y formal, si se debe responder a una vieja tradición, vieja y bastante falsa para los tiempos que corren. ¡Felicidades, señores! Felicidades a los sin tierra, felicidades a los sin esperanzas de regresar, felicidades a los que no pueden escapar.

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Asesinaron a Fidel Castro

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Cuento infantil para tiempos de Guerra

Me enteré por fuentes "confidenciales" (como María Elvira), que al tipo lo partieron en su propia cama. Ya saben ustedes todo el corre-corre que hay en la isla cuando se forma una burumba como esta. Dicen que las banderas estarán a un tercio del asta y que el luto se mantendrá cinco años, ¡dime tú!, si se rompe el hermano y se suman los dos lutos, hay pa'rato, porque en estas cosas esa gente anda en serio.

Como les dije, la cosa está en llama en La Habana, el tipo del chivito y la sonrisa cínica convocó a la plana mayor de la "agentura" (esa palabrita también me la aprendí en el programa de María Elvira) Fue una reunión relámpago en uno de los edificios del "aparato", ahora me detengo un instante y debo llegar hasta el foro "Secretos de Cuba", allí hay de todo como en botica… Demasiados edificios mis amigos, la gente del aparato tienen ocupada media Habana y Miami, que si Línea, el Herald, 100 y Aldabó, Villa Marista, el DNI… no estoy pa'eso. ¡Metan la reunión en cualquier lugar!

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Una mirada

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Con mucho cariño a Manuel Balsa Larrinaga (Manolito)

Dicen que cuando se para junto a la ventana su mirada viaja perdida entre las olas, como tratando de descifrar ese inquieto coqueteo de colores. Sus pupilas se contraen y dilatan constantemente en ese enfermizo manoseo donde insiste en atrapar algo y no puede. Después, se escuchan unos gemidos casi infantiles, imperceptibles para quienes lo rodean y se mantienen concentrados en una pequeña pantalla, indiferente para quienes se identifican con la trama de lo que ocurre solamente entre transistores.

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