Cuba es un cuento, compay

Una sección de Esteban Casañas Lostal

Ponía un ejemplo una famosa periodista española, sobre la diferencia que existe entre los españoles y el resto del mundo, decía que si a alguien le atropellaba un coche y a éste le fracturaba una pierna, el herido exclamaba: "¡¡¡Dios mío, me he quedado sin una pierna!!!!, mientras que el español diría: "Buffff, menos mal que no me ha fracturado la otra".

Esta periodista hablaba desde el conocimiento de haber estado de corresponsal siempre fuera de España, pero estoy seguro que su corresponsalía nunca se encontró en Cuba, porque si fuese así, sabría que el cubano es exactamente igual que el español en éste y en otros muchos aspectos, como puede ser el poseer el suficiente sentido del humor para reírse de sus propias desgracias, y ese es "mi hermano" Esteban,… ESTEBAN CASAÑAS ES CUBA, la auténtica Cuba sin muchas florituras, con sus grandezas y sus miserias, con sus lágrimas y sus risas.

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Sugerir la lectura de la obra de Esteban, es sugerir un viaje a Cuba a través del espacio y del tiempo, un viaje al recóndito interior del corazón de la cubanidad; un viaje mágico a ese país que lo parece, pero que no es un cuento.


Esmirdo Rodríguez, últimas singladuras.

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Siempre escribí su nombre con 'l', tiene que haber ocurrido por ese vicio propio de los cubanos en no pronunciar la "r". Lo he mencionado en varios de mis trabajos porque ha formado parte de mi historia como marino. Luego reviso todo lo que he escrito sobre mis compañeros de profesión y encuentro que excluyendo un solo caso, todos son temas de homenajes póstumos.

Al día siguiente de mi primer viaje a Miami en el año 1994, le pedí la guía telefónica de esa ciudad a mi tío.

-¿A quién piensas buscar? Preguntó el viejo, algo majadero, pero tolerable aún.

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El hombre que se creyó inmortal

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Su cuerpo descansaba frío y había adquirido el color de cualquier vulgar cadáver. Despojado de su uniforme y chaleco antibalas, adquiría matices casi humanos, los mismos que un día disfrutara aquel viejo caminante que no era de Paris y fue conocido en toda La Habana. Sin escolta que velara por su despojos, aquella figura, aún muerta, mostraba la invalidez de cualquier niño indefenso que clama por la presencia de su madre. Restos de su arrogancia sobrevivían a su muerte, y aquel temor que causara con su sola presencia, comenzaba a apagarse como le sucede a cualquier vela.

Había perdido la noción del tiempo transcurrido dentro de esa cámara, su espíritu, encerrado junto a él, permanecía casi congelado esperando por el destino que le asignaran. Oscuridad y silencio, serían las peores condenas a las que fuera sometido por más de medio siglo de existencia. Aquella ausencia de plazas llenas de banderitas agitadas y altavoces que retumbaban una ciudad entera, iban desapareciendo en la medida que navegaba por un estrecho túnel con una lucecita al final, fin que nunca pudo alcanzar y moría remordido por la intriga.

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Un bistec para el Práctico

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- ¡Adelante! Casi gritó ante los insistentes toques en la puerta de su camarote.

-Buenos días, Capitán. Saludó el visitante una vez adentro, era un hombre de figura estrafalaria que vestía un delantal embarrado con gotas de sangre, como si hubiera terminado de cometer un asesinato. Llevaba puesto el gorro de cocinero establecido por el reglamento, una especie de butifarra plisada que se ampliaba en el tope y debía tener la figura de un ridículo hongo. Solo que esta vez se negaba a mantener el equilibrio y estaba más inclinada que la Torre de Pisa. En sus manos cargaba un diminuto paquetico y no logró despertar la curiosidad del Capitán, quien tampoco apartaba los ojos de un montón de panfletos entregados hacia unos momentos por el Primer Oficial.

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La Pequeña Habana

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Miami es una ciudad joven, creo que cumplió unos ciento cuatro años encontrándome allá. A su juventud debe su escasa historia, eso nos pasa a los humanos también, solo que en su caso el rol jugado por los cubanos ha sido importantísimo, allí han crecido varias generaciones de los nuestros. Sin embargo y muy a nuestro pesar, la historia, la muy corta historia de esa ciudad, adquiere notoriedad a partir de los éxodos producidos después del año cincuenta y nueve. Nadie dice o explica el por qué, una corriente de aire embriagador duerme a todo este continente y mira con desprecio a esa masa humana que arriba a las playas de lo que fueran manglares, ciénagas y feudos de cocodrilos.

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El Capitán Chocoleito y la Emulación Socialista

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Si no fuera por lo bruto que era, yo hubiera pensado que se trataba de un agente de la CIA, pero estaba obligado a descartar esa loca idea, Chocoleito era militante del partido comunista. Me cayó mal desde que arribó al buque y estacionó su viejo Fiat al lado de la escala real. Tampoco comprendo por qué no había aduanero en ese muelle, estábamos atracados a un costado de la termoeléctrica de Regla. Sin piedad alguna y sin habernos sido presentado a la tripulación, Chocoleito bajó con el "portafachos" sobrecargado, por la tensión de los tendones de su mano derecha, pude comprender que estaba pesada la carga de su interior. Sansonetti nunca imaginó que aquellos pequeños maletincitos, diseñados para transportar folios, tuvieran un uso tan diferente al de sus propósitos, ¡mira que cargaron "fachos"!. Es muy probable que estuviera repleto de botellas de ron Havana Club, se lo llevaban por cajas a los capitanes para uso de representación. Aunque trató de ocultarlo envuelto en un trozo de papel kraft, se llevaba también una pierna pequeña de puerco, como ese papel era bastante grueso se desdobló y dejó a la vista un pequeño hueco para que yo viera, "accidentalmente" como el Capitán del barco se robaba algo que era de consumo colectivo. Su jeva, una trigueña monumental, llevaba también las manos ocupadas con otros productos "decomisados" a la tripulación, todas estibadas correctamente en una bandeja que perdería su camino de regreso a la nave.

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Olas monstruosas

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La primera vez que tuve contacto con ellas yo tenía dieciocho años, ocurrió durante mi primer viaje a bordo de la motonave Habana. Íbamos de Nicaro a Holanda y la travesía se prolongó por veintidós días, cuando normalmente se debía realizar en unos diecisiete de acuerdo a la velocidad de aquella nave. Me prometí abandonar esta profesión en cuanto regresara a Cuba, pero el descubrimiento de un viejo mundo, muy nuevo para mí, fue cautivante y el mar me atrapó con ese embrujo utilizado por el rey Neptuno y del que nunca podrás escapar.

Aquellas olas gigantes eran de unos diez metros de altura y jugaban a su antojo con nuestro barco. Barquito diría después, pues solo contaba con cien metros de eslora y su velocidad nunca superó los doce nudos. Ver desaparecer la proa dentro del mar produce un miedo insuperable, rezas esos segundos aunque no seas creyente y contienes la respiración. Luego, cuando lo vez emerger con violencia o desespero, sueltas todo ese aire contenido en los pulmones, creíste prepararte mentalmente para una posible inmersión.

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El Comisario político a bordo

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La presencia de ese personaje a bordo de nuestras naves, fue un regalo de Guillermo García cuando ocupaba la cartera de Ministro de Transporte. El primer curso de graduación de estos parásitos, se realizó en la Academia Naval de Baracoa en el año 1982. Lo recuerdo perfectamente porque coincidió con el curso para capitanes y primeros oficiales del que fui alumno. Muchos de aquellos rostros eran sumamente familiares, la mayoría eran integrantes de la flota con diferentes rangos, los pocos desconocidos llegaron de las filas del partido en Navegación Caribe y uno que otro oportunista al que llegó la noticia en algún comité del partido de la calle.

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El escaparate

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Abuela era noble, un alma piadosa y caritativa que nunca asistió a una iglesia y merecía ser beatificada. Nunca la escuché hablar en voz alta, protestar, molestarse, manifestarse agotada. Era como un cementerio viviente, todo lo que veía u oía moría en su cuerpo, jamás lo regresaba al mundo exterior. Infatigable la vieja, recuerdo que se levantaba temprano a preparar el desayuno de mi abuelo, un dictador, mejor decir su tirano. Era sumamente obediente, disciplinada, ordenada y muy pausada al hablar, de esa mansedumbre que agota, como la de tantas mujeres de su tiempo. Sus temas de conversación eran vagos, vivía ajena al mundo, ignoraba quién era el presidente de turno y no creo se haya enterado de la llegada de los barbudos hasta que le faltaron algunos condimentos. Nunca manifestó preferencia por cantantes o artistas, creo que para ella no existieron y dudo haya bailado alguna vez.

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Por la saga de los marinos cubanos - 7

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Don de mando.

Abordar este tema no es muy sencillo y es tratado ampliamente cuando acudes a Internet en busca de información. Diferentes son los criterios expresados por distintos autores, solo que al final de cada una de sus exposiciones, existen puntos de encuentros.

El Don de Mando es imprescindible cuando la persona se encuentra al frente de un grupo, numeroso o no, de subordinados. Pero como bien lo dice su definición, estamos ante un "Don" natural que posee la persona y es muy difícil, cuando no imposible, de ser adquirido mediante estudios en cualquier profesión. Se trata entonces de una "aptitud" inherente a la naturaleza del individuo, sea masculino o femenino.

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Por la saga de los marinos cubanos - 6

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Espias, chivatientes, ladrones. (3)

-A Rafael Goicoechea lo enviaron a vigilarme cuando me encontraba de supervisor en España. Ha pasado mucho tiempo y no puedo recordar si aquella conversación se produjo vía telefónica o cuando finalmente nos conocimos en persona durante uno de nuestros viajes a Miami. Indudablemente me encontraba ante uno de los capitanes más nombrados y conocidos de la flota. Juarrero era uno de nuestros decanos, hombre de vasta preparación técnica, muy reconocido en nuestro mundo. -Yo sabía de quien se trataba y estuve en Cuba cuando regresó de su "histórica misión" donde por poco te mata, era un ser despreciable al que me vi obligado a torear. Un día y como queriendo hacer alarde de aquel encuentro contigo, su enemigo, me contó que Cuba lo había designado para neutralizarte. Indudablemente que no es Cuba quien designa a sus hombres para realizar estos trabajos tan sucios, es la Seguridad del Estado. No sé si dominas o interpretas bien el lenguaje usado en ese ambiente, "neutralizar" es el equivalente de asesinar.

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Por la saga de los marinos cubanos - 5

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Espías, chivatientes, ladrones. (2)

…Comencé a oír hablar sobre Casañas cuando en el año 1991, deserto del buque de carga refrigerada "Vinales" en el puerto de St. Stephen, Canadá. Comienza a partir de ese momento una labor de captación y ayuda a los marinos que constantemente abandonaban los barcos cubanos en puertos canadienses, constituyéndose una verdadera pesadilla para la embajada cubana en ese país, y desde luego, para la seguridad del estado y el partido comunista en Cuba.

Se hizo popular entre los marinos cubanos en general y su nombre y sus acciones se hicieron cada vez más común de las conversaciones a media voz en los barcos, bares y cualquier lugar donde se reuniera un grupo de marinos cubanos…

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