Cuba es un cuento, compay

Marinos y marinos

Por la saga de los marinos cubanos. Caso: Marinos y marinos.

La escuchaba con mucha atención, me interesaban los temas que trataban directamente la conducta de los hombres. En el teatro de la Empresa de Navegación Mambisa reinaba el silencio y los asistentes estaban obligados a vestir sus uniformes. Charreteras de tres y cuatro rayas, mezcladas entre sí, ocupaban tres filas de asientos, algunos de ellos vacíos, no éramos tantos. Era la segunda ocasión en la que recibía una conferencia impartida por la psicóloga que trabajaba para nuestra empresa, tampoco sabía que un profesional de esa especialidad prestara sus servicios a nuestros marinos. Muchos años atrás había recibido varias conferencias de psicopedagogía en la Academia Naval y ambas tenían un propósito común, aprovechar y usar las potencialidades del hombre de acuerdo a su carácter y temperamento. ¡El líder! Es muy importante identificarlo, él puede colaborar mucho en el desarrollo de esta tarea. Luego, la psicóloga se extraviaba por laberintos desconocidos para ella, mejor dicho, dominados solo por el uso de los libros o explicaciones de sus profesores. No tenía remota idea de lo que fuera la vida del hombre de mar y sus exposiciones comenzaron a ser muy vagas. Llegó el punto donde verdaderamente me sentí ofendido y no pude contenerme, alcé mi mano y pedí la palabra. Su desconocimiento sobre las generaciones pasadas de marinos la delataba. ¿Cómo podía atreverse a incursionar en un campo desconocido por ella?

-Doctora, permítame discrepar con todo lo que acaba de manifestar en los últimos párrafos de su conferencia. Ya ha transcurrido el tiempo suficiente para identificar con claridad a dos generaciones de marinos muy distintos entre sí. Veo en su discurso el propósito de demonizar a los viejos marinos y beatificar inmerecidamente al hombre nuevo en nuestra flota. Le explicaré algo que usted desconoce y que algunos de los presentes elegirán mantener silencio ante estas realidades. ¡Hablemos del viejo marino y su entorno para comprendernos! Disculpe me vea en la necesidad de extenderme un poco en lo que deseo explicar. Situemos primero a esos hombres en las naves que correspondieron a su tiempo, hablo de buques antiguos, muchos de ellos propulsados a vapor. Los más modernos fueron viejas motonaves con el mínimo de condiciones de vida, donde su pobre velocidad podía duplicar el tiempo de navegación de los actuales barcos… ¡Doctora! Los camarotes y baños eran compartidos. Como puede saber ahora, no existían las mínimas condiciones de privacidad. No sé si comprenda lo que deseo expresarle y trataré de ser lo más claro posible. Ese hombre, sometido por las extensas y agotadoras navegaciones, era castigado también a una abstinencia sexual prolongada a la duración de esa navegación, muy sencillo, le resultaba difícil, por no decir imposible, masturbarse, debe suponer entonces la afectación que sufre su carácter. En esas viejas naves se racionaba el agua de consumo a quince o treinta minutos antes del desayuno y almuerzo, una hora a las cinco de la tarde para bañarse. Casi todas esas naves carecían de aire acondicionado, pudiera resultar insignificante para usted en este teatro, pero imagine salir de La Habana con treinta grados centígrados sobre cero y estar a los diez días con veinte bajo cero en Canadá. Luego, saque ese cuerpo de aquella nevera donde no tuvo tiempo para aclimatarse y regréselo al horno de la isla. ¿No le dice nada? Usted no vio a casi la totalidad de esas tripulaciones durmiendo en la cubierta de botes, digo, si se lograba conciliar el sueño. Esos hombres que acaba de mencionar sin conocer sus vidas, no tenían medios de distracción a bordo de esas viejas naves que no fuera un juego de dominó. Cero radios, televisión, cine, videos, etc., ¿puede jugar dominó en medio de un mal tiempo? Lo dudo. Para empeorar aún más su dramática situación, la mayor parte de esas naves poseían un pobre equipo de telegrafía y a solo unos días de navegación, perdían contacto con sus seres queridos. No todo era malo en ese ambiente que le describo, la alimentación era excelente. ¡Era! Las relaciones con los capitanes y oficialidad siempre fueron respetuosas, estos últimos brillaban por su profesionalidad. Aunque no se descartan las excepciones a la regla que existieron. Podemos agregar a las calamidades relatadas que, fueron ellos los que sufrieron como nadie la reducción de los salarios, así como, la eliminación de beneficios alcanzados por los trabajadores y clase obrera de sus tiempos. Hablemos de las dietas, horas extras, horas extras pesadas, antigüedad, etc.

Como puede observar, el panorama donde ellos se desenvolvían como marinos, no era nada halagador. Entonces, podemos afirmar que eran hombres verdaderamente enamorados de su profesión. ¡Doctora! Han transcurrido más de veinte años desde que ellos fueran injustamente separados de la flota y la única razón para aplicarles esa dolorosa medida, fue abrir paso a la llegada del hombre nuevo. Se largaron por el chicote a seres que amaban a sus naves, las cuidaban como si fueran sus casas y las tripulaciones constituían una familia. Hoy, quisiera haber tenido entre mis subordinados a una parte de aquellos hombres de mar.

¡No, no he terminado! Permítame hablarle del individuo al que usted pretende beatificar ante el silencio de la mayoría aquí presente. ¿Su entorno? Naves modernas con camarotes y baños individuales, como puede saber, gozan de privacidad y pueden masturbarse a su antojo. ¡No se ría! Quizás no aprecie el significado de una buena paja, pero son muy necesarias en esos agotadores períodos de abstinencia, no imagina cuánto alivia nuestro carácter. El agua no está racionada, esos buques poseen destiladoras. Las naves van dotadas de videos caseteras, equipos de música en los salones y colectivas, bibliotecas, aire acondicionado y las comodidades que ofrece la modernidad para desarrollar sus trabajos en cubierta y máquinas. El salario continuó siendo el mismo durante muchos años, condición aceptada para salir a navegar sin oposición o reclamación alguna. No vale la pena mencionar todos los logros laborales que perdieron los marinos que ellos relevaron, creo que en muchos casos lo aplaudieron. Se mantenían en contacto con la familia durante todo el viaje y en distancias no muy lejanas, podían conversar con ellas por radiofonía. ¡Qué maravilla! Bueno, no voy a extenderme mucho, solo que discrepo en cuanto a la definición casi angelical que usted hace de ellos. ¡Oh, se me olvidaba! La alimentación empeoró a niveles nunca imaginado, solo que todos callaban y soportaban como buenos carneros, no había de otras.

¡Mire, Doctora! El barco podía reventarse contra un muelle y si no le impartías la orden de colocar una defensa, les importaba un pito. Estuve en buques nuevos donde realicé inventarios y descubrí el robo de propiedades del barco, colchones, toallas, sabanas, pinturas y alimentos fueron los blancos preferidos, nada de eso lo hacían aquellos viejos lobos de mar. Y no hablemos del contrabando, que los de ahora son maestros en esos actos penados por la ley. ¿Entonces? No son tan angelitos como usted los pinta, Doctora. Hay, no digo yo, hay demasiada tela para cortar en este tema. Mejor vamos a detenernos aquí para no agotarlos.

No fue tan extensa mi exposición en aquella conferencia, pero la mitad de lo expresado, contenían en síntesis todo lo que les he expuesto aquí.

Esteban Casañas Lostal. Montreal..Canadá. 2016-12-05

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