Cuba es un cuento, compay

Emilio Garro in memoriam

El camarote era pequeño y estaba en el centro de la superestructura a la altura de la cubierta principal. No puedo recordar exactamente si contaba con literas o camitas personales individuales. Esa mañana me aparecí con la escasa ropa que llevaba a bordo y la fui colgando en la taquilla que me correspondía, nos conocíamos de viajes anteriores. Ese viaje yo iría ocupando la plaza de pañolero y por caprichos de la distribución de camarotes realizada, lo compartiría con una persona que no guardaba relación alguna con mi trabajo. No me molestó aquel cambio, todo lo contrario, conocía al negro Garro de viajes pasados y manteníamos muy buenas relaciones, así las tenía el negro con toda la tripulación, era muy querido por todos.

Rondaría para esa fecha que sitúo en el año 1969 por los cuarenta años, por defecto o exceso, no era tan joven, yo tenía diecinueve y la diferencia de edad se manifestaba en todos los aspectos. Bajito y fuerte picándole los talones a la obesidad, pausado al hablar, lo hacía en un tono muy bajo, nada común entre nosotros o la gente de nuestros barrios. Reía con la boca cerrada por la ausencia de varios dientes en el maxilar superior, reía. Aun lo recuerdo sentado en la mesa que colocaban los viejos a popa de la bodega número tres jugando dominó, lo hacían siempre que el buque se encontraba en puertos nacionales. Podemos descartar la posibilidad de que Garro fuera el típico aventurero de mi juventud, sufría la misma abstinencia que nosotros, pero estaba imposibilitado de luchar contra ella. Las razones eran muy variadas y la primera de todas es que nunca fue mujeriego, celebraba como suya nuestras aventuras, siempre de lejos. Otra razón que considero importante, le correspondía al bajo salario que devengaba, los camaroteros de aquellas fechas tenían un salario de $125 pesos mensuales. No podía darse el lujo de cometer locuras como los que éramos solteros y teníamos un salario superior. Creo que lo mismo le sucedía a la mayoría de los viejos a bordo y esa situación nos beneficiaba. Voluntariamente se ofrecían para cubrirnos las guardias, gesto solidario que desapareció muy poco tiempo después. No fueron esas las principales razones a ese auto encierro que se impuso el negro, había que escucharlo y observarlo durante las travesías y visitas a puertos extranjeros.

Siempre me hablaba de sus negritos con ese cariño que desborda el alma y nunca imaginé que fueran tantos, acabo de enterarme ayer en una corta conversación con una de sus hijas. Tenía la costumbre de colocar las cositas que compraba sobre su cama y sacar la lista que siempre cargaba consigo. Sacaba cuentas y calculaba, luego contaba el resto del dinerito que tenía en el bolsillo y salía al día siguiente en busca de algo, repetía la operación diariamente hasta que tachaba un nombre de aquella listica, sonreía feliz, había logrado cumplir la meta trazada. No era aquella una operación sencilla, nos pagaban cinco dólares semanales, sumarian cincuenta en un viaje de dos meses y medio. Había que saber mucha matemática para dividir esa ridícula cantidad entre una tropa de doce hijos y esposa, pienso hoy al enterarme de la cantidad de soldados que integraron su ejército. Es muy probable que para aquellas fechas hayan sido menos, pero igual de difícil era dividir la platica entre la mitad de ellos. Nunca lo vi montar un autobús, perteneció a esa tropa de marinos que practicó mucha infantería sin importar la temperatura reinante. Andaban con una calculadora en la mente y llegaban a la simple conclusión de que un solo viaje en guagua podía significar la compra de un par de medias, un blúmer o dos jaboncitos. ¿Beber? Cuando lo invitábamos, y miren que le gustaba, era un lujo al que nunca tuvo acceso. Por suerte para él, los marinos de aquellas fechas eran más solidarios y las tripulaciones formaban una especie de familia. A nadie se le ocurrió reclamarle una invitación, todos conocían de cerca su situación económica. ¡El viejo Garro, cará! No aguantaba mucha bebida y al tercer trago era el hombre más feliz de la tierra, que no es cuento.

Nos separamos al año siguiente y como ocurre con tanta frecuencia en nuestras vidas de marinos, no lo volví a ver jamás, no escuché hablar de él, ¿quién se molestaría en mencionar a un simple y pobre camarotero? En las grandes batallas solo se habla de los mariscales, generales, coroneles, etc., nadie menciona al infeliz soldado que quizás murió para regalarle gloria a un cabrón.

Me encontraba en trámites de mudarme para Alamar luego de vencidos dos años y medio de sufrimientos por obtener un apartamento. Hasta nosotros llegó la noticia del incendio que devoró al buque Minas del Frio(I), sentí la misma pena de cualquier hombre de mar. Conocí de cerca aquella nave, fue una de las primeras donde trabajé como un simple marinero de cubierta. Recuerdo a su contramaestre, el jabao Manzano y que Cordoví era el Tercer Oficial. Todos comentaron que el incendio lo había producido un tripulante, otros agregaron que se encontraba ebrio. Unos sintieron pena, otros adornaron sus comentarios con manifestaciones de cinismo, era normal. ¡Claro que era normal! Los años habían pasado y ya no éramos los mismos, se disfrutaba con el dolor ajeno y cuando caías en baja, lo normal era que te dieran la espalda, siempre hubo excepciones, muy pocas, pero las hubo. Varios años más tarde me enteré del nombre de quien había quemado al barco, ¡pobre negro!, qué manera más desdichada de alcanzar la fama.

Hoy tengo contacto con una de sus hijas y me ha contado algo sobre la suerte corrida por aquel humilde negro, me dijo entre otras cosas; "Lo acusaron de sabotaje y le agregaron muchas causas más". Sentí mucha pena al leer ese mensaje, no solo por él, no puedo imaginar la situación desesperada de su esposa e hijos al quedar desamparados. Me encontré en la imperiosa y moral necesidad de escribir estas líneas.

Volvamos al escenario por unos segundos, el incendio se produjo en una fecha fatal donde de alguna manera tratarían de condenar como crimen lo que pudo ser un accidente. 26 de Julio de 1981, poco importa el año, se trata de una fecha sagrada para el régimen cubano. No recuerdo si aún existían las asignaciones en bebida y comida para celebrarla, si recuerdo haberla celebrado en otros barcos junto a la brigada de guardia en años posteriores. Ese día había ausencia total de inspectores que pudieran interrumpir la tranquilidad o festejos a bordo, la isla se encontraba de pachanga. En unas naves, más que en otras, se bebía sin límites y como era gratis, además de abundante, muchos saltábamos los límites de tolerancia. ¿Por qué no pudo suceder a bordo del Minas del Frio? ¿Quién era el mayor responsable de esa situación? No cabe la menor duda que esa responsabilidad pertenecía al Oficial de guardia. Los que vivimos en esa maldita isla conocemos de cerca cómo funciona y se distribuye la justicia. ¿Agravantes en contra de Garro? Ser un negro camarotero que no militaba en el partido. ¿Quieren peores delitos que esos? La soga siempre se parte por la parte más débil y en ese caso le tocó a él. Cumplió cuatro años en prisión y un año de domiciliaria, dice su hija que nunca se pudo recuperar de aquel golpe y la comprendo.

¿Sabotaje? Solo los imbéciles que no lo conocieron pudieron creer esa acusación, el negro Garro era de una nobleza poco común en los tiempos que corrían. Otra versión se refería a una borrachera y una colilla de cigarro encendida, es muy seguro que sea la verdadera. Lo cierto es que otros barcos se quemaron por accidente y no medió prisión alguna entre los involucrados. ¡Claro! No eran negros y si lo fueron, al menos militaban en el partido y en ese caso se trata solamente de errores, tampoco los incendios se produjeron un 26 de Julio, un 2 de Enero o un 1ro. De Mayo. Hay gente que llega a esta tierra iluminados por una estrella y otros a los que la mala suerte los coloca debajo para ser aplastados por el mismo astro en su caída.

Espero que estas líneas sirvan de aliento a sus descendientes, solo quisiera hacerles llegar el mensaje de quienes lo conocimos. Deben sentirse muy orgullosos de ser hijo de ese humilde negro muy querido por todos nosotros. Deben serlo por razones muy fuertes, fue un gran compañero de trabajo, amigo y hombre. Por encima de esas virtudes, creo deban sentirse muy orgullosos de su padre, no conocí a muchos como el, ni el mío. ¿Su hija? Ella si alcanzó celebridad en Cuba, no por incendio alguno, sino por el exceso de ovarios en una tierra donde las mujeres no se cansan de darnos muestras de valor, se llama Sonia Garro.

Esteban Casañas Lostal. Montreal..Canadá. 2016-10-31

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