Cuba es un cuento, compay

Me gusta como caminan las cubanas

Si algo extraño de mi tierra, es ese andar tan particular de nuestras mujeres. Bueno, al menos las de mi juventud y madurez, no puedo hablarles de las de hoy, solo las imagino. Es que eran especiales y sabían acaparar la mirada indiscreta de cualquier hombre que cruzaran a su paso, no todas, siempre existen excepciones. Pude vivir entre dos etapas, la de aquellos vestidos que se extendían más debajo de las rodillas y aquellas sayas plisadas que deformaban su figura, largas también. Luego vino la moda impuesta por la necesidad, la escasez de tela. Las sayas se transformaron en minifaldas, se perdieron las mangas largas, justificadas ahora por el clima tropical. Un poco más tarde fue mucho peor o mejor para la vista, apareció el "baja y chupa" y la lycra lo sustituyó todo, hasta la imaginación.

Pero ese andar, ese andar tan exquisito de las cubanas, eso no lo he encontrado en ningún lugar. Es que te abordan con musicalidad, ritmo, cadencia, espiritualidad, sensualidad y sexualidad conjugadas. Mucha provocación escondida y que ahora, convertidas en abuelitas, se atreverán a rechazar y acusarme de exagerado. ¡Vamos, queridas! Que también le imprimían un poco de maldad a su marcha provocadora. Ese sandungueo es muy propio de las nuestras, único del Caribe. ¿Quién podía permanecer callado? ¡Yo que era tímido! Eso sí, nadie podía privarme de esa sublime contemplación y tuve mis accidentes. Como aquella vez que miraba con insistencia a una muchacha que caminaba por la acera contraria en la calle Saldo, ni se imaginan. Me fajé con un poste de luz metálico y caí como un buen comemierda al piso. ¡Que tronco de papelazo!

-Compañero, ¿se siente bien? Fue la voz de aquella chica y la vergüenza se multiplicó, no deseaba regresar en mí. - ¿Lo ayudo? Estuve a punto del infarto y traté de fingir, me levanté sonriendo, tratando de justificarme, pero ella era maldita y sabia la verdadera causa de mi caída, su andar artístico y casi perfecto.

Acá no sucede lo mismo, hay mujeres espectaculares y te atrapan mientras se encuentran sentadas o detenidas esperando la luz roja del semáforo. En cuanto ponen la verde comienzas a desilusionarte, nada es igual, parecen soldados marchando. ¿Si hubieran visto a una cubana caminando? Pienso constantemente, deberían poner una academia para que las enseñen a caminar. ¡Quizás no existieran tantas mujeres solteras! Vuelvo a pensar nuevamente y en eso transcurre el tiempo. ¡Ohhhh! Ni se te ocurra mirar con insistencia o piropearlas, pueden acusarte de acoso. ¡Mierda! Me quedo con las cubanas, al menos mentalmente, con mis recuerdos.

Esteban Casañas Lostal. Montreal. Canadá. 2016-06-08

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