Cuba es un cuento, compay

Rumores

Dice Michelle, ella es una hembra voluptuosa de un cuerpo exótico que la aproxima al trópico. Hablo de ese culo descomunal que nace un poco debajo de la cadera, trasero anormal para ser portado por una blanca legítima, porque donde ella vive no hay quien tenga de congo ni carabalí. Ojos azules como el cielo que armonizan con esa blancura pálida de quien no sufre el sol los doce meses del año, y está al alcance de jabones y cremas que se adaptan con facilidad a su piel. Ojeras que arrastra hasta los pómulos y que maliciosamente relacionan con el sexo, y en ausencia de éste, lo vinculan a un dedo. Su pelo es lacio y le llega a la cintura, descansando sus puntas sobre el lomo de sus nalgas. Sus tetas son elegantes, nada escandalosas, normales, aunque para su estatura son voluminosas, no solo eso, se distingue de las demás culonas por tenerlas pronunciadas. Porque la naturaleza es muchas veces injusta, si te dota de culo careces de pechos, si eres planchada te dona unos senos pronunciados. Bueno, no es tan injusta tampoco, tal vez lo haga para que no pases inadvertida, para que haya un motivo que observar y no seas un fantasma más en esta vida. Tampoco reparte igual, debería ser equitativa la naturaleza a la hora de distribuir, dotarte con un poquito de todo y que todo sea admirado, pero no es así. Hay que andar, hay que buscar en la calle, mirar, mirar. Pasan diez, cien, mil, y todas no están bien repartidas, solo raras excepciones y para eso, a las que puedas considerar perfectas las acaparan en la televisión, las convierten en Miss Universo o las usan para publicar comerciales, pero no se puede confiar mucho tampoco, pueden ser chicas plásticas o de silicona. ¡Joder! Que ya no se sabe que rayos se puede comer, imaginas estar con una mujer y cuando menos lo piensas te resulta que es un producto derivado del petróleo, así estamos. Luego, cuando contienen todas las especias exigidas por la vista, siempre les falta algo, si no tienen el coco hueco, te revientan con el aliento, el caminar salvaje, el egoísmo coqueto, el celo, la rabia, la lengua imprudente, ¿y por qué no?, la falta de musiquita, porque en la vida y en las mujeres, todo forma parte de una suma de secretos.

Dice Michelle, y me lo dijo en español aunque fuera canadiense, no en un español cualquiera, porque ella no aprendió a pronunciarlo en ninguna academia. El español de ella es similar al de cualquier asere, ¿cómo pudiera referirme a un asere en francés? Tampoco en un francés perfecto, porque por mucho que lo intenten y hagan fuerza, el de aquí es de menos calidad que el que se habla en la república francesa. Aunque insistan y luchen por convertirnos mediante su francisation, ¡pero es que ellos son malos hablándolo!, les sucede lo mismo que a nosotros con el español. Michelle es un asere-có con una lengua materna que se va descojonando, al menos, eso pienso yo, mientras sus relaciones se profundicen con los cubanos. Y no es que sea bruta o inculta, nada de eso, ella es muy bien preparada. ¡Ah! Y aquí no existe esa rumba de comprar a los profesores como allá, ni que los profesores sean chamacos producidos en brigadas emergentes porque los verdaderos pedagogos se han muerto o andan cumpliendo misiones internacionalistas o hayan dejado la pincha pa’curralar en el turismo. Nada de eso, hay que descartar todas esas posibilidades porque ella es profesora, no de lengua y menos de la española, pero es profesional y tumba tremendo sueldo. Yo me inclino a pensar que todos los problemas de Michelle se reducen a la longitud de un rabo, que tampoco es el rabo de una vaca, me refiero al cuero de un cubano.

Dice Michelle, que como ya les expliqué, es un asere-có en francés que llega a la barra y pide un Mojito con la misma grosería de nosotros, perdón, dicen ahora que es folclor. En resumen, lo solicita de la misma manera que hacíamos cuando podíamos entrar a la Bodeguita del Medio. Y cuando se libera después del tercer trago, como tratando de escapar al estrés que le ofrece la vida por acá, donde curralar ocho horas son netas y carentes de todas las muelas que existen por allá. Lugar sobrecargado de erotismo y sexualidad que al parecer, ha ejercido sobre ella una penosa influencia, al extremo de sentirse inadaptada a este medio. Tal vez tan organizado y riguroso con las obligaciones laborales y sociales, y que no contemplan eventos comprendidos dentro de las horas abonadas por un salario mínimo contemplado por la ley. Pues, después del desparpajo lingüístico y moral que sucede al cuarto trago, donde comienza esa etapa del diálogo confundido con una confesión sacerdotal, pero empujada por ese alcohol estimulante. Y donde me entera que lo mismo le da chicha que limoná, y me propone que en la vida hay que probarlo todo, sea un túnel o polín de ferrocarril, probar, para sacar sus propias conclusiones. ¡Claro! Ella habla y habla sin parar, yo la escucho y escucho tratando de parar, y al final, siempre llegamos a las mismas conclusiones. ¡Mira Michelle! Tú estás buena y joven, puedes reventar una reverendísima tortilla y virar pa’tras y nadie se enteró. ¡Yo no! Tengo que morirme hombre, ya no tengo tiempo de virar y regresar, si me meto a maricón me ocurrirá algo inevitable, me muero de hambre.

-Celine estaba a punto de perder al marido. Me dijo Michelle ese día, lo expresó con ese dolor solidario de quien ha sufrido la amarga experiencia.

-¿Y cómo lo conquistó? Fue una pregunta casi infantil, ajena a las relaciones que comienzan a existir entre aseres sin fronteras, no creo haya sido anormal y ella me comprendió.

-¡Lo luchó en la arena! Me contestó con inocencia sin dejar espacio a la posibilidad de una acción contraria, o sea, que no fuera ella la iniciadora de aquella batalla.

-¿En la arena? Más que una pregunta fue un desafío, una invitación a la narración de una historia gastada y que ella entendía ser una primicia.

-Sí, ella llegó a pasar sus vacaciones y un día se encontró con él, fue accidental, casual. ¡Vaya! Coincidieron en el espacio y el tiempo. A pesar de ser negro lo vio tendido en la arena tomando un baño de sol.

-Para ponerse más negro todavía.

-No te burles, pero sabes que es así.

-Es probable, cuando llegan a este país comienzan a desteñirse y se convierten en mulatos.

-El caso es que Ramiro se comportó indiferente ante su presencia, y ya sabes, ante el asedio de tantos jineteros, aquella actitud del hombre la redujo, la atrajo, la conquistó a primera vista.

-Y minutos después respondiendo a su curiosidad, Ramiro dejó de observar las gaviotas que volaban cerca de la playa, se hizo el sordo ante el rumor de las olas y le pidió prestada la fosforera para encender un cigarro.

-¿Celina te contó?

-No, si yo no la conozco.

-No recuerdo si el pretexto fue el encendedor, tengo que revisar mi memoria, pero existió la justificación.

-¿Y luego? Quedaron encontrarse por la noche y bajo la luz de la luna Ramiro le hizo el amor en la misma playa donde se habían conocido, quizás, los mismos granos de arena cubrieron sus cuerpos por segunda vez. Allí, embriagada por un orgasmo que tal vez no había experimentado, escuchó aquellas palabras de amor que siempre permanecieron ocultas en una ciudad, donde la soledad es combatida con la presencia de un perro o un gato.

-No seas irónico.

-No lo soy, solo te facilito recrear el ambiente.

-No es lo que piensas tampoco, Celine cayó fulminada por esa flecha que solo Cupido sabe disparar.

-¿Por la flecha o el rabo?

-Puede que ambas, pero el hombre era diferente, ya te lo dije con anterioridad.

-¡Claro que lo era! Ella regresó visiblemente enamorada y le propuso matrimonio. Él aceptó la propuesta, pero con la sola condición de no abandonar el país. Aquella acción la deslumbró y Celine pudo comprender que sus relaciones con Ramiro estaban fundamentadas en el amor más puro y verdadero conocido en toda la tierra.

-Ya tú conocías esta historia.

-Te juro que no, y que no conozco a Celine.

-Pero es que todo ha ocurrido tal y como expresas.

-Son imaginaciones mías.

-Pues en ese ir y venir se mantuvieron durante dos años hasta que el hombre aceptó, él se vio obligado a renunciar a su trabajo en el turismo para poder abandonar el país.

-Y como es de suponer, ella lo mantuvo desde aquí durante todo ese tiempo de inactividad y le mandaba mensualmente unos doscientos dólares.

-Te quedaste corto, hablemos de los trescientos y todas las solicitudes que le hizo por casos de emergencias.

-¿Emergencias?

-Sí, reparaciones de la casa, multas del padrastro, materiales para la escuela de sus sobrinos, etc., un millón de etcéteras que no comprenderás.

-O que tal vez comprenda mejor que ustedes.

-En fin, el tipo llegó a venir y se mantuvo tranquilo durante un tiempo que no puedo precisarte.

-¿Y ahora?

-Acaba de anunciarle a Celine que nunca renunciará a su libertad y la abandonará.

-¿A cuál libertad?

-No sé, eso fue lo que le dijo.

-¿Y ella que respondió?

-Que no lo privaría de su libertad y lo aceptaría el día que quisiera regresar.

-¡Coño! Pero que buena es Celine, es un ángel. Hace falta que le trasmita ese espíritu a todas las cubanas. ¿Y qué tú crees de toda esa maraña?

-¿Yo? Que no soy comemierda, que nadie me marea con esas trovas, el tipo que quiera ganarse el billete conmigo tiene que lucharlo de verdad.

-Pero el socio le dijo que no quería abandonar el país y ella fue la que insistió.

-Ella que es una gilberta se tragó el anzuelo, men. Esa es la última táctica, la más refinada, la más sublime, la más yoga.

-¡No jodas!

-¿Qué no joda? Estás perdido, men. Hay que estar encima de la bola.

-¿Y Celine cómo es?

-Es una joya que se oxidaba ante la mirada indiferente de los hombres por acá.

-Y que brillaba como el diamante de más alto quilate allá.

-Tú no me lo creerás, ya estás acostumbrado a ver mujeres bellas como esas.

-Por supuesto que he visto muchas, demasiadas, pero nunca me acostumbraré y no me canso de mirarlas.

-Celine se involucró en el círculo de amistades de Ramiro, porque aunque no lo creas, hay un batallón de ellos que arribaron a este país antes de él.

-Me imagino sea un grupo de combatientes de la arena, gente que van invadiendo un imperio por las batallas celebradas en una playa.

-Así mismo es, pero ese ejército corresponde a un mundo bajo como los que describe perfectamente Pedro Juan Gutiérrez en sus obras.

-Ya me imagino, reyes que tuvieron sus tronos fuera de La Habana.

Dice Michelle, quien se encuentra actualizada de todos los problemas que ocurren dentro de la comunidad cubana. Tarea no muy difícil para ella, si se tiene en cuenta nuestra idiosincrasia y flojedad de la lengua, sobre todo, si median cervezas o botellas de ron entre palabras. Dice, porque lo ha escuchado en todas las reuniones donde se agrupan los cubanos, al menos la mayoría, según su criterio, y que casi siempre se reducen a las noches de discotecas. Que Ramiro se cansó de ser exhibido como el trofeo conquistado en el Caribe o, como el animalito salvaje cazado en una playa tropical. Dice Michelle que ahora anda con una cubana toda descojonada, esas fueron sus palabras, que la tipa es canillúa y tiene las pasas paradas, que no llega a las cien libras y habla mal el francés, que la tipa llegó a Canadá luego de luchar a un viejo verde en la orilla de otra playa. Dice, que la prieta se cansó de que la tuvieran encerrada y le limitaran los movimientos, que se cansó de protestar porque no tenía cartas de créditos, aunque bueno, para no ser injusta y condenarla, la prieta le dijo que no le faltaba nada, solo eso, carecía de musiquita, porque la vida es un regaeton cuando se llega a la cama. Y si no llevas el ritmo de poco sirven las piernas lindas, el culo excelentemente diseñado, los senos parados aunque no uses ajustadores, las pestañas largas y los labios provocadores. Dice Michelle que, ninguno de esos atributos sirven de mucho cuando no se saben utilizar en presencia de los cubanos, y cualquier monumento puede estar condenado al fracaso ante la máquina cubana más imperfecta a la hora de fabricar un orgasmo.

Dice Michelle que Celine realiza muchas horas de trabajos extras para limpiar sus cartas, por supuesto, fueron remontadas al tope por Ramiro para resolver los problemas de su casa. Ella no se refiere a la ocupada actualmente en Montreal, dice que fueron gastos para reparar la que tiene en La Habana. A veces, dice ella, Ramiro llega con un taxi hasta el lugar donde trabaja los fines de semana a pedirle plata. Y ella, siempre tan comprensiva y caritativa se la entrega. Dicen las malas lenguas que dentro del taxi viajaba la cubana, pero son solo rumores, nadie tiene pruebas convincentes y aquí las leyes no son como las de allá, nadie te condena por convicción, ni nadie mete las narices en la vida del vecino. Luego, parte en el mismo taxi y ella continúa trabajando para pagar solamente los intereses de aquellas cartas.

Michelle terminó de consumir su quinto Mojito y se despidió de mí, dice que iba a trabajar. Antes de partir me habló algo de su tarifa actual, protestaba por el comportamiento del mercado y las oscilaciones que existían entre la oferta y la demanda, condenaba la guerra en Irak y la culpaba por el alto precio de la gasolina. Dice que por culpa de los precios del petróleo habían bajado las tarifas de sus clientes y que por términos generales, solo solicitaban mamadas. Simpatizaba con la política actual de Chávez y encontraba en su figura la esperanza de mejores tiempos para su negocio. Estaba ahorrando unos quilitos para irse de vacaciones a Cuba, le encantaban los mulatos que ella luchaba en la playa.

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