Cuba es un cuento, compay

Segundo Oficial, entre cartas, tablas y almanaques

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Fui Segundo Oficial en la etapa más romántica de nuestra profesión, la navegación tenía mucho de arte cuando aquello. No se soñaba aún con el nacimiento de todos esos aparaticos que poco a poco han ido sustituyendo al hombre. El sol continuaba siéndolo y nos regalaba cada mediodía su latitud meridiana. En ambos crepúsculos, estrellas y planetas penetraban sus débiles destellos a través del sextante y grababan sus imágenes en nuestras mentes. Los radares necesitaban calentamiento y casi siempre ofrecían la posibilidad de dos líneas isométricas, eran generalmente de anillos fijos.

Corrían tiempos de duras pruebas para los buenos y grandes navegantes, para los malos también. Acudo a estos recuerdos para ilustrar en algo a quienes no pertenecen a esa profesión, los tiempos han cambiado desde entonces. Hoy, un niño puede navegar tranquilamente auxiliado por un equipo de satélite o GPS. ¿Y cuándo se rompa el aparatico? Solo ese día comprenderá que nunca fue navegante.

Estuve alrededor de ocho años ocupando esa plaza, no fue por deseos míos, ya lo he explicado muchas veces, no me dejaban ascender por no pertenecer al partido. Sin embargo, llegué a acomodarme, tal vez por resignación, a la idea de que yo había sido destinado para ello. Vi pasar a mi lado, muchas veces en ascensos vertiginosos, muchachos que fueron alumnos míos, no sentí envidia o celos. De aquella plaza, solo detestaba el horario de sus guardias. En la flota cubana las realizaba de doce del día a cuatro de la tarde y de doce de la noche a cuatro de la mañana. Debo confesar que era la más tranquila de todas, casi todos dormían su siesta después de almuerzo y de noche eran raros los desvelados. El puente se encontraba casi siempre vacío en esos horarios, cuando el buque tenía piloto automático, los timoneles realizaban cuatro horas de faenas en cubierta y sus guardias de timón en la noche. Me caía mal ese horario porque casi nunca desayunaba y cuando me levantaba a almorzar estaba estragado y apenas me llevaba una cucharada a la boca. Fueron largos ocho años que no superé las ciento treinta libras de peso, era un espagueti con aspecto enfermizo.

El trabajo del Segundo Oficial es el más bonito de todos los que realizan los pilotos a bordo, ya vimos las responsabilidades del Primer Oficial y luego continuaré con las del tercero. Es o era el encargado de confeccionar las derrotas del buque, labor que en aquellos tiempos requería muy buenos conocimientos de navegación, meteorología, oceanografía, etc. El Capitán le informaba sobre los puertos de destino y a partir de ese instante, se sumergía en una paciente labor con la finalidad de garantizar una excelente navegación. Siempre se debía auxiliar de los Pilots Charts, son unas cartas de publicación mensual donde vienen reflejadas las corrientes marinas, promedio y fuerza de vientos dominantes, valores de la variación magnética que afectará al compás magnético o brújula, derrotas recomendadas, etc. Luego de estudiar la situación y consultar también al Guide to Port Entry (Guía para la entrada a puerto), seleccionaba con el uso de un catálogo (en el caso cubano era generalmente de la Admiralty Charts) todas las cartas (mapas) que serían necesarias en esa travesía.

Si la navegación contemplaba cruzar un océano y siempre que fuera posible, calculaba una derrota por ortodrómica o círculo máximo. Los oficiales menos técnicos, confeccionaban esos rumbos auxiliándose con una carta de proyección gnomónica. No voy a entrar en detalles que pudieran confundirlos, solo les diré que su uso era muy simple, trazabas una línea entre dos puntos elegidos y luego, cuando la llevabas a una carta Mercator, que era la utilizada en las navegaciones, se reflejaba en ésta como un círculo. Era recomendada este tipo de derrota por ser ese círculo la menor distancia entre dos puntos de la superficie terrestre. La tierra es redonda, ¿no?

Por nada del mundo se me hubiera ocurrido proceder de esa manera en aquellos tiempos, se vivía mucho del “orgullo profesional”, ya les dije, ese método era el utilizado casi siempre por los brutos. Para calcular ese círculo máximo se utilizaban las tablas HO-214 y posteriormente la HO-229, era un proceso de cálculos muy lentos y trabajosos, pero era el utilizado por los verdaderos navegantes de aquellos tiempos. Con toda esa información a mano y con el uso de algunas cartas generales, desarrollaba dos o tres proposiciones de derrota que luego mostraría al Capitán para su aprobación o rechazo. Creo que fueron muy pocas las veces en las que inspeccionaron las derrotas que yo planificara, eso ocurría generalmente en el primer contacto con cualquiera de esos capitanes. Luego, cuando te conocían, solo se limitaban a decirte el país o puerto de destino, se establecía cierta confianza. Sin embargo, recuerdo que los encontronazos más fuertes, los tuve con capitanes poco profesionales y muy mal preparados técnicamente. Como regla general, destruían injustificadamente cualquier tipo de proyecto y conducían la nave por rutas caprichosas contra vientos y corrientes. Dos o tres años después de estar ocupando esa plaza, me dediqué a contar las millas que se navegaban de más por causa de esas malas derrotas, y créanme, la situación se convirtió en verdaderamente alarmante. Ya he mencionado uno de los casos más famoso de esa etapa de mi vida y ocurrió a bordo del buque “Pepito Tey”. Luego de destruir el trabajo por mí realizado, al Capitán se le ocurrió la brillante idea de seleccionar al Cabo San Vicente como punto de recalada para entrar al Estrecho de Gibraltar. Contar animaladas como esas consumiría gran parte de este trabajo.

Encontrándome de Segundo Oficial en el año 1977, ingreso como profesor de Navegación en la Academia Naval del Mariel. No gozaba con la teoría acumulada por el profesorado que allí encontré, pero de algo estaba muy seguro, ellos carecían de mi experiencia como navegante, algo que me ayudó mucho en la preparación de mis alumnos.

Hoy estuve consultando en Wikipedia antes de comenzar este trabajo y leo con espanto que varias academias navales han considerado, entre ellas, una norteamericana, la eliminación de la “navegación astronómica” en sus programas. Entre las alegaciones que justifican esa acción, se encuentra el hecho de que el valor de un sextante es muy superior al de cualquier receptor de satélite. ¡Dios mío! De hecho no estaremos en presencia de verdaderos navegantes, iremos en un crucero confiándole nuestras vidas a un simple “mira pa’lante”.

-¿Y cuándo se rompan esos equipos? ¿Qué harán?

-¡Tenemos varios de repuesto, son muy baratos! Contestarán algunos que no se quemaron las pestañas.

-¿Cómo le hallarán el desvío residual del compás magnético? En altamar eso se realiza por azimutes al sol y otros astros, pero esos señores no estudiaron astronomía.

-¡No se preocupe, viejo! Los buques modernos poseen muy buenos giro compases. Contestarán otros con sus elegantes títulos en las manos.

-¡Idiotas! Solo falta eliminar la presencia del compás magnético de esas naves, no saben lo que hacen. ¿Y si se les apaga totalmente el buque por contaminación del combustible? ¿Y si en medio de ese apagón son sorprendidos por una galerna? No saben lo que es encontrarse a merced del viento y la corriente por más de una semana. ¡Se deriva, imbécil! Y como no han estudiado astronomía, nunca sabrán donde se encuentran.

-Lanzamos una boya EPIRB al mar para que nos localicen.

-No está mal, otros sabrán donde se encuentran, ustedes no. No será así porque la planta de emergencia tampoco funcionó y las baterías se agotaron. Callarán un rato tratando de encontrar otras justificaciones y yo me remonto a viejas aventuras. ¿Sabrán lo que es atravesar el Océano Pacífico dependiendo de una vieja brújula? (compás magnético) Por supuesto que no, nunca han realizado un viaje de Cuba a Egipto, continuar hasta el Golfo de Aqaba y luego recorrer todo el Mar Egeo hasta buscar el Mar Negro con un solo radarcito y un viejo compás magnético. Se requiere ser muy buen navegante, pero al parecer, no es exigencia de los tiempos modernos. ¿Radar ARPA con pantalla en colores? ¡Noooo! Aquellos hombres debían saber utilizar la rosa de maniobras para saber si un buque encontrado tenía rumbo de colisión y calcular el tiempo de ese encuentro. Fueron tiempos donde el hombre era lo primero, hoy es sustituido por máquinas. Y no es que me oponga a todo aquello que sea dinámico y moderno, pero considero una animalada eliminar cualquier método de navegación para ser sustituido por un equipo susceptible de averiarse.

El trabajo del Segundo Oficial es muy hermoso, tranquilo, solitario. Si se es organizado y se tiene un buen inventario de todas las cartas y publicaciones, eso facilitará mucho su trabajo. Entre sus deberes se encuentra mantener actualizada todas las publicaciones que utiliza en la preparación de las derrotas. Hablo de cartas náuticas, libros de faros, tablas de mareas, libros de radiofaros, etc. Tal vez algunas hayan caído en desuso. En aquellos tiempos, esas correcciones se efectuaban por medio de las informaciones recibidas a través de los “Notices to Marines”. En el caso cubano no existía una frecuencia de entrega de esos avisos a los navegantes, no recuerdo exactamente si eran publicaciones semanales debidamente enumeradas. Lo cierto es que hice varios relevos donde los encontré sin utilizar y abandonados en cajones o gavetas. Muy pocos oficiales realizaban pequeñas correcciones a las cartas que serían utilizadas en la derrota y era algo sumamente peligroso cuando se navegaba en zonas como el Canal de la Mancha, Mar del Norte, Báltico, etc. Creo que arribábamos a Rótterdam, Amberes, Hamburgo, Hull y otros puertos, gracias a la capacidad de los capitanes y oficiales de aquellos tiempos. No sé que ocurriría hoy, porque la sola llegada del satélite a nuestra flota, produjo bastantes burros de mar en nuestros puentes. Aún, cuando se mantenía insuficiente información sobre las correcciones que se debían realizar y nuestras cartas eran viejas. No solo que estuvieran descontinuadas, el viaje con la transportación de tropas cubanas para la guerra de Angola, lo hicimos planificando nuestras derrotas en fotocopias de cartas náuticas cuya última corrección había sido efectuada en 1959. Ya deben imaginar las sorpresas encontradas en el camino, pero aún quedaban algunos buenos navegantes en nuestra flota.

La modernidad no llegó por asalto de la noche a la mañana, los avances de la ciencia y técnica se impusieron paulatinamente en nuestra profesión, me tocó vivir parte de ese proceso. Vi como cambiaron los radares y aparecieron diferentes medios de navegación como el Loran y el Deca. Viví cuando impusieron su presencia los modernos radiogoniómetros, ecosondas, correderas. Fui un testigo más de la desaparición de aquellos partes meteorológicos cifrados que nosotros llamamos “lotería”, para asistir a la presencia de modernos radio facsímiles. Operé buques con controles de sus máquinas desde el puente y totalmente automatizados. En fin, todo fue cayendo poco a poco para ahorrarle trabajos al hombre y lograr de paso mucho dinamismo en nuestra profesión. Recuerdo cuando tuve en mis manos aquella “Astro Navigator Computer marca Tamaya”. Fue una maravilla y me sentí como un niño al que le hacen un regalo el día de Reyes. No necesitaba calcular ortodrómicas ni loxodrómicas, ella lo hacía todo por mí y redujo mi tiempo en los cálculos de las observaciones astronómicas. Eso fue en el año 1977 y aquella maravillosa maquinita tenía programada el almanaque náutico hasta el año 2000. Cualquier cálculo de varios astros que normalmente consumía los cuarenta minutos, fue reducido drásticamente a unos quince, yo estaba muy contento. La introducción al uso de aquella pequeña computadora decía así; “Un niño de doce años puede efectuar una navegación con el auxilio de este equipo, sin embargo, se requiere tener conocimientos de navegación y astronomía”.

Los tiempos han cambiado, leo con espanto que algunas academias navales consideran innecesario el estudio de la astronomía náutica. Es muy probable que luego decidan eliminar (si no lo han hecho) el uso del compás magnético en los barcos. Me asusta la idea de poner mi vida en manos de un mira pa’lante. El compás magnético dejará de ser útil cuando desaparezca el magnetismo de la tierra. Las estrellas y el sol lo harán cuando no exista el firmamento. Todos esos aparatitos se pueden romper como sucede con el televisor de su casa.

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