Cuba es un cuento, compay

Plantados

Los pueblos deben nutrirse de su historia y absorber de ella sus mejores testimonios para luego convertirlas en un patrimonio de conducta. Nada es eterno y el paso del tiempo dictará cambios, cada generación aporta y quedarán obsoletos viejas normas, pero nunca deberán borrarse para siempre, tiene que existir un lugar donde acudir en busca de viejos patrones. La mayor preocupación de todos los regímenes con carácter totalitario o dictatorial, ha sido precisamente esa, tratar de borrar la historia y cuando resulta imposible, la tergiversan. Martí fue descendido de su apostolado para convertirse en héroe nacional y lo peor, declarado autor intelectual del ataque al Moncada, y por supuesto, cómplice de nuestra actualidad. Las manipulaciones históricas han afectado hasta la misma historia de esa llamada “revolución cubana”. Los nombres de muchos participantes en aquella que, supuestamente sería una gesta emancipadora, han sido borrados de los primeros libros de historia escritos con premura. En esos borrones se incluyen nombres de artistas, escritores, poetas, deportistas, militares, etc. Todos han dejado de existir para su pueblo y desgraciadamente, los efectos de esa ignorancia se sienten con el paso de varias generaciones.

El hombre debe alimentarse con la savia que dejaron a su paso otros hombres y recoger de ella lo mejor de sus vidas. La verdad absoluta no existe, el hombre perfecto tampoco. Pero amigos y enemigos cuentan dentro de sus filas con el ejemplo de seres que dejan huellas a su paso y se distinguen de otros hombres. Sin embargo, esa posibilidad es casi nula dentro de nuestro pueblo, cuando solo se cuenta con una versión manipulada y casi definitiva de su historia. Miami es una ciudad donde vive la mayor parte de la comunidad cubana en el exterior, ha sido el foco central de todos los ataques de un estado contra sus compatriotas. Muchos se preguntarán ¿por qué? Y las respuestas la encontramos los que un día decidimos desprendernos de ataduras ideológicas, cuyos grilletes dejan huellas profundas en el alma de cualquier ser humano. Sobreviven y están a punto de desaparecer por ley natural de la vida, esos testigos que pueden desmentir mucho de lo que se ha escrito a partir de 1959. Hablo de los verdaderos protagonistas cuyos nombres han sido borrados y cuando menos manchados en los actuales libros de textos.

Nuestros bisabuelos se amamantaron con los recuerdos de los viejos mambises con sus luchas convertidas en leyendas y sus cargas al machete y toques a degüello. Muchos historiadores se encargaron de limpiar aquella historia de los eclipses que producen las luchas intestinas y ambiciones de poder, enfermedad endémica al parecer dentro de nuestro archipiélago. Nuestros abuelos y padres crecieron con los recuerdos de una joven república y sus cosechas de héroes y mártires. Ninguno de ellos ha podido escapar a las constantes manipulaciones y tergiversación que hábilmente se ha desarrollado durante medio siglo.

¿De qué se alimentarán nuestros bisnietos o tataranietos? Nadie puede predecirlo y esa será una responsabilidad de todos aquellos que, hoy asuman con responsabilidad la tarea de conservar las huellas de esos hombres que van cayendo diariamente por el peso de los años y las angustias cargadas como mochilas.

“Plantados” es un documental narrado por esos hombres a punto de despedirse de nosotros, alguno de ellos ya nos ha dicho adiós. Es una cicatriz profunda que se mantiene abierta y resultará difícil cerrar muchos años después de nuestro paso por esta tierra. Escucharlos describir toda la crueldad con la que fueron tratados durante sus cautiverios en cárceles cubanas, se acercan mucho a las narraciones de cualquier película de terror. Se siente miedo, y ese miedo se transforma en pánico cuando nos recreamos con sus celdas, golpizas, torturas, disparos que se incrustan en las murallas de La Cabaña. Sin embargo, cuando los escuchas, y no es la primera vez, manifestar que resistieron todos aquellos sufrimientos, y que el dolor multiplicaba su valor, no me cabe la menor duda de encontrarme ante el verdadero héroe que necesito para mi nieto. Poco importa que haya nacido en Canadá, aquí no se producen hombres sometidos a esas pruebas tan inhumanas dignas del repudio de toda la humanidad, sean del bando que sean.

Cada palabra, cada frase expresada por ellos, desmitifica paladines y causa, enrola en su nómina a un héroe querido y admirado por el pueblo y cuya verdadera historia está por escribir. Existen dos a saber y de la que será necesario escribir la verdadera, un Camilo Cienfuegos al que varias generaciones de cubanos han rendido tributo cada año. ¿Víctima o victimario? ¿Ambas cosas? De encontrar la respuesta se encargarán los futuros estudiosos, pero nunca escaparán a viejos vicios aplicados por los vencedores, ¿a quién creerle entonces? Pero si su transcurso por esa vida “revolucionaria” fue tan fugaz como el paso de un cometa, ¿cómo es posible encontrar una página enlodada en tan corto espacio de tiempo? Se habla de métodos de tortura y trabajo forzado donde él es uno de sus creadores. ¿Dónde estará el héroe entonces? Se preguntarán muchos cubanos cuando tengan acceso a estas informaciones, ¿cómo es posible que yo gritara, ¡Quiero ser como el Che! Se preguntarán millones de cubanos cuando sus padres hayan desaparecido de la escena, las respuestas las encontrarán algún día, poco importa cuan lejano o presente se encuentre.

La lección que se recibe al escuchar el testimonio de esos hombres es conmovedora, nadie es capaz de medir el potencial que se puede encerrar en un solo hombre para resistir el dolor. Y se siente vergüenza, por supuesto que sí, porque los oyes hablar sin que se les escape una palabra de odio y razones les sobran. Se siente admiración cuando los escuchas hablar con cariño de todos sus compañeros caídos. Se enriquece el espíritu cuando compruebas que existieron hombres y aún existen dentro de nuestras cárceles, con la suficiente virilidad para desafiar la muerte. Se siente una profunda pena cuando vemos que el ejemplo de tantos y tantos hombres pueda perderse en el vacío que produce el tiempo y el olvido. Cuando miras a tu alrededor y vemos a una multitud que no está dispuesta a renunciar a nada alegando, siempre alegando y tratando de ocultar sus temores. Se siente pánico cuando escuchas que alguien habla con tu acento y se comporta como un paria que llega de una tierra que fue tuya y lo sigue siendo. Se siente pena cuando encuentras a seres que llegan de un lugar donde la historia se detuvo y no desean retroceder, no quieren encontrarse con la verdadera, porque cuando eso sucede, dan deseos de ser plantado, pero todos no estamos capacitados para asumir esa responsabilidad, no contaremos en la historia que consumirán nuestros tataranietos.

Yo los invito a que disfruten de ese documental testimonio, se encuentra en Cuba sin cadenas.

Martes, 05 de Febrero del 2008

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