Cuba es un cuento, compay

La familia 2

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Cuba, el costo de su revolución.

…¡que las mujeres no se queden atrás! (APLAUSOS.) ¡Que las mujeres se sitúen en primera fila (APLAUSOS), en esta Revolución que tanto significa para la mujer cubana (APLAUSOS), en esta Revolución que tanto significa para los hijos de las mujeres cubanas! (APLAUSOS.)…
Fidel Castro, 1ro de Octubre de 1962. Primer Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas.

Ya vimos el marcado interés del régimen cubano en separar a los hijos de sus padres y poder de esa manera lograr dominio absoluto sobre sus mentes. Alejados de la influencia familiar, el trabajo ideológico desarrollado con niños y jóvenes obtendría resultados más efectivos. La batalla no tendría tanto éxito si no se lograba dividir a la familia en el seno del hogar y hacia ese punto se dirigieron infinidad de campañas que lograron esos macabros objetivos. El escenario brindaba todas las facilidades para desarrollarlas, ya mencionamos el hacinamiento al que han sido sometidas varias generaciones de cubanos. El crecimiento demográfico

Experimentado durante los primeros años, fue acompañado por la incapacidad del estado para satisfacer la necesidad de viviendas. Puede afirmarse también una alta dosis de desinterés en la solución de ese grave problema, si se tiene como punto de referencia el año donde se funda el movimiento de “microbrigadas” destinadas a la construcción de viviendas que, luego se repartirían por medio de esos mecanismos diabólicos establecidos donde se premia la lealtad y se ignora la necesidad. Ya habían pasado más de veinte años de la llegada de esa “revolución” al poder, y por supuesto, la población había crecido.

Viviendo en esas condiciones para muchos infrahumanas, las campañas ideológicas desarrolladas con la finalidad de enfrentar a los miembros de una misma familia cobraron mucha fuerza. No se puede olvidar aquella dirigida a la “liberación” de la mujer, bastante tardía y elaborada cuando el cubano se había desprendido de muchos tabúes o prejuicios machistas. No era precisamente la “liberación” de ella el objetivo perseguido, hablemos de un libertinaje acompañado de todos esos vicios que ayudaron a destruir viejos conceptos éticos y morales. Aparece ante la sociedad la imagen de la mujer sacrificada que renuncia a todo, incluso a su familia, para dedicarse a otras actividades aplaudidas por el régimen. Hablemos de las madres que abandonan a sus hijos y parten en misiones internacionalistas por períodos de tiempo que superan los dos años. Para el régimen y el partido se trataba de heroínas, pero lo cierto es que en muchos de aquellos casos los matrimonios se destruían.

Tampoco era imprescindible salir del país, muchas fueron las movilizaciones dentro del territorio nacional que lograron arrastrar a miles de mujeres y hombres por períodos de tiempos prolongados, los resultados finales fueron similares. Curiosamente, nunca hubo una campaña para frenar ese daño que se iba causando a la familia cubana, y no creo que existan datos oficiales, donde se refleje la cantidad de madres solteras o divorciadas en el país. Debe tenerse presente que la “infidelidad”, fue considerada durante mucho tiempo un acto inmoral que impedía la entrada de cualquier aspirante al partido. Con el paso del tiempo dejó de ser considerada un impedimento y se convirtió en una virtud para cualquier cubano común y corriente.

No debe culparse solamente a la mujer cubana en ese proceso de deterioro de la familia cubana, puede calificarse como una jugada inteligente del gobierno en un país, donde la mentalidad machista formaba parte de su idiosincrasia, aunque ese machismo ya se encontraba en franco debilitamiento. Eso sí, arrancar a la mujer de los dominios o influencia del hombre, era un duro golpe al orgullo del macho criollo y eso lo sabían perfectamente. El bombardeo de novelas, programas, artículos, comedias y cuanta vía brindara la posibilidad de transportar ese veneno fue explotado oportunamente. El hombre, que ya no era el mismo heredado por esa “revolución”, se convirtió en más machista que nunca y en un enemigo terrible de la mujer ante los ojos de la sociedad.

Otros de los factores a tener en cuenta y que afectaron grandemente la unión de la familia, lo ha sido durante cincuenta años, las condiciones económicas paupérrimas en las que han vivido esas varias generaciones de cubanos. Con salarios de miseria que no les alcanza para llegar a la mitad del mes, una vez que se produce una separación matrimonial, el hombre parte y no mira para atrás. Existen excepciones a esta regla, pero un alto porcentaje de esas mujeres quedan abandonadas a su suerte con la prole. Muy sencillo, el hombre no puede asumir el costo de la manutención de sus hijos y tratar de emprender una nueva vida. La solución más simple es olvidarlos, entonces, esas mujeres se ven obligadas a entregarlos a la primera beca que encuentren en su camino para aliviar su situación. Como pueden ver, todos los caminos conducen al estado paternalista y benevolente que adopta a esos niños abandonados. Luego, puede formarlos a su antojo ante el agradecimiento infinito de esas madres. La tendencia actual es culpar al “período especial” para justificar todo el daño producido en nuestra tierra desde hace medio siglo. Totalmente falso, estos males existen desde que apareció esa “revolución” en el camino de los cubanos.

El éxodo de una parte de la población al exilio, fue otra de las armas utilizadas por el régimen cubano en la destrucción de nuestra familia. Los que partieron fueron considerados traidores a la patria y los que se quedaron, vieron con pasividad como se condenaba todo vínculo o contactos con aquellos. Esas relaciones volvieron a establecerse después de la mitad de los setenta ante la necesidad de moneda dura por parte del régimen. Existieron casos donde la maldad del sistema adquirió límites desconocidos, cuando la decisión de alguna familia en abandonar el país era conocida y durante ese largo período de espera, miembros del partido desarrollaban trabajos de proselitismo con los menores para convencerlos de que renunciaran a su salida. No pocas familias partieron desmembradas por el éxito de esas infames labores, luego se encargarían de condenarlas a través de filmes, obras, novelas, etc. En todos los casos los siempre demonizados exiliados, aparecen como los culpables de ese desgarramiento y la carga de odio del que se quedó varado hacia sus parientes, siempre será el reflejo de la víctima que al final elige a su “revolución”. Lo curioso de todo esto radica en que los guiones de todas esas obras, han sido escritos por algunos intelectuales que luego partieron al exilio, como lo fue el caso de Jesús Díaz, por solo citar un ejemplo.

La religión, racismo, homofobia, y otros males sociales en vías de desaparición, fueron sacados nuevamente de sus tumbas y lanzados a esa lucha por envenenar el ambiente familiar. Son temas muy extensos y profundos que merecen un trato individual debido al grado de influencia en el ejercicio de la división de la familia cubana.

El daño producido en la mente de las nuevas generaciones, la pérdida de valores morales y éticos de una gran parte de ese pueblo, es uno de los principales retos que deba enfrentar la sociedad cuando ocurra un cambio y se desee trazar un nuevo destino. De la mente del ser humano que hoy existe en la isla, deben borrarse todas esas prácticas aberrantes que solo han obtenido un producto muy alejado de lo que es el cubano en realidad. La familia debe recobrar su papel ante la historia, porque solo ella es la que puede garantizar la existencia de una sociedad que sepa mantener coexistencia entre todos los que la forman, los gobernantes pasan, la familia es eterna.

…¿Qué será nuestra patria, sin embargo, dentro de 10 años? ¿Qué será dentro de 20 años? ¿Y qué será de esta tierra y esta patria y este pueblo nuestro, cuando hayan transcurrido 60 años a partir del 1ro de Enero de 1959? (APLAUSOS.) Con seguridad que no será esto que nos dejaron, con seguridad que no será el país pobre que nos dejaron que no producía más que azúcar y que tenía que importarlo todo… Fidel Castro…

¡Hummm! ¿Qué será? Han pasado cincuenta de esos años y casi no se produce azúcar.

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