Cuba es un cuento, compay

Aquella flota nuestra. Década 1980-90 - 2

Para aumentar un poco más todas las desgracias que veníamos experimentando en los buques, se introduce en 1982 la detestable figura del comisario político. Fieles a los dictados de nuestra metrópoli y tratando de imitarlos, sin imaginar que se encontraban en proceso de extinción, el partido comunista de Cuba nos regala este parásito. De las plantillas de nuestros buques, habían desaparecido varias plazas a lo largo de los años transcurridos. Cayeron en el camino los mayordomos, marineros de máquina, pañoleros de cubierta y otras plazas que ahora no recuerdo exactamente. Se mantenía sin embargo, otra con escaso contenido de trabajo, me refiero al ya mencionado Sobrecargo en otros trabajos míos. Éste, cuando menos, se encargaba de las nóminas mensuales, solicitud de víveres, ventas de tabacos a bordo y robar todo lo que se pusiera a su alcance. El político carecía de cualquier contenido de trabajo administrativo, sus únicas tareas conocidas hasta el momento de marcharme en el 91, fue proyectar un video semanal, realizar reuniones políticas, mantener la biblioteca del buque y meter las narices donde podían.

Recuerdo con exactitud el año de ingreso de estas figuras al ambiente marítimo cubano, porque coincidimos en la Academia Naval de Baracoa. Yo me encontraba estudiando para Primer Oficial, junto a Capitanes, J’ de Máquinas y Segundos Maquinistas. Nosotros, los que llevaríamos el peso de toda la responsabilidad económica de nuestros buques, teníamos que trasladarnos hasta esa lejana academia por los medios de transportes urbanos. Ellos, los que llevarían vida de proxenetas y se convertirían en una pesada carga para la sociedad, disponían de tres autobuses para su uso exclusivo y aunque dispusieran de asientos vacíos, nos tenían vedado su servicio.

Salvo contadas excepciones, aquel grupo estaba integrado por muchos de los bandoleros y contrabandistas que conocíamos de años en la flota. Solo que ellos poseían el carnet del partido del que tantas veces he hablado. Para colmo de todo este descaro, aquellos individuos ya vestían su uniforme con charreteras de tres rayas como los Primeros Oficiales. Como no encontraron una lengua para identificarlos, tuvieron el desparpajo de colocarles las anclitas que identifican a la oficialidad de cubierta. ¿Creen que es poco? ¡No! Esos niños cobrarían un salario equivalente al del Primer Oficial y en el supuesto caso de que su incremento por antigüedad fuera el máximo, o sea, un 15 % por esa razón, podía suceder que ganarán algo más que un Capitán de joven generación. Entre ellos encontré a varios oficiales de cubierta que habían sido seleccionados por el partido, y como no podían negarse, el sentimiento de frustración era manifiesto. Otros, algo incompetentes en esta profesión, mostraban satisfacción por el cambio realizado. Hablo de Segundos y Terceros Oficiales que escaparon de la rutina de las guardias de navegación y puerto, para dedicarse solamente a rascarse los huevos con mejor salario.

A esta gente le llenaron las cabezas de humo, al extremo de considerarse figuras importantísimas dentro de la sociedad cubana. Tenían, entre otros privilegios de los que no se ocultaban para alardear, el acceso al Comité Central del Partido con la finalidad de realizar cualquier gestión. Al hombre solo hay que darle un poco de poder para conocerlo verdaderamente, no quieran imaginar los cambios radicales sufridos en la personalidad de algunos de esos individuos. Estamos hablando de un grupo integrado en su mayoría por gente de bajo nivel cultural y a los que se arriesgaron a impartir en la academia clases de “Filosofía”. ¡Nada! Innegablemente, aquella “revolución es muy grande, tanto, que supo descuarejingar al país sin necesidad de guerras.

¡Antes de colgar! Estos bichitos llegaron a tener más poder que el núcleo del partido completo y el propio Capitán. Una evaluación política “mala” redactada por ellos en contra de cualquier tripulante, tenía un 90 % de posibilidades de expulsión de la víctima.

Unos años después de la caída del Muro de Berlín y embaucados en la crisis económica conocida como “Período Especial”. Un poco antes de desaparecer la flota mercante, le dieron una patada en el culo a todos esos parásitos, como me reí.

Esteban Casañas Lostal. Montreal..Canadá. 2011-05-20

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