Cuba es un cuento, compay

Cuba: la gran candonga

No sabemos qué queremos a estas alturas de la película, unos porque sí y otros por el contrario. Lo cierto es que no logramos salir de un escándalo para entrar en otro, y los que asumen posiciones moralmente correctas son tildados de locos, como ha sido el reciente caso de Varela en el edificio de los Heralds. Toda nuestra historia ha estado cargada de esos contratiempos, comenzando por los mambises hasta ahora, sus peores momentos. Una historia saturada de camajanes, camaleones y pícaros, que de éstos últimos podemos exportar hacia todas latitudes, pícaros de ambas orillas.

Resaltan recientes noticias sobre el mal uso de fondos destinados al logro de la democracia en la isla, dinero que en oportunidades ha corrido un destino incierto. ¿Podremos algún día eliminar a los pícaros? Creo será la batalla más cruenta a enfrentar por la sociedad cubana del futuro por infinidad de razones, pero la principal de ellas, nuestras condiciones de excelente incubadora de esos especimenes que han vivido a lo largo de estos años del dolor ajeno. No hace falta ausentarse de la isla, allí radica el gran criadero que luego exporta a su vecino del norte y otras repúblicas.

Me asombra sin embargo, las manifestaciones ambivalentes dentro de la oposición cubana, el que manifiesta un no quiero acondicionado, y el que dice yo quiero y échamelo en el sombrero. El primer grupo se ha lanzado a publicar peticiones muy coincidentes a la posición gubernamental, suspensión de esa ayuda, apertura de los viajes hacia la isla y unos cuantos ya se han manifestado en contra del levantamiento del embargo en reiteradas oportunidades. Alegan que esas maniobras norteamericanas entorpecen las labores realizadas por la “oposición” de la isla, la consideran una intromisión en los asuntos internos del país.

Manifiesto mi asombro y lo repito por varias razones, no todos masticamos y nos resulta imposible tragar el cuento para luego digerirlo, permítanme hablar en plural por afinidad con un grupo de seres con igualdad de pensamientos. En primer lugar, esa facilidad para expresar con entera libertad esos supuestos que no corresponden a la opinión generalizada de esa “disidencia”. Facilidad negada a decenas de otros “opositores” que cumplen condenas bajo la más estricta oscuridad y silencio. Seres de los cuales resulta casi imposible recibir sus opiniones, mencionemos a Bicet por solo citar un ejemplo. En segundo lugar y como dije anteriormente, que muchas de las opiniones sean convergentes a la línea gobernante. ¿Hablamos en serio? ¿Solicitan el flujo de los cubanos hacia la isla? ¿Por qué no le solicitan al gobierno cubano una amnistía general relacionada con esos dichosos viajes? ¿Por qué no mencionan algo sobre la libertad que debe existir para viajar con el pasaporte que la persona desee? ¿Hablamos en serio? Vuelvo a preguntar, porque de ser así, deberíamos mencionar algo sobre los viajes realizados por todo un ejército de pícaros que han estado lucrando con el dolor de todo un pueblo. Amén y no quiero mencionar a los que hasta ahora, se dedican al lavado de dinero enmascarados con diferentes actividades culturales, humanitarias y religiosas. ¿Estamos hablando en serio? En tercer lugar, creo que escuchar a un cubano de la isla hablar sobre embargo o bloqueo, es lo más ridículo que pudieran expresar. Ustedes saben perfectamente que todo ese asunto relacionado con el embargo y explotado hasta la saciedad por el gobierno de la isla, no son las causantes de toda la desgracia vivida por el pueblo. Ni las restricciones de esos viajes han provocado el hambre y miseria experimentada durante casi cinco décadas. ¿Hablamos en serio? ¿Por qué no protestan contra todas las medidas dirigidas a asfixiar a su población? ¿Por qué no dicen nada sobre las altísimas cuotas a pagar en las aduanas de la isla por los productos que se llevan para ayudar a la familia cubana? ¿Hablamos en serio?

Castro podrá morir mañana, su final es cada día más cierto que nunca, pero su muerte no resultará la solución de la problemática cubana por infinitas razones. Resulta risible escuchar o leer a un “opositor” pidiendo piedad por el verdugo de nuestras vidas. Resulta increíble tratar de borrar de un solo tirón tanto dolor y muerte, tanta destrucción. Resulta imposible creer que esas demandas de compasión lleguen desde un “verdadero” opositor o, desde una iglesia con cimientos clavados en nuestro suelo. ¿Hablamos en serio? ¡Qué suelten y dejen expresarse a nuestros presos! De verdad, apestan los camajanes, asquean los pícaros y aburren los pendejos con sus llamados al amor que no existe.

A Cuba la han convertido en una gran candonga donde hoy se apuran por vender o comprar y algunos piden que cerremos los ojos, que no escuchemos, y que todo sea en nombre del amor y la reconciliación. ¿Hablamos en serio? ¿Quién se debe reconciliar con quién? ¿El esclavo con su verdugo? ¡Dejémonos de pendejadas! Que de pendejos estamos hartos en estos tiempos, de aquí y de allá, hasta de acullá. ¿Hablamos en serio? Tenemos lo que tenemos y merecemos porque nadie quiere “suicidarse” y esa muerte tiene tan poco valor, digamos que cancelar la suscripción a un puto periódico, ni de eso somos capaces. ¡Y ahora señores! Como somos tan susceptibles, irritables, sensibles, timoratos, tan, pero tan democráticos. Espero por sus ataques, es muy normal y ya estoy acostumbrado. ¿Hablamos en serio de verdad? ¡Al carajo todos esos llamados que me piden abrir las piernas! ¡Qué dejen hablar a nuestros presos!

Miércoles, 29 de Noviembre del 2006

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