Cuba es un cuento, compay

Motonave Casablanca (Mi barco 21)

Cuando ganas dos dólares diarios y te ofrecen una plaza donde ganarás ciento cincuenta al mes, solo se presenta una pregunta en tu mente, ¿a quién hay que matar? No pregunté mucho para aceptar inmediatamente la proposición que me hacían, incluso, llegué a pensar que me encontraba superando aquellos baches del pasado y mi carrera experimentaba un leve ascenso. Estos idiotas pensamientos llegaron a mi mente por una sola razón, eran muy pocos, contados, los llamados a integrar aquella flota fantasma con buques abanderados en diferentes países, han sido conocidos como buques con "banderas de conveniencia" a través de los años. Sacaba cuentas mientras cumplían todo ese ritual burocrático que consumía varias horas, llenarte toda la documentación exigida para un formal enrolo. En dos meses ganaría trescientos dólares, pensaba, si lo traduces al sistema de pago en Mambisa, esa cantidad equivale a cinco meses de navegación. Pero un barco no realiza viajes de dos meses pelados, trataba de consolarme y buscar más plata en mi mente. ¿Y si el viaje fuera de seis meses? ¡Coñóoooo! Hago el pan, 6X150=900, estamos hablando de plata en serio, billetes. Para ganar esa cantidad en los barcos con el machete en la chimenea, debía mantenerme a bordo unos quince meses, ¡más de un año! ¿Se imaginan la cantidad de pajas? Era sumamente feliz y no me enojaba por las demoras de aquellos lentos y sumamente pacientes funcionarios de nuestra empresa, un poco vagos también. Partí en horas de la tarde, casi en el horario donde cierran todas las operaciones del día. Me informaron que el buque "Casablanca" se encontraba descargando en uno de los muelles Sierra Maestra y hacía él me dirigí a toda la velocidad que dieron mis piernas.

¡Sorpresa! Desde que enfilé su proa lo reconocí y sentí deseos de regresar por el mismo camino, era un poco tarde para dar marcha atrás. Subí por la descuarejingada escala del que fuera "Jade Islands’ y luego "Renato Guitart", ahora se llamaba "Casablanca". Un nombre muy sugestivo que no aclaraba si se trataba de aquel puerto marroquí o el humilde caserío habanero enclavado a orillas de su bahía. Cualquiera de los dos me valía un pito, aunque el primero me devolvía a la figura de Humphrey Bogart y uno de mis viajes en el buque Habana. El segundo solo reflejaba en algo las miserias que se vivían en nuestra isla, se mantenía caprichosamente aferrada al único trencito eléctrico existente en el país. Elevo la mirada por encima de ella y encuentro un pedazo de mi infancia en la cima de su loma.

El viejo Vasallo se encontraba esa tarde de guardia, lo encontré con los pies desnudos sobre la mesita del salón y un vaso de ron encima de ella. El calor era insoportable y por la portilla del camarote penetraba el ruido que producen las maquinillas, moscas, mal olor y bastante luz. Nos conocimos en Ámsterdam cuando él se encontraba subordinado a Panchín en el Onyx Islands, estaban reparando en los astilleros de la ADM y yo arribé con el N’Gola. Los visité y compartimos un rato, Panchín había cambiado mucho, aquella rebeldía de su juventud había cedido ante los efectos del alcohol, ahora garantizado en cantidades excesivas como gastos de representación. Vasallo no había cambiado nada desde aquel encuentro, borrachín, dicharachero y bonachón, el clásico individuo que nunca se toma la vida en serio, todos respetan por su edad, nadie cree en lo que dice y al final todo se convierte en un serio relajo.

Me senté y le hice algunas preguntas sobre el cargo, sus respuestas me convencieron que no había mucho por decir, el estado de su camarote hablaba por él. Documentación totalmente desorganizada o inexistente, planos que se correspondían con los viejos papiros egipcios, cálculos sin realizar, inventarios nunca soñados, anarquía total.

Un breve recorrido por la cubierta andada tantas veces me demostraron lo que sospechaba, el buque estaba hecho mierdas y levantar aquel muerto exigiría demasiados sacrificios. No caminaba junto a un tonto, él lo supo o sospechó, tantos años de experiencia como timonel, pañolero y oficial de cubierta, me conducían por el buque con los ojos bien abiertos. De nada sirvieron sus explicaciones, yo no las escuchaba en la medida que observaba y aquella contemplación no pudo abarcar toda mi curiosidad. Contraostas guarnidas con cables de trincaje, ostas con cabos de una mena inferior al requerido, patecas que no giraban, cadenas de las tapas de bodega con tramos de diferentes longitudes y grueso de sus eslabones. Trancaniles alrededor de bodegas y superestructura con orificios que permitirían el paso del agua hacia esos compartimentos. Mierda de ratas a lo largo de todo el buque, sistema de ventilación de bodegas fuera de servicio, posiblemente desde que transportáramos las tropas para Angola en el año 75. No quise ver más y perder el tiempo en algo que conocía al dedillo, tal vez mejor que Vasallo. Nos despedimos y acordamos encontrarnos a la mañana siguiente para continuar el rito de la entrega. No lo volví a ver, todavía lo estoy esperando para que me entregue formalmente el cargo.

Ese viaje el buque había arribado con serios problemas y la empresa decidió relevar a toda su tripulación, una historia muy parecida a mi primer enrolo en aquella nave. Esta vez se encontraba bajo el mando del Capitán Juanito Quintanar, hace unos años que vive exiliado en Holanda. El buque tuvo una colisión y estuvo a punto de hundirse en Singapur, eso nos contaron, no funcionaba el sistema de achique en las bodegas. Durante el viaje de regreso, el timonel apodado "Tarzán", un jabao muy fuerte del barrio Alamar, golpeó a otro timonel llamado Fermín cuando lo sorprendió espiando tras la puerta del camarote del Capitán. El golpe fue bastante fuerte y requirió una arribada forzosa a las islas Hawaii, allí lograron salvarlo. Los antecedentes que me llegaron por terceras personas eran terribles, Juanito y Vasallo eran buenas gentes, mal presagio para los tiempos que corrían y la calidad humana que tripulaban nuestros barcos. La vida en esas condiciones se convierte en una descontrolada anarquía, donde la tripulación tiende a seguir a los líderes espontáneos y le pierde el respeto al mando. Generalmente esos líderes inoportunos suelen ser los secretarios de las organizaciones políticas, gente sin conocimientos técnicos en la mayoría de los casos, reina el caos y la vida toma un carisma muy peligroso cuando no se logra someter a la tripulación. Para garantizar la seguridad de las vidas a bordo de los barcos, el mando debe hacerse respetar en todo momento. Poco importa los métodos aplicados para lograr ese respeto, el subordinado debe sentir en todo momento la voz y presencia de su superior. Cuando eso no existe y una voz se eleva por encima del mando, el peligro se encuentra al doblar de la esquina. Un hombre con mando a bordo de una nave no puede sentir temor cuando imparte una orden, un jefe con miedo es lo peor que se puede encontrar en altamar. La vida del resto de la tripulación depende de sus acertadas decisiones y eso es algo que debe tener presente en todo momento un buen Capitán y Primer Oficial. En aquellos casos donde el Capitán asuma por su temperamento el papel de bonachón, debe existir un Primer Oficial que imponga la voluntad y respeto del mando aunque sea tildado de hijoputa por los tripulantes. Todas las veces que nuestras naves arribaron a La Habana con problemas graves, se debieron a debilidades de sus jefes a la hora de aplicar, sin extremismos, las regulaciones establecidas por el reglamento de la marina mercante. Nadie sabe cuántas veces se encontraron en peligro nuestros buques y sus tripulaciones por pendejadas de ese tipo. Estoy convencido de que el naufragio del buque Guantánamo tuvo sus orígenes en esas situaciones, poco poder de mando y miedo a tomar decisiones acertadas para el caso de peligro.

Francisco Demares Navarro relevó a Juanito Quintanar, poco me importa que se encuentre en el exilio en estos momentos, ya le he dedicado bastantes líneas y pueden ser halladas en mi trabajo titulado "La vuelta al mundo en una cafetera", no me abstengo o arrepiento de nada escrito. La historia de nuestra marina debe ser escrita tal y como sucedió, ¿fuiste un hijoputa e hiciste daño?, así debes aparecer aunque luego te revindiques.

Cancio ocupaba la plaza de Segundo Oficial, muy buen muchacho y bien preparado técnicamente. Hubo química entre nosotros y fui testigo de su boda al regreso. Creo deba agradecerme haberlo arrebatado de los brazos de una prostituta en Etiopía cuando se encontraba totalmente borracho. Estaba en víspera de su boda y las enfermedades en ese país las hallabas a la orden del día.

"El Musi" se encontraba de Tercer Oficial, fue alumno mío en la academia naval de el Mariel durante la promoción XVII. No lo conocí esa vez, perteneció al grupo más rebelde en toda la historia de esa escuela y sin embargo, no era masticado por ninguno de los tripulantes que dieron ese viaje.

Calixto Piedras era el Jefe de Máquinas, buena gente, chévere, compartidor, pero con dos caras. Me encontré con él por los años noventa en Montreal en casa de un marinero de cubierta, no había insistido por encontrarse conmigo sabiendo que yo vivía a media cuadra de distancia.

El enfermero-sobrecargo era un desastre de Santa Cruz del Norte, no puedo recordar el nombre de aquel idiota y cobarde. "Si no aparece mi dinero te descojono", creo fueran las últimas palabras cruzadas con él en la acera frente a la entrada de la empresa un mes después de haberme desenrolado de aquel buque.

Henry, el prototipo del contramaestre buena gente y sonriente, no recuerdo si era de Isabela de Sagua o Caibarién, poco confiable y nadador de dos aguas. Hacía lo imposible por quedar bien con todo el mundo.

No podemos dejar de mencionar al secretario del partido, combatiente de la Sierra, bueno, tal vez no disparó un solo tiro, estuvo entre esa gente. Hijoputa como pocos, rancio comunista, extremista e ignorante como todos ellos. Ocupaba la plaza de ayudante de máquinas y fue la nota más desagradable durante ese infinito viaje, se llamaba o llama "Rondón", Cuba le agradecería se pusiera el traje de palo si no lo ha hecho.

Algo muy importante no explicaron cuando me iluminaron con la cifra de $150 dólares mensuales, la tripulación era reducida, reducidísima, diría yo. En cubierta tenía solamente a cuatro hombres, el contramaestre, dos timoneles y un marinero. Ese personal debe dividirlo entre tres brigadas de guardia, las maniobras en proa y popa, además de atender un barco que disponía de siete bodegas de carga. ¡Imposible! Gritarán todos los que dominen esta profesión y debo darles la razón. ¿Cómo se resolvía la situación? Los oficiales teníamos que hacer guardias de bodegas como un marinero más, agarrar cabos en las maniobras y no les cuento sobre las labores de limpieza de bodegas. Para las maniobras debía completar con el cocinero y el único camarero a bordo, el resto del personal necesario era completado por la gente de máquina.

El barco no se encontraba en condiciones de navegabilidad, ya eso lo he mencionado en otros trabajos y he hablado sobre el triste papel de los inspectores cubanos que trabajan para el Lloyd Register, Buró Veritas y Registro Cubano de Buques. Por encima de las decisiones que ellos tomen, la última palabra es la que ofrecen los organismos de inteligencia cubano. Siempre existió una frase muy temida y que nadie se atrevería a cruzar: "Esto es un problema del Estado cubano". Después de escucharlas, todos esos funcionarios extendían prolongaciones de los certificados aún sabiendo que el buque podía hundirse. No dudo que en igualdad de condiciones haya partido el buque Guantánamo y todos conocemos el final de su tragedia.

El sistema de achique de bodegas no funcionaba y cuando destapamos las sentinas, que en el caso de aquellos viejos buques llegaban a superan en profundidad la altura de un hombre, nos vimos enfrascados en la tarea de extraer incontables barriles de porquería acumulada. Fue una tarea que nos tomó varios días de duro trabajar, aún después de destupidas, el sistema no funcionaba correctamente. Los botes salvavidas no arriaban por gravedad, ya lo he señalado en otros trabajos. Medio día a golpe de mandarrias y calor aplicado con antorchas de acetileno para destrabarlos. Tampoco se encontraban avituallados. Cuando ordenaba lastrar el Peak de proa, esa agua iba recorriendo todos los tanques hasta inundar el cuarto de máquinas y el problema grave venía después, ¿cómo deslastrarla? Técnicamente salíamos a jugarnos la vida en aquel tareco y lo hacíamos por la divisa que nos pagaban, un poco más del doble de la recibida en los buques cubanos.

Si a las pésimas condiciones técnicas le sumas el factor humano, entonces debes llegar a la conclusión de que fuiste enrolado en el mismísimo infierno. Demares fue uno de los capitanes más ruines con los que me tocó la desgracia de navegar, no era militante del partido y su servilismo hacia esa organización provocó que el cojo Rondón se hiciera dueño del escenario. Oportunidad muy bien aprovechada por algunos subordinados para ignorar al mando del buque, fatal para su normal funcionamiento. Cuando pasamos por el Canal de Panamá se negó a completar el avituallamiento de la nave, aún cuando el presupuesto asignado para nosotros era superior al de cualquier buque cubano. Teníamos también un Bond Store a bordo donde podíamos adquirir rones, cervezas y refrescos al precio de compra, o sea, nunca se le agregaba impuesto alguno y era un fondo fijo que no reportaba pérdidas o ganancias. Demares eran tan sumamente miserable, que se negaba comprar artículos para ese negocio que no afectaba los intereses o presupuestos del buque, lo hizo casi hasta finalizar el viaje.

Salimos de Cuba a finales de Diciembre y recuerdo que celebramos el día 31 antes de arribar a Panamá.

La navegación nos tomó unos cuarenta y cinco días hasta Singapur, puerto al que llegué de guardia y no pude bajar a tierra las pocas horas tomadas para hacer agua, combustible y víveres. Durante el viaje tuvimos unas veinticinco paradas por averías en máquinas y la velocidad promedio fue de unos once nudos en todo el recorrido. La derrota seleccionada fue cercana a la zona del Ecuador, donde las temperaturas eran elevadísimas y como es de suponer, insufribles en un barco carente de aire acondicionado. Si le sumamos a eso el ejército de ratas existentes en el barco, el hambre padecida y la ausencia total de alimentos frescos desde una semana posterior a nuestra salida de Cuba. Puedo afirmar sin temor a equivocarme que, ese viaje estaba comprendido entre los peores realizados en barco cubano alguno. De Singapur continuamos viaje para Malasia y allí no nos permitieron bajar a tierra, formábamos parte de una lista de gente considerada peligrosa y compartíamos la misma suerte de israelitas y rusos. La descarga se realizaría fondeados y con los medios del buque, siempre con el temor de que faltara algún amantillo o amante y provocara un accidente. Casi un mes nos tomó descargar aquellas trece mil toneladas de azúcar a granel, o sea, corría el mes de Marzo y yo no había tenido contacto con tierra.

Nos destinaron a cargar arroz en sacos en el puerto de Wampoa, China. Eso representaba que debíamos baldear las bodegas en las condiciones antes mencionadas, poco personal y sistema de achique prácticamente fuera de servicio. Operación que nos tomaría otras dos semanas fondeados en aquel país, donde fueron rechazadas las bodegas para recibir ese cargamento. Después de decenas de horas baldeando las bodegas y otro centenar de ellas sacando el agua con barriles de las sentinas, logramos acercarnos al puerto y comenzar las operaciones de carga fondeados, corría el mes de Abril. ¡Ño! Al fin logro bajar a tierra.

Quedaban vacíos un entrepuente y la bodeguita número siete para completar carga en Etiopía, país en el que Cuba se vio involucrada en otra de sus guerras extraordinarias. Permanecimos fondeados varios días en el puerto de Asaab esperando por la carga y cuando finalmente pudimos atracar, las autoridades etíopes no nos permitían salir a la calle. Tuvo que viajar hasta el puerto la esposa del embajador cubano Humberto Pérez Herrero para resolver nuestra situación ante los hermanitos de Etiopía. ¿Y aquí no fue donde murieron algunos cubanos para defenderlos contra Somalia? ¡Vaya hermanitos que nos echamos!

Partimos y nos detuvimos en Ceuta para hacer combustible, ya les dije que era malísimo para las fechas y apelaba a eventos ocurridos para situar en contexto muchos de mis pasos y escritos. Recuerdo que estando allí y sin salir a la calle por encontrarme de guardia, conversaba con uno de los trabajadores del puerto y me dijo, ¿te enteraste?, ya se declaró el primer caso de SIDA en Cuba, era un homosexual.

No solo le dimos la vuelta al mundo navegando por loxodrómicas solamente, Demares tomó como punto de recalada a la isla de Puerto Rico para dirigirse a Cuba. Cualquiera de nuestros navegantes comprendería que eso es una idiotez por dos razones principales, debe bajarse en latitud y la tierra de Puerto Rico es muy baja, vienes a observarla por radar prácticamente cuando te encuentras muy cerca de ella. O sea, se incurre en navegar millas de más innecesariamente y eso se traduce a gasto de combustible, pero nada de eso era controlado por nuestra Empresa y todo se dejaba a las decisiones tomadas por los capitanes, muchas veces desafortunadas. Si Demares hubiera sido un individuo incapacitado como Gabriel Sánchez o Remigio Aras entre muchos otros, yo lo comprendería, pero su caso era totalmente diferente, yo considero que era un individuo bien preparado técnicamente. ¿Por qué lo hacía? Sabe Dios, porque como ya expresé antes, tampoco era militante del partido y se comportaba como el más miserable de todos ellos. Entre las locuras realizadas ese viaje, se encuentra haber mandado a pintar sobre el óxido toda la banda de estribor del buque, solo esa. ¿Saben por qué? Porque esa era la banda que se mostraba al malecón a la entrada de la bahía de La Habana y precisamente donde radicaban las oficinas de los Prácticos, allí mismo estaba localizada el comité del partido de la marina mercante.

Atracamos para descargar algo de arroz en la capital y dio la orden de sacar de la carga algunos sacos para la gambuza del buque. Yo di la orden de regresar todos aquellos sacos robados a las bodegas y esperé a que se cumpliera mi orden. Si hubiera existido necesidad, estoy convencido de ser el primero en robar y alimentar a la tripulación, pero en nuestro caso esa situación no existía. Demares no quería gastar el dinero asignado a esos menesteres, sometía a sus tripulantes a sacrificios innecesarios, y luego, se aparecería con un informe ante el director de la empresa y el partido mencionando que había ahorrado tanta cantidad de divisas. Durante todo el viaje me convertí en su pesadilla y la de Rondón.

Me presenté inmediatamente ante Fidelito en el departamento de Cuadros y le pedí que me buscara un relevo inmediatamente, quedó pendiente el compromiso de enviarlo, no sería muy difícil encontrarlo cuando le mencionaran que ganaría $150 dólares mensuales. Partimos para Isabela de Sagua a continuar nuestra descarga y allí permanecimos fondeados varios días sin operaciones. Mi estado de rebeldía iba en aumento e intolerable. Uno de esos días, Demares, por tal de librarse de mi presencia, me dice que si deseo le entregue el cargo al Musi hasta que llegara mi relevo. El acta de entrega se encontraba lista desde antes de arribar a Cuba y no me detuve en explicarle nada, solo exigirle que firmara y lo hizo. Ya se había enrolado a bordo otro muchacho como relevo de Cancio, se llama Víctor Urquiola y desertó hace varios años en Canadá, creo que vive en Puerto Rico. Cuando me dirigía para Isabela en una lancha, nos cruzamos a mitad de camino con otra que se dirigía al barco. En ella viajaba un negro uniformado con charreteras de Primer Oficial y supuse fuera mi relevo.

Entregué los documentos en la Empresa y tomé unos días de descanso, habían transcurrido más de ocho meses desde que fuera enrolado en aquella cafetera. Fue la primera vez que le diera la vuelta al mundo a once nudos de velocidad y por el Canal de Suez. Atrás quedaba otra de mis grandes pesadillas, Cancio se casó y yo fui el testigo de su boda.

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