Cuba es un cuento, compay

De timoneles y marineros

Timoneles.-

No se dice “manejar” o “conducir” el barco, esas voces son de tierra y se usan en Cuba para referirse a los autos, camiones o autobuses. Lo común en el lenguaje marítimo cubano, es decir: “hacer timón” o “guardia de timón”. Ese es el trabajo de los timoneles.

Como bien he expresado en otras oportunidades, esa fue mi primera plaza dentro de la marina mercante cubana. En aquellos tiempos, muy pocas naves poseían pilotos automáticos y el timón de algunos buques existentes, eran aquellas enormes ruedas que muchos han observado en viejas películas. Esos timones de rueda eran accionados en términos generales por bombas hidráulicas, luego aparecerían los que poseían sistemas electro-hidráulico. Movidos casi siempre por enormes “servomotores” localizados en compartimentos especiales para ellos a popa del navío y encima del eje de la pala del timón.

Con la aparición del piloto automático, la existencia del timonel fue perdiendo importancia, el barco se gobernaba solo. Los oficiales graduaban en el piloto los ángulos de pala de timón necesarios para mantener el buque a rumbo, éste variaba de acuerdo a la fuerza del mar. También, los oficiales disponían de la posibilidad de marcar los grados de rumbos límites para que se accionara la alarma del timón y le avisara una vez que ellos se apartaran de ese límite establecido. Luego, los radares modernos y el equipo del satélite se acoplaban al timón del buque y cada uno de ellos poseía su propia alarma. O sea, si fallaba la del piloto automático, sonaba la del radar y la del satélite. Confiado en esos adelantos de la técnica, navegué con capitanes que preferían tener al timonel trabajando en cubierta, mientras el oficial permanecía solo en el puente. Esa decisión era aceptable en horarios diurnos, pero de gran riesgo en las guardias de madrugada cuando todos dormían. “Manejar” el barco no tiene mucho parecido al de un auto u otro vehículo. En los equipos de tierra cuando se encuentra bien alineada su sistema de dirección y los neumáticos están parejos, el vehículo se mantiene recto en el rumbo elegido. Si a un buque se le coloca la pala del timón en el centro (crujía), su popa va a tender a caer a estribor si es de una sola hélice, cuando eso ocurre, la proa debe hacerlo a babor. Hablo para los barcos con paso de su hélice a dextrosa, o sea, derecha. Hago estas explicaciones para las personas que no pertenecen a nuestro mundo marino y desconocen esos detalles.

Un buen timonel se percataba de esos pormenores y calzaba el timón a la banda contraria a la caída de su proa. Así, durante las navegaciones con mar calmo, esos calzos podían estar comprendidos entre uno y cinco grados de timón. Tarea que luego aplicaba el oficial al piloto automático como dije.

En buques sin pilotos automáticos, las guardias de los timoneles podían ser de tres horas por seis de descanso o simplemente de cuatro por ocho, pero estas últimas eran muy agotadoras para la vista y los pies.

En los barcos antiguos, los camarotes eran compartidos y sus baños colectivos. Después se construyeron naves con camarotes individuales sin baño adentro y por último, los que tenían baños individuales o compartidos por dos camarotes. La vida de esos hombres que realizaban guardias nocturnas se hizo más agradable.

En puerto, al poseer el timonel una calificación superior a la del marinero, es de suponer se le asignaran responsabilidades mayores. Por ejemplo, eran los jefes de la brigada de guardia por cubierta y si eran competentes, resolvían los problemas de averías que se produjeran en la marcha. Algo que al cabo de los años desapareció de nuestra marina salvo raras excepciones. Los timoneles que encontré cuando ingresé en la marina mercante, superaban en conocimientos a muchos de los contramaestres con los cuales me tocó navegar años después.

Marineros de cubierta.-

El marinero es el último en el rol del personal de cubierta, no posee responsabilidades y se encuentra subordinado a todos los que se encuentren por encima de ellos, dependiendo de las funciones a realizar. Son subordinados directos del contramaestre y en su ausencia del pañolero. Sin embargo, cuando se encuentran realizando guardias de bodegas, están bajo el mando de los timoneles. Trabajan generalmente ocho horas diarias cuando las condiciones del tiempo lo permiten, cuando no es posible trabajar en cubierta, muy bien pueden laborar en la cámara del buque.

Son la mano de obra empleada para dar mantenimiento en cubierta, trabajo que nunca tiene fin porque cuando acabas cualquier punto de la nave, ya debes comenzar por el primero. La acción de la corrosión siempre los mantendrá ocupados y eso que hoy, son muy pocos los puertos del mundo donde se permite darle mantenimiento al exterior del casco.

Los primeros marineros que conocí, realizaron sus faenas en buques de vapor y motonaves construidas en fechas muy pegadas a la segunda guerra mundial. Las tapas de bodegas eran de cuarteles, las plumas del buque se arriaban a mano en una cornamusa y los botes eran de tingladillos. Muchas de aquellas maniobras eran sumamente peligrosas y puede que me equivoque, pero creo que ocurrían menos accidentes que en etapas posteriores con buques más modernos. Cinco o seis marinos de los conocidos antes de mi partida de Cuba, no lograban sustituir a uno solo de aquellos lobos de mar. Reinaba entre ellos la apatía, indiferencia y desinterés por la nave que tripulaban y se perdió para siempre el amor del hombre por lo que consideraba su primer hogar, el barco.

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