Cuba es un cuento, compay

El apagón

Cuento infantil para tiempos de guerra

Cada vez que iba a Tokio pasaba a saludar a una amiga cubana que vive allá, es una de las cientos que abrazaron esa cultura oriental por escapar de la suya, fueron a parar bien lejos. El marido era un tipo al parecer simpático, estuvo trabajando como representante de la Kato en La Habana y allí se enamoró. Cuando cenábamos, que siempre era una rara mezcla de platos japoneses y cubanos, ese hombre se bebía la mitad de una botella de Suntory, poco rato después caía rendido en la cama. Conversábamos mucho acompañados de su hijito, éste hablaba poco español, pero lo entendía, ya su madre lo había matriculado en un curso de inglés. Era un afortunado como mi nieto, con menos de diez años comenzaba a nadar dentro de tres idiomas. Mi amiga un día comenzó a contarme sobre la aventura de haber regresado a casa, la última vez lo hizo con su niño, ella había desprendido sus raíces de Bauta. El viaje para llegar hasta ese pueblecito de la manera más económica, la obligó a innumerables escalas por Europa. En viajes posteriores me manifestó que hacía el viaje con menos escalas aunque le saliera un poco más caro, creo que fue Tokio-Hawaii-Miami-La Habana, y disfrutó de unos días en Miami con su familia.

En una de aquellas frecuentes visitas a su casa, me narraba ella sobre el comportamiento de su hijo en Bauta; <<Si supieras, una vez agarramos una guagua de las que van hasta Marianao, y ya debes imaginarte. Te hablo de aquellas viejas Leyland, chico, las que tenían tremenda palanca para cambiar las velocidades. Nada, desde que se montó y comenzó a escuchar el ruido de las ventanillas cuando se agarraba un bache, o aquel chirriar estruendoso en los cambios de velocidades, el niño se puso muy nervioso. ¡Imagínate tú! En medio del piso de la guagua existía un agujero por donde se veía la carretera desfilar en continuas líneas, y luego cuando paraba, se identificaban perfectamente los puntos dibujados por la combinación de piedras y asfalto. ¡Pero eso no era lo peor! Mi hijo no le quitaba la vista al dichoso hueco por donde en ocasiones entraba una nubecita de polvo que era penetrada por los rayos solares. A la gente le llamó mucho la atención su comportamiento, es que para ellos aquellas cosas eran tan naturales. Bueno, qué te cuento, el momento sublime de aquel ataque de nerviosismo, ocurrió en el instante que el chofer paró aquella guagua y mencionó la palabra "trasbordo". ¡Imagínate tú! Y aquel angelito sin comprender nada, muy asustado, mirando como la gente comenzaba a descender mientras el chofer les entregaba un papelito, y aquella guagua que comenzaba a convertirse en una cámara del infierno por el humo que la invadía, y mi hijo tratando de no separarse del dichoso huequito que ahora era un difusor del humito. En fin, que lo tuve que desprender del pasamanos del asiento delantero donde se mantenía aferrado, pero ahora gritaba, lloraba y decía cosas en japonés, y yo que le contestaba en su lengua. ¡Imagínate tú! Ya sabes como son la gente de breteras en Cuba, pensaban que nosotros filmábamos.>>

Después de oír aquella historia tenía deseos de mandarla al carajo, de verdad, daba la impresión que era una burla y deseaba decirme incivilizado, salvaje, indio y quien sabe cuantas cosas más. Me cayó mal, me jodía que quisiera hacerse la "fizna' y primer mundista ahora porque vivía en Tokio. Esa noche no le comenté nada y me fui temprano, algo decepcionado con mi amiga a quien consideraba que la CocaCola había afectado su memoria.

Regresé al día siguiente y dimos varias vueltas por la ciudad, ella me ayudó a conseguir una aguja para el tocadisco, el láser se iba imponiendo y largaba a éstas para la historia. Después me llevó a un restaurante típico japonés, no sé si lo hizo con el propósito de que probara algunos platos originales de aquella nación, o por burlarse un poco más de mí. El lío es que llega el camarero a recibir la orden y no lo veo anotar nada, en sus manos poseía una especie de calculadora y solo apretaba los teclados en la medida que pedíamos. Cuando terminamos de comer ella se encontraba impaciente, y mientras nos dirigíamos a la caja esperaba que yo le hiciera alguna pregunta; pero me mantuve como una tumba sin profanar; hice por pagar y ella no aceptó; yo no insistí mucho porque ya saben, nos pagaban dos dólares diarios solamente. Sin sugerírselo me explicó que las órdenes dadas a esa especie de calculadora iban directo a la cocina y a la caja cobradora. Claro que para mí era una novedad, pero por ese extraño orgullo que vivía, no me daba la gana de mostrarme inferior a ella.

Mientras viajábamos en el tren, ella me contaba en tono muy bajo, algo que le aplaudí mucho interiormente, sobre otro capítulo de su viaje a Cuba con el pequeño samurai.

<< ¡Mira! Mientras estábamos en Bauta mi hijo disfrutaba mucho, bueno, ya ves donde vivo ahora, es pura ciudad. Ese contacto directo con el campo le encantó, todo le llamaba la atención por muy insignificante que fuera, y se llevaba de maravillas con su abuelo. Pero, ya sabes que la vida en Cuba se encuentra premiada de "peros", una noche se fue la luz y para qué fue aquello. ¡Imagínate tú! Se repitió la historia de la guagua, sus gritos casi histéricos y palabras en japonés, ya sabes, un show para los vecinos. ¡No era para menos! Mi niño nunca había visto un apagón y menos una guagua rota.>> Tuve ganas de mandarla al carajo de nuevo, no soportaba otro ¡Imagínate tú!, pero no puedo negar que ella era una persona maravillosa y muy servicial. Solo me jodía mucho el asombro con el que me narrara aquellos hechos, como si acabara de llegar de otro planeta.

¿Qué les puedo contar? Ya llevo catorce años en esta rumba y estoy igualito que mi socia, y que no es la CocaCola, el lío es que de verdad nunca he visto una guagua rota, y este invierno se nos fue la luz por unos minutos, y hasta me sentí asustado, por eso quisiera ofrecerle ahora mis disculpas. Bueno, tampoco es para tanto porque todo lo que he contado fueron pensamientos solamente, y mis relaciones con ella se mantuvieron muy buenas hasta el último viaje a Japón.

¡Claro que me asusta un apagón! Y me puede asustar también una guagua rota, puede ocurrir, pero es tan inusual. Pues el día que se fue la luz me vinieron a la mente los alumbrones que vivíamos en Cuba. ¡Joden! Se los digo por esa amarga experiencia vivida durante tantos y tantísimos años. Uno nunca se acostumbra, es que tienen unos efectos "colaterales" tremendos, yo sabía que algún día podía utilizar esta palabrita tan de moda. El lío es que allá los problemas se multiplican, vienen los mosquitos, aumenta el calor, el dichoso motor del agua, que si no puedes cocinar (y dichoso el que tuviera una cocina eléctrica), el baño lleno de mierda por la falta de agua, y que eso a veces no se puede aguantar caballeros, aunque seamos muy finos, en fin, todo es sufrimiento prolongado por decenas de cientos de horas. No se podía estar comiendo gofio por la calle tampoco, varias veces estuvieron a punto de matarme, y no era por boberías. Ves que se acerca un solo foco y piensas que es una moto, coño, cuando lo tienes casi encima de ti es que descubres ser un camión, casi siempre les faltaba el bombillo derecho.

Bueno, los apagones tienen sus encantos, pero solo para los recién enamorados. Recuerdo que yo aprovechaba mucho cuando esto ocurría, pero una vez me agarraron con la mano en la masa y tuve que aplicar una táctica de inteligencia. Cuando llegaba un apagón nos encargábamos de apagar todas las luces de la casa, eso no falla, luego, cuando al fin te casas y te ves algo invadido por la monotonía, el apagón vuelve a ser una desgracia.

Muchas veces me sentaba en la puerta de la casa a despejar, a relajarme, a tomar las cosas con espíritu deportivo, siempre me decía; ¡El presente es de lucha, el futuro es nuestro! Pero no me sirvió tampoco como analgésico, en la medida que pasaban los años esos apagones mellaban mi espíritu. Sin embargo, una de esas tantas noches oscuras que nos brindan la posibilidad de observar el firmamento, y el resplandor que se elevaba hasta ese cielo en los barrios que nunca fueron afectados. Pues una de esas noches soñé despierto, se los juro, esa fue una de aquellas locas noches donde fuera invadido por verdaderos sentimientos patrióticos; por mi mente solo viajaba una idea, resolverle el problema energético a mi pueblo. Bueno, no es que soñara como patriota tampoco, ya ustedes saben, la acumulación de todos esos problemas lo convierte a uno en medio comemierda.

Aunque no me lo crean, yo pertenecía al Comité Nacional de Innovadores y Racionalizadotes, siempre me cayeron mal, pero ese día yo tenía el patriota de guardia, nada, debe ser como la menstruación. Pues allí estaba yo en el Palacio de las Confusiones con un solapín colgando del bolsillo izquierdo, con una agenda y todo, hasta un bolígrafo nos habían dado. La guayabera era de años anteriores porque ya la cosa estaba a punto de caramelo. En medio de aquel sueño levanto la mano y pido la palabra, algo raro, se dirán ustedes y es muy cierto que piensen así, porque allí solo existe un hombre con inteligencia y los demás para levantar la mano, pero lo mío fue como una borrachera.

-¡Permiso Comandante!- El socio que estaba al lado mío trató de reprimir mis impulsos, quiso contener todas esas ideas innovadoras que corrían por mi mente; intentó apagar toda esa llama de patriotismo que embargaba mi alma, pero no lo logró, mi destino estaba decidido. Un rotundo silencio invadió aquella monumental sala y los ojos de cientos de delegados se fijaron en un solo punto, ese era yo. Uno de los que dirigían el evento y se encontraba apostado en una de las esquinas del escenario hacía algunas señas. Me resultaron familiares, eran muy parecidas a las que se hacían en los barcos con banderas del código internacional de señales, creo que al verlo enredado en aquella mímica me dio algo de risa. El socio que estaba a mi lado se llevó el pase y me halaba por el pantalón, aquella actitud tan miedosa me dio rabia y le di una patada. Creo que hasta el Comandante se llevó el pase, me escudriñó con esa rapaz curiosidad imposible de satisfacer en él. Esos son los segundos que sabe aprovechar magistralmente para hacer temblar a los hombres, yo me mantuve sereno; sabía que mi propósito era en nombre de la patria. Bueno, si de paso me asignaban un Lada lo aceptaría con mucho gusto, no vayan a pensar que soy comemierda tampoco. ¡Vamos hombre! En esa anda todo el mundo, ¿por qué yo no?

-¡Pásenle un micrófono al compañero!- Dijo frunciendo el entrecejo mientras cuatro de sus tarugos corrieron hasta mi posición cumpliendo su orden, en esos momentos me sentía confundido y no sabía cuál aceptar. Tin marinde, dos pingüé, cúcara mácara, títere fue; agarré uno de los cuatro y el Comandante me miró con mala cara al pronunciar la palabra títere.

-Comandante, yo tenía una proposición.- Alcancé a decir mientras me escuchaba asombrado por todos los altavoces de la sala, la voz salió con algo de vibrato por el nerviosismo.

-Bueno, ya tiene el micrófono y todos estamos esperando.- Creo que comenzaba a disminuir la tensión.

-Comandante, todos sabemos por la crisis energética que atraviesa el país desde 1959 por culpa del cruel bloqueo norteamericano. No sabemos que se hizo con el petróleo que tan generosamente nos mandaron los hermanos soviéticos..-

-¡Momento! ¡Alto ahí! ¡No meta las manos en esa gaveta que tiene cucarachas! Es mejor que nos aporte su idea y no mencione a los soviéticos que tan infamemente han traicionado al socialismo, ¿no se ha enterado que el bloque socialista desapareció?- Pude notar síntomas de violencia y odio en sus palabras, y no puedo negar que me cagué, mi socio me tiraba más fuerte del pantalón, pero mi suerte estaba echada.

-¡Disculpe Comandante por este exabrupto, de verdad que me había olvidado de esa traición.-

-Pues trate de no repetir este penoso episodio, ya sabe que se puede interpretar mal y eso se paga caro. ¡Vamos a ver! ¿Cuál es su proposición?-

-Bueno Comandante, mi idea es que si en las vaquerías y explotando las cualidades del biogás, y se ha logrado iluminar las miles de vaquerías existentes en la isla, pues se puede llevar ese magnífico experimento a niveles humanos.- El tipo se encontraba pensativo, el codo de su mano derecha sobre el buró que corría a todo lo largo del escenario, y su cabeza ligeramente inclinada descansando sobre la palma de la mano. Levantó su vista desafiante hacia mi persona, volví a cagarme y me veía encerrado en Villa Marista.

-¿Sabes una cosa? Creo que ésta ha sido una de las proposiciones más inteligentes aportadas en el día de hoy, todo lo demás es pura mierda. ¿Puedes ampliarnos la idea?- Una celestial tranquilidad recorrió todo mi cuerpo, y sentía la brisa marina chocar contra mi rostro mientras viajaba por La Monumental a bordo de mi Lada, ya comenzaba a pensar en el color del carro.

-¡Claro Comandante! En el caso humano existe la posibilidad no encontrada en los animales, vamos a ver si me explico. En aquel caso se procede a obtener el gas por medio de la fermentación de los excrementos, que en el caso humano sería de reducidas cantidades cuando se tiene un concepto aislado del ente social, y no se analiza desde el punto de vista colectivo, o sea, como masa. Pero, el humano supera al caso animal en un aspecto hasta ahora no estudiado..- Hice una pausa aparentemente involuntaria aprovechando esos segundos de profundo silencio, y saqué un viejo pañuelo para secarme la frente, deseaba estudiar el efecto de mis palabras en el Comandante y los presentes.

-¡No se detenga compañero! De verdad que está interesantísima su exposición- Fui premiado entonces por un ensordecedor aplauso, así son las masas de generosas, pienso.

-Pues sí Comandante, en el caso del ganado se pierde ese gas de origen natural, claro, no dedicamos el tiempo necesario para enseñarlos.- En ese instante el Comandante en Jefe le dirigió una mirada insultante al Ministro de Educación, yo sentí un poco de vergüenza y me prometí no repetir aquel amargo episodio. ¡Qué se joda! Pensé a continuación. -Pero en la situación humana esos gases además de poder ser estimulados, pueden ser controlados y aprovechados como materia prima. Incluso, puede ser utilizado por el hombre en sus movimientos diarios, y esto nos ahorraría millones de horas laborales perdidas. No sé si me explico y creo que es un plan muy ambicioso, pero los resultados serían un estupendo aporte a la economía nacional en estos tiempos difíciles.- No se hizo esperar, una cerrada ovación se escuchó en aquella sala de conferencias mientras todos los participantes se paraban de sus asientos. Ya tengo el Lada asegurado coño, volví a pensar en eso.

-Vamos a someter a votación la propuesta del compañero de la forma más democrática que existe. Los que estén de acuerdo con el punto señalado que levanten la mano con su carné en alto.- Toda la sala se vio adornada de cuadritos rojos. -¡Los que se oponen! ¿Nadie? Entonces la incluimos dentro de la agenda del día y continuamos su análisis.- Otro fuerte aplauso y todos se sentaron nuevamente. -Bueno, he anotado los puntos esenciales en dicha propuesta, vemos que el compañero expresó que aquellos gases pueden ser estimulados, controlados y usados en el diario quehacer de la población. Pasemos entonces a discutir el primer punto donde se hace referencia al estímulo de esos gases. ¿Pudiera el compañero darnos un pie de amigo para debatir?-

-¡Por supuesto Comandante! Haciendo un estudio y sin necesidad de haber sido graduado en medicina, digamos que por experiencia propia, puedo afirmarles que esos estímulos se pueden lograr primero por medio de la alimentación, y en casos aislados de negativas a la colaboración, se puede acudir al factor psicológico.-

-¿Puedes explicarnos el primero?-

-¡Claro Comandante! ¿Quién no se ha tirado un peo?- Hice esa pregunta mientras giraba mi cuerpo a toda la sala, recibí como respuestas de aprobación la risa de muchos allí presentes. -Pues bien, la generación de esos gases puede incrementarse con el consumo de ciertos alimentos específicos. Todos sabemos el poder que posee el aguacate en este caso, y es solo un ejemplo.-

-Disculpe que le interrumpa tan brillante exposición, no olvide compañero, la cantidad de árboles talados cuando la heroica siembra del café en el Cordón de La Habana. No creo que los que sobrevivieron a esa batalla del pueblo, puedan satisfacer la demanda de la población en estos momentos. Hay que tener en cuenta también el tiempo necesario para el desarrollo de esa planta hasta su vida útil, o sea, nos tomará varios años disponer de ellos si nos lanzáramos en una batalla por la siembra del aguacate.-

-Es verdad Comandante, pero debemos tener presente a las generaciones futuras también. Bueno, existen otros alimentos que generan gases en abundancia.-

-¿Cómo cuales?- En ese instante un guajiro levantó la mano y pidió la palabra, se le fue concedida de inmediato para evitar que la discusión se convirtiera en un simple diálogo, oportunidad que aproveché para sentarme a descansar un rato.

-Si camarada, ¿tiene algo que exponer?-

-Comandante, era solo para decirle que la leche de vaca, el huevo, la col, las judías y la coliflor, son algunos de los productos que generan gran cantidad de gases.- Aquella proposición cayó como una bomba en el salón y se produjo un silencio sepulcral.

-Pero bueno, ¿en qué país usted vive?, ¿no se ha enterado que somos un pueblo sometido a una de las barbaridades más grandes cometidas por el imperialismo yanqui en este siglo?, ¿no sabe que por culpa del bloqueo esos productos están ausentes de la canasta familiar?- Reinaba el silencio mientras un prieto levantó la mano para pedir la palabra casi al final del teatro, hasta allá le llevaron el micrófono.

¿Cuál es su proposición camarada?- Le preguntó el Comandante visiblemente enojado.

-¡Mire Comandante! Ya sabemos que no hay aguacates, leche, huevos, col, judías y coliflor por culpa del bloqueo. Yo propongo que se le de bistec a la población.

-¿Bistec? ¿Sabe lo que propone?-

-Por supuesto comandante, hace tanto tiempo que la gente no come carne, que de solo ver un bistec van a comenzar a tirarse peos.- Todos los presentes explotaron de la risa ante lo escuchado. Con una sola seña hecha por el Comandante, cuatro de sus gorilas sacaron al negro de la sala. Se produjo un rotundo silencio durante varios minutos en los cuales el Comandante hacía anotaciones, yo veía como comenzaba a alejarse el Lada y me dejaba embarcado en una parada de la guagua.

-Dejemos pendiente el punto de la alimentación y pasemos al factor psicológico en la generación de gases, ¿puede el compañero darnos una idea?-

-¡Claro Comandante! Yo creo que ese punto es muy sencillo de lograr, la alteración del estado psíquico de la persona es una fuente incalculable en la producción de peos, perdón, digo gases. Hay varios niveles que se pueden aplicar de acuerdo al caso, por ejemplo; el uso de la "bola" puede ser el más original. Ordene que se corra la voz de su muerte, que van a repartir televisores a colores sin necesidad de asambleas, que van a autorizar otro Mariel, en fin, son muchas las armas que se pueden utilizar en ese sentido, y los resultados serán incalculables, ya verá como la gente comienza a tirarse gases donde quiera. ¡Pruebe! ¡Diga que habrá comida por la libre!- Terminando de decir eso se oyó un gran peo en la sala. -¡Ahí lo tiene de ejemplo! Y eso que sabemos que todo es mentira.-

-Pues mira, me parece una idea magnífica esa que acabas de exponer.-

-Y no he terminado, se puede aplicar presión psicológica al que no desee colaborar, usted sabe como es eso y no hace falta que se lo diga.-

-Pues no, fíjate que no tengo idea de lo que me hablas.-

-¡Comandante! Dígale a cualquiera que va para Villa Marista.

Viernes, 07 de Mayo del 2004

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