Cuba es un cuento, compay

Perico de propina

-¡Pipo! ¿A qué no sabes lo que me pasó hoy? Me llama así cuando estamos solos o en el seno de la familia. Cuando hay extraños me dice "puro" y he sentido deseos de mandarlo al carajo. Mi nieto va por el mismo camino, desde que nació le doy un beso en el primer encuentro del día y cuando me despedía de él. Hoy, cuando paso por la escuela a buscarlo, parece que le da pena delante de sus amiguitos. Esperaba me dijera que se había ponchado, no conozco a un ser humano más dichoso para chocar con los clavos perdidos de esta ciudad que él. ¡Coño, si tuviera esa suerte para ganarse la lotería!

-Y hoy, ¿qué fue lo que te pasó? Me encontraba en esos instantes fumando en el garaje de la casa, es el único sitio autorizado para hacerlo.

-¡Nada! Contestó y tuve deseos de interrumpirlo al escuchar esa palabra. Si no pasó nada no tendría qué contarme, luego recordé que soy cubano y hablamos así. -Fui a realizar una instalación en Châteauguay, encontré perfectamente la dirección con ayuda del GPS y cuando llego, observo que había cuatro condominios similares. Solo tenían el inconveniente de que no existía estacionamiento exterior y tuve que entrar por la parte trasera de los mismos. ¿Qué te cuento? Realicé la instalación como estaba previsto, pasé todo el cable exterior hasta el punto donde suponía taladrar para introducirlo a la casa y cuando toco a la puerta. ¿Sabes lo que me pasó? En eso se detuvo para esperar por mi participación, él es así, disfruta mucho cuando me equivoco y no acepta otra opinión que la suya, se las sabe todas.

-¡Chico, no tengo idea!

-¿Estás ocupado?

-¡No! Estoy fumando y con algo de comida puesta en el fogón.

-Bueno, cuando toco la puerta me salio una quebeca y le dije que ya le había instalado la antena, solo faltaba pasarle el cable interior. "Pardon, je ne ai pas sollicité instalacion d'antenne quelqu'une". ¡Me cagué!

-¡Coño, Esteban! Hoy saliste con el comemierda listo para terapia intensiva, porque mira lo lejos que se encuentra ese Châteauguay.

-¡Atrás con todos los tambores! ¿Qué iba a hacer a esa hora? Tuve que desconectarlo todo y salir al frente para ver cuál era realmente la casa.

-¡Qué clase de perdedera de tiempo!

-Pero eso no fue lo peor.

-¡Ahhh, noooo!

-¡No pipo! Instalé la antena en el condo correcto y la mujer me dio un perico de propina. Aparte de que estoy sordo de un oído y encontrarme entretenido, al escuchar aquello fue como si me tiraran un cubo de agua fría en la cabeza, me preocupé y con mucha razón. Mi hijo es un hombre hecho y derecho que llegó limpio a este país, nunca en su vida ha consumido drogas y por lo que he visto en televisión, con una sola raya te puedes enganchar.

-¡Coño, compadre! ¿Por qué no se la devolviste? Hasta ahora has estado limpio y no puedes caer en ese bache.

-¡Pipo! ¿De qué coño estás hablando?

-¡Del perico, viejo! ¿O piensas que soy estúpido?

-Pero si el perico es de lo más lindo, viene en su jaula y me dio lo que le quedaba de comida en una bolsita.

-¿De qué me estás hablando?

-De un perico de lo más lindo, me lo regaló con jaula y tooo.

-¡Ahhh!

-¿Qué pensaste?

-¡Nada! Y con lo caros que son esos animalitos, ¿por qué te lo regaló?

-Pipo, es una mujer que acaba de divorciarse. ¿Te acuerdas del mago?

-¡Sí!

-Dice ella que cuando se separaron, el hombre se llevó a las palomas y los conejos.

-¿Y por qué dejó al perico?

-Dice ella que el animalito no quiso colaborar en sus actos.

-¡Vaya! Otro inadaptado que llegó a este país y no quiere trabajar.

-¿Qué dijiste?

-No me hagas caso. ¿Quién se va a encargar del perico?

-¡Eso no se pregunta! Sabes que al final de la jornada eres tú.

-Pero yo no quiero perico ni un cojón.

-Después hablamos, ya voy para la casa. Nos despedimos y colgó. Salí del garaje y me dirigí a la cocina para terminar lo que estaba haciendo. Una media hora después lo sentí abrir la puerta y cuando me asomé, ya la jaula del perico se hallaba en territorio de la sala, él se quitaba las botas. Dirigí mi vista hacia el animal y lo encontré bonito, no sabía a cuál familia de los periquitos pertenecía.

-¿Te gusta?

-¡No me vengas con ese cuento! ¡Mira el caso de Chiqui y Sami! Al final soy yo el que debe comprarle la comida.

perico

La historia del Chiqui ustedes la conocen, él la escribió hace solo unos días. No puedo negar que se ha superado mucho, ya no se tiempla los almohadones del sofá, no orina ni hace pipi en otro lugar que no sea su papelito, es un perrito modelo. Bueno, continúa con sus masturbaciones, pero lo hace ahora con mucha discreción. Tampoco puedo decirle nada, yo lo hacía cuando me encontraba navegando. El Sami es otro cuento, un día de su cumpleaños, la niña de la casa me dijo que el regalo mío era un pececito y solo le pregunté el color. Recorrí unos veinte kilómetros en el auto hasta un acuario que conozco en Montreal y se lo compré junto a una bola de cristal y tres paqueticos de alimento. Era un peleador de color rojo muy joven y como yo había sido aficionado a las peceras, le hice la historia del origen de esos peces, ella me escuchó con mucha atención. La corrida salió barata, un total de cuarenta dólares. Los primeros días ella me acompañaba en el instante de darle alimento al animalito, eso ocurrió solo unos días. El cansancio, la computadora y la televisión, lograron que en menos de una semana olvidara a Sami. Cada mañana y mientras colaba mi café, yo despertaba a Sami para darle su comidita. Tenía que despertarlo porque no he visto a un pez más huevón que él. Jamaba y luego se sumergía a la profundidad de su bola para empatar el sueño. En esos primeros días fue colocado encima de la mesita de la cocina, después pasó a una mesita bar que ha desaparecido por encanto. De allí rodó hasta un armario que pertenece al juego de comedor, luego lo situaron en el invernadero y un día, cuando fui a alimentarlo, no lo encontré por ninguna parte, llamé por teléfono a mi nuera.

-¿Dónde está Sami?

-¡Ahhh! Se me había olvidado decirle, se encuentra justo al lado de la puerta de su cuarto. Pobrecito, ha tenido el mismo destino del Chiqui, parece que todo lo inservible va a parar al sótano de la casa, hasta yo. Bajé sus alimentos y lo desperté como de costumbre. Solo que como el sótano es el lugar más tranquilo de la casa, el sueño de Sami es más profundo y debo darle varios golpes al cristal con las uñas. Bueno, él no protestó, ni yo tampoco, me resultaba mucho más cómodo incluirlo en el grupo de los "excluidos". Sami es dormilón, pero no crean que es jamón, él es algo mañoso también. Un día se acabó la comida que yo le había comprado y partí rápido al mercado a buscar otra. Ya saben ustedes que en estos países hay estante con alimentos para todo tipo de mascotas y que están más abastecidas que cualquier mercado de la isla. Llegué y le puse su nueva comida, me fijé muy bien que fuera para peces peleadores. ¿Qué creen ustedes? ¡El hijoputa no la quiso! Probó una de las bolitas, la soltó inmediatamente y se dirigió al fondo de su pecera para continuar su sueño. Por mucho que le toqué el cristal, no subió. En fin, tres y tantos dólares que sumados el tax se montaron en los cuatro y algo, se quedaron intactos en uno de los estantes de la cocina. Allí lo tengo para usarlo de condimento el día que cocine camarones enchilados. Salí de nuevo en el auto y fui a una tienda exclusiva de animales que hay en Ville de Mascouche, no está lejos, pero igual hay que gastar gasolina y aquí anda por las nubes. Regreso a la casa y se repite la historia, lo despierto, prueba las nuevas bolitas, la suelta y se va al fondo de la pecera medio encojonado, tampoco le gustaron. Realmente el que se encabronó de verdad fui yo, ya había perdido más de doce dólares en la gracia de este cabroncito de origen asiático. Estuve a punto de renunciar, pero luego recordé que Sami había sido mi regalo de cumpleaños a la nieta. Tuve que salir en dirección a Montreal, o sea, recorrer nuevamente los más de veinte kilómetros para llegar al acuario donde lo había comprado. Allí estaban sus bolitas preferidas, más de tres dólares el paquetito plus tax y gasolina. Le toqué en el cristal, subió y comió por los tres días que no lo hacía y regresó al fondo para dormir su siesta.

¡Ahhhhh! Se me pasaba hablarles de la tortuga que se encuentra en el garaje. Resulta que el otoño antepasado y cuando mi hijo se disponía a entrar en el driveway con su auto, observa cierto movimiento en un charco de agua formado en la calle y justo frente a nuestra casa, aún no la habían asfaltado. Se llegó hasta el charco y encontró una tortuga. La recogió y metió dentro de una tanqueta plástica en el garaje.

-¿Viste lo que encontré? Me preguntó esa tarde cuando coincidimos en el garaje para fumar.

-¿Qué encontraste?

-Una jicotea.

-¿Una jicotea? En este país no las hay y estamos algo distante del río. ¿Cómo llegó hasta aquí?

-No sé, puede tratarse de un trabajo de brujería.

-Pero de ser así, debe ser de parte de cualquiera de tus amigos. Mis amistades no han venido a la casa.

-También dicen que las tortugas atraen el dinero.

-¿Y desde cuando coño tú crees en eso? Yo no he visto a ninguna tortuga millonaria, ni conduciendo un BMW por la ciudad.

-Bueno, por sí o por no, ahí la tengo. Me señaló para el tanque y me asomé a observarla.

-¡No jodas! Vas a convertir la casa en un pequeño zoológico. Lo cierto es que ella es la que menos molesta, no habla, no canta, no es exigente con la comida y, de vez en cuando la suegra de mi hijo le cambia el agua y le deja caer alguna yerbita.

Una hora después y ya con la jaula del perico puesta sobre la mesita de la cocina, llegó mi nieta. Se puso contentísima con la presencia de aquel pajarito y hubo que presionarla para que fuera a bañarse e hiciera sus tareas de la escuela.

-¿Quién va a cuidar al periquito? Solté al aire cuando estábamos cenando.

-¡Tú! Dijo mi hijo inmediatamente.

-¡Usted! Dijo mi nuera tras él, ella no tutea mucho, es mexicana.

-¡Yo! Casi gritó mi nieta. La suegra no abrió la boca, ya les he contado que ella es la que baña al Chiqui y le limpia su cuarto. Mis obligaciones son alimentarlo y educarlo. Sami está vivo por mí, pero es la suegra quien le cambia el agua a la pecera.

-¿Tú lo vas a hacer? Eso mismo dijiste cuando Sami y el Chiqui. Se puso muy seria cuando le dije aquello.

-¡Yo lo sé, Yeyo! Pero fíjate que hoy me voy a llevar a Sami para mi cuarto.

-Pero te acordarás de darle su comida diariamente.

-Lo haré, pero en caso que se me olvide, tú me lo recuerdas, ¿okey?

-¿Y qué nombre le vas a poner al periquito? Fue mencionando varios que iba desechando hasta que escuchó uno que resultó agradable a sus infantiles oídos.

-¡Se llamará "Blue"!

-No está mal, seguro que es por su color. Asintió con la cabeza y un poco más tarde la escuché pedirle a la abuela que cuando terminaran de comer fueran por el pececito. -Por cierto, ¿Cómo se llama la tortuga?

-¡Ahhhh! Ella se llama "Toñita".

-¿Y es hembra?

-Bueno, no sé realmente.

-¡Bah! No te preocupes, travestis son los que se sobran en Canadá.

-¿Qué es eso?

-No te preocupes, ya tendrás edad para dedicarte a la política. Esa misma tarde Sami fue trasladado hacia su habitación, me alegro mucho por ese caprichoso amiguito.

-¡Ven acá, Esteban! ¿te fijaste en la jama que te dieron para el periquito?

-¿Por qué me preguntas eso?

-¡Observa el paquete! Aquí dice claramente que es alimento para palomas y gaviotas.

-¡Coño, verdad!

-¿Cómo carajo pretendía el mago que ese animalito colaborara con sus actos? ¡No jodas! El encabronamiento del pajarito es justificado.

Al día siguiente salieron a comprarle una nueva jaula y comida adecuada a su especie. De la mesita del comedor ya lo pasaron para el invernadero y pueden imaginar el reguero de semillitas encima de su mesa. La niña es la encargada de limpiarla de acuerdo al pacto acordado en el seno de la familia, ayer olvidó hacerlo y la comprendo. Llega somnolienta de la escuela, debe hacer sus tareas y el tiempo restante es para el televisor y la computadora. Espero que "Blue" no cague tanto para que evite ser enviado al sótano de la casa. Come sin parar durante todo el día, aún no ha agotado la bolsa de semillas para gaviotas y palomas. Es más la que bota fuera de la jaula que la consumida, tal vez lo esté haciendo a propósito, los animales no son comemierdas.

Han pasado tres días y hoy tuve que ponerle comidita al pajarito, mañana debo salir a buscar jama para Sami, ayer lo hice por la del Chiqui. Estoy esperando que la jaula se llene de mierda para ver la reacción de la suegra de mi hijo.

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