Santería

El viaje de Orlando por los caminos de Ifá

Orlando Eloy González Vera cree que los caminos de Ifá lo llevaron a la disidencia. Aunque es blanco se crió entre los santos africanos. Tiene 37 años y vive en Centro Habana. Es babalawo Ifá Omí, Príncipe de Agua.

Desde pequeño tuvo que ocultar su religión. La pregunta de orden en Cuba para estudiar o conseguir un buen trabajo era si se profesaba alguna creencia religiosa. Cuando quiso estudiar Mecánica Naval se lo impidieron por ser santero.

Orlando, como babalawo, fue invitado por primera vez al final del año 2005 por la Comisión Organizadora de la Letra del Año, conocida localmente como la Casona de 10 de Octubre, que es independiente y no se ha dejado penetrar por el estado.

La Comisión, radicada en una antigua casona de la Víbora existe paralela a la oficialista Asociación Cultural Yoruba de Cuba, radicada en la calle Prado, que responde a los intereses del estado.

Cada 31 de diciembre, ambas asociaciones emiten letras del año que suelen diferir en algunos detalles. Estos son los referentes a la situación nacional.

Este año, circularon rumores de que los babalawos de la Casona de Diez de Octubre serían expulsados por no estar afiliados a las organizaciones gubernamentales. Hasta el momento son sólo rumores, pero los babalawos permanecen en ascuas.

Rodeado de santos, conversamos sobre sus inquietudes. "Orula predestina a algunos para ver lo que vendrá en la vida de cada ser humano", explica. "Nos reunimos la mayoría de los sacerdotes a las doce de la noche del 31 de diciembre y sacamos la letra del año. Las perspectivas para este año son sombrías, estamos viendo a diario el odio entre cubanos. Sólo la unión nos puede salvar. Debemos buscar la reunificación, los mítines de repudio deben cesar.

"Soy rebelde desde pequeño, me gusta combatir lo mal hecho. Sufro el deterioro de mi pueblo, sin esperanzas de nada. Todo se convierte en mentiras. A los médicos los envían para Venezuela y Bolivia, nosotros cada vez tenemos menos médicos, menos de todo", enfatiza. "El mes pasado fui al médico, a la Covadonga. Tenía alta la presión ocular. El médico sólo me recetó fomentos de agua fría. Tenía que esperar al otro día porque no había presente ningún especialista en oftalmología. Mi padre murió de un enfisema pulmonar. Necesitaba un balón de oxígeno que llegó después de su muerte".

Orlando Eloy ha pagado cara su rebeldía. Lo expulsaron de su trabajo hace más de un año. Se desempeñaba como jefe de turno en la ronera occidental. "No pagaba el sindicato y mis ideas no están de acuerdo con el sistema. Llevaba veinte años de trabajo, pero me echaron como a un vil delincuente".

Sus ideas le han costado, además, la separación matrimonial y la pérdida de muchos ahijados.

Actualmente recolecta firmas para el proyecto de la Federación Latinoamericana de Mujeres Rurales (FLAMUR) y pertenece a la Fundación Nacional de Derechos Humanos.

"Seguiré luchando por ver mis sueños realizados, y defenderé con decoro mi lucha pacífica por el cambio", concluyó mirando hacia sus santos, como quien espera ayuda.

Jueves, 06 de Julio del 2006

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