Zapata, y la infamia de Bruno y Willy

Por Pedro Juan López Díaz

En Cuba, en una prisión, no hace falta ir a una huelga de hambre, para morir de hambre e inanición. Es poca la diferencia que hay entre la vida y la muerte. Un día un prisionero se despierta por la mañana y si es que puede ver el cielo por una pequeña ranura de su celda, lo aprovecha para pedirle a Dios que le dé fuerza y valor para cumplir el mandato de su conciencia. Su carcelero, que es el ser humano más cercano del mundo exterior que rodean su celda, no es un ser humano, es una máquina robotizada, con pies y manos, que se mueven con un tanque repleto de odio como combustible, en su corazón.

Los que conocemos la naturaleza y el bajo perfil moral de los hermanos castro, sabemos que la vida de un hombre no vale nada cuando este se convierte en un estorbo para sus fines criminales que siempre estan justificados con el cinismo de la institucionalidad de la pena de muerte. Para el castrismo, en Cuba no existen los crímenes extrajudiciales, no hacen falta, las leyes están creadas para evitar que alguien se sonroje y les crea ese cuento macabro que les da una licencia para matar.

El mundo tiene que despertar ante esta pesadilla institucionalizada, que esta cínica camarilla en el poder por más de cincuenta años ha adormecido sus reflejos con una cortina que esconde los más crueles asesinatos que se hayan conocido en la historia de las tiranias del mundo.

Por allá, por la ONU, el canciller castrista Bruno Rodríguez, que de canciller no tiene más que el rimbombante nombre con el que lo ha bautizado la satrapía de La Habana, anda regando un expediente fabricado por los torturadores y asesinos de la seguridad del estado castrista, difamando a un humilde obrero de la raza negra que se reveló contra la humillación y la mentira; y dió su último aliento para que el mundo y sobre todo su pueblo, conociera el genocidio que se comete todos los dias en su esclavizada y secuestrada isla.

Que más podemos pedirle a un canciller de la infamia. El pobre Bruno, es un infeliz que tubo la dicha de haber nacido en Cuba y la desgracia de que al nacer se le enredaron los genitales con el ombligo y quedó eunuco.

Pero esto no es lo que más indigna a los cubanos, sino que hayan por el mundo todavía, ciertos cretinos, y asi hay que decirlo con todas sus letras, que son capaces de creer tamaña infamia; y más indignante aún, que hayan otros más cretinos haciendole coro a este ruido bárbaro y goebeliano.

Quizás me exceda en decir, que los que guardan silencio, también se les enredó el ombligo.

El caso de Willy Cretino, perdón, Willy Toledo, es un problema de coheficiente intelectual que padecen los que piensan que los crímenes extrajudiciales nada más que se comenten en el lado derecho del mundo; y que los luchadores contra las dictaduras de su lado izquierdo, no son presos políticos, sino delincuentes comunes.

Creo que Bruno y Willy se han ganado la más alta condecoración que otorga la infamia.

Pedro López, Venezuela

Comparta y disfrute:
  • Google Bookmarks
  • Yahoo! Bookmarks
  • Bitacoras.com
  • Twitter
  • BarraPunto
  • Technorati
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Live
  • Blogplay
  • Sphinn
  • Meneame
  • Mixx
  • Blogosphere News
  • Yahoo! Buzz
  • MySpace
  • Print
  • email
  • PDF
  • RSS

Opiniones relacionadas :


Envíe un comentario