Los Políticos Granujas y La Libertad De Cuba

Por Hugo J. Byrne

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“La vida, la libertad y la propiedad no existen en virtud de que el gobierno haya hecho leyes. Por el contrario, la vida, la libertad y la propiedad existían antes de que las leyes fueran promulgadas para salvaguardarlas”.
Frederic Bastiat (“The Law”-1850)

Quienes presiden hoy la bancarrota económica de Estados Unidos, hace mucho tiempo fomentaron su bancarrota moral. Los que aseveran que todos tenemos derecho a parte o quizás a todo el peculio ajeno, son los mismos quienes durante décadas pasadas defendieron desde tribunas políticas y claustros universitarios la equivalencia moral de todos los sistemas políticos y todas las agendas. Para la facción impropiamente llamada liberal en Norteamérica, aquel que busca “una sociedad perfecta”, debe tener privilegios sobre sus semejantes y su conducta no puede juzgarse usando reglas comunes al resto de los ciudadanos. La sociedad producto de semejante insania la describió perfectamente hace más de medio siglo en la novela “1984” el escritor británico Eric Blair, quien firmaba con el seudónimo de George Orwell. Blair militó activamente en el movimiento socialista y pudo apreciar su maldad desde un primer plano.

Sólo analizando la naturaleza de esa infame agenda social puede entenderse que alguien gaste millones de dólares en producir una película interminable glorificando a un asesino en masa, fracasado revolucionario y degenerado antisocial como Ernesto Guevara. ¿Quién puede sorprenderse que haya defensores para el depuesto ex-gobernador de Illinois, cuando sus compinches de maldades son confirmados por el Senado para integrar el nuevo gabinete o ganan escaños en el Congreso?

Una vieja y notoria reportera izquierdista acreditada a La Casa Blanca, quien durante la primera seudo-conferencia de prensa del Presidente-Mesías hizo referencia a los “llamados terroristas” al formular una pregunta sobre política exterior, reflejaba ese curioso estado mental. ¿Es razonable semejante noción? Aparentemente lo es para el nuevo e iluminado presidente norteamericano, quien se refiere a los miembros de su gabinete con un muy arrogante “mi Secretario…”·

¿No es justo usar el mismo criterio objetivo para juzgar la conducta de todo el mundo? ¿Tiene sentido que todo deba depender de que la agenda política de cada individuo sea o nó “correcta”?

No todos los políticos son necesariamente granujas, pero no tengo la menor duda que el presente Congreso y ambos partidos están repletos de políticos granujas y también de que existe un criterio objetivo para distinguirlos. Sin embargo, si el lector desea identificarlos rápidamente le daré una buena pista. Observe la actitud de cada uno de ellos hacia el régimen de La Habana.

El ex Gobernador republicano de Illinois, Ryan, a quien el Tirano quería erigir un monumento en Castrolandia y quien perdiera esa gobernatura en 2002, se encuentra en la actualidad sirviendo sentencia de privación de libertad por bandido. Ryan, como otros tantos politicastros de ambos partidos, era visitante asiduo de La Habana y admiraba desvergonzadamente al Tirano, quien le correspondía con presentes caros y tratamiento de “V. I. P.” Otro ardiente partidario de mejorar relaciones con el Régimen de La Habana, quien todavía no está en la cárcel, pero cuya investigación sobre actividades ilícitas lo forzara a renunciar al nombramiento de Secretario de Comercio en la administración de Obama, es el ex-candidato presidencial y presente Gobernador demócrata de Nuevo México, Bill Richardson.

Hablando de visitantes de La Habana, uno prominente lo era el antiguo Senador Tom Dashle. Dashle fue fotografiado hace varios años en el Aeropuerto Internacional José Martí saludando efusivamente a su anfitrión castrista, nada menos que el notorio Ricardo Alarcón, quien por ese entonces era el Ministro del Exterior en Castrolandia. Las pruebas de conflicto de intereses contra Dashle eran tan graves y evidentes que también se vio obligado a renunciar a la posición de Secretario de Educación, Salud y Bienestar Social que le había sido ofrecida por el “Anointed one”.

Entre los no muy disimulados enemigos de Cuba libre está el sonriente y bien alimentado “Charlie” Rangel, Representante demócrata por Nueva York y repulsivo admirador de Fidel Castro, cuyos crímenes y mentiras aplaudió efusivamente durante la última visita del Tirano a New York en la década pasada. El castrismo de Charlie no es platónico, lo ví en la presidencia del acto de homenaje a Castro en una iglesia de Harlem, aplaudiendo un idioma que ni siquiera entendía, junto a su compinche castrista y granuja, el congresista demócrata José Serrano. Rangel, quien en la actualidad es Presidente del Comité Congresional de “Ways and Means”, se encuentra bajo investigación por fraude en impuestos federales y uso personal de papeles con timbre oficial.

No todos los granujas simpatizantes del Régimen de La Habana están en salmuera. Algunos ocupan hoy posiciones de poder en Washington para satisfacción de Castrolandia y peligro nuestro, pero han llegado a ese poder a pesar de la evidencia de sus flaquezas morales. Eric Holder, antiguo Secretario Asistente de Justicia durante el gobierno de Clinton, ha sido confirmado por el Senado como Secretario de Justicia en el gobierno de Obama. Holder aconsejó al Presidente Clinton perdonar a un notorio prófugo norteamericano, quien se enriqueciera traficando con el enemigo. Nadie que yo sepa ha impugnado oficialmente todavía la legalidad de extender “perdón” a un prófugo, quien aún no ha sido condenado a prisión y ni siquiera ha sido juzgado por sus crímenes.

No soy experto en leyes pero creo que perdonar a un prófugo de la justicia equivale éticamente a decretar impunidad y si algún lector tiene elementos de juicio contrarios le suplico me ilustre sobre los mismos. Holder también aconsejó el perdón con el que Clinton premiara a convictos terroristas portorriqueños en una movida sospechosamente política si se considera la aspiración senatorial de Hillary Clinton en ese tiempo. Holder jugó un papel principal en la justificación legal a la brutal invasión armada de la casa del tío abuelo de Elián González en La Pequeña Habana y el envío del niño a Castrolandia para servir de monigote al Tirano.

Simpatías y apoyo a regímenes tiránicos como el de los Castro son indicativos de amoralidad o de ignorancia, pero con gran frecuencia de ambas lacras.

Autor: Hugo J. Byrne

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