Levantamiento del embargo, ¿democracia para Cuba?

Por Jorge Hernández Fonseca

El advenimiento de Barck Obama a la presidencia de los Estados Unidos –que le reserva una gama voluminosa de problemas domésticos e externos a ser enfrentados desde su primer día en la Casa Blanca– sugiere que probablemente las relaciones EUA-Cuba estarán entre las que se examinarán más temprano que tarde (para cambiarlas), según se desprende de sus promesas de campaña y de las noticias que emanan de sus asesores políticos.

“El embargo” ha sido la llave de la política norteamericana hacia la Cuba de Castro y ese será el gran objetivo de la revisión de la política presidencial de Obama hacia la isla. Lo que realmente se hará respecto a la nueva política de EUA con Cuba, y como se llevará a cabo, pertenece aún al terreno de las conjeturas, pero se da por seguro que habrá “cambios”. En la “otra orilla” ya Castro prepara su artillería, que ha pasado de una apuesta poco disimulada por el triunfo de un Obama candidato, al pánico decurrente de la elección de un negro a la presidencia de EUA.

Por el lado de la oposición política cubana, tanto en el exilio como en la isla, ya “se alquilan balcones” para observar en lugar destacado los lances futuros de la negociaciones que se avecinan (donde los opositores cubanos no tendremos ni voz ni voto, aunque se diga lo contrario) y se desempolvan argumentos criollos en los tres bandos existente cuando se enjuicia la política norteamericana del embargo: los opositores que apoyan el embargo; los opositores que no apoyan el embargo, y los “revolucionarios” que dicen rechazar el “bloqueo”.

Hasta el presente, las sucesivas administraciones norteamericanas tenían en la política de embargo la punta de lanza de las relaciones con Castro, lo que ha durado casi cinco décadas. Ahora, por primera vez, un candidato presidencial –en este caso, ya elegido al cargo– ha prometido “revisar” la política hacia Cuba, con un apoyo destacado en las filas de la oposición cubana de dentro y fuera de la isla, de entre los anticastristas que se oponen al embargo.

Han comenzado a aparecer artículos de fondo que tratan las ventajas de levantar el embargo en el ajedrez político Cuba-EUA, pero por desgracia, sólo se comenta una sola ‘jugada’, como si para derrotar una dictadura comunista de cinco décadas bastara una simple decisión no militar de EUA y que por otra parte coronaría políticamente la dictadura cubana como habiendo “obligado” a los Estados Unidos a levantar el “criminal bloqueo” que mantiene contra la isla.

El dictador cubano es un hombre astuto e inteligente, que ante cualquier jugada de EUA respecto al embargo, tiene variantes múltiples. No obstante, lo único que leemos es sobre el “desconcierto” que se crearía en el seno de la dictadura cuando Obama levante el embargo, como si esta jugada no estuviera en fase con los más profundos anhelos de los generales de Raúl, en cuyas manos está hoy el poder político y económico cubano real, aspirantes a un sistema ‘estilo chino’ en el cual ellos serían los “nuevos ricos”, apoyados (aspiran) por EUA.

Existe una corriente opositora cubana honesta que incentiva la política de levantamiento del embargo, en el contexto de ciertas presiones para que la dictadura haga concesiones democráticas. El problema es que estas “cartas” ya deben haber sido estudiadas por los generales de Raúl y sus asesores, que seguramente propondrán apetitosas contra propuestas, más en fase con sus ambiciones capitalistas que con la democracia que soñó Martí para Cuba.

El proceso de discusiones será más o menos largo, y si bien el anciano dictador encabezará el equipo decisorio en estas conversaciones, dificultándolas, no es difícil predecir que en medio del mismo sobrevenga el “fatal desenlace” largamente esperado por “griegos y troyanos”. Las fuerzas raulistas pudieran entonces favorecer una salida económica que los tendría a ellos como principales detentores del “capital cubano” (los nuevos ricos) y a empresarios norteamericanos como sus “contrapartes extranjeros”, dejando las ansias democráticas para “otro momento”, como sucede en China sin que el mundo libre siquiera se sonroje por ello.

Una política bien estudiada –con o sin embargo– pudiera conducir a concretar, apoyada por los norteamericanos, los deseos de libertad de los cubanos de dentro y fuera de la isla. Las discusiones directas de Estados Unidos con la dictadura es una de ellas –y es importante decir que esto no nos es dado (a los cubanos) decidir– ya que el embargo es una política del gobierno de los Estados Unidos, no de los cubanos. Quiero con esto alertar sobre dos aspectos importantes: primero, los cubanos no participaremos en estas negociaciones y eso es grave; segundo, es necesario negociar con la dictadura sabiendo que del otro lado no hay aficionados torpes, sino un grupo que ha sabido mantenerse 50 años en el poder ante 10 administraciones norteamericanas diferentes y que ahora se disponen a un mimetismo capitalista desde el poder, argumentando poder así paliar la penuria que corroe toda la isla, resolviendo la hambruna local.

El razonamiento de que el levantamiento del embargo redundará en la “caída de la dictadura” como se nos dice siempre, es difícil de imaginar habiendo una contraparte ambiciosa en la isla, deseosa de aferrase al poder político, y a través de él, hacerse con el poder económico negociando un capitalismo al ‘estilo chino’ donde el pueblo cubano continuaría “fuera del juego” y serían los generales de Raúl y los capitalistas norteamericanos ambiciosos (aquellos que quebraron la ENRON primero y ahora acabaron con el sector financiero) los que actuarían.

Personalmente creo que los opositores cubanos deberíamos analizar nuestros problemas, tratando de jerarquizar las decisiones que apoyaremos. Cuba, además de sufrir una cruenta dictadura de medio siglo, tiene como sabemos otros problemas derivados: el pueblo pasando hambre por la implantación de un sistema económico fracasado; cientos de presos políticos encarcelados injustamente; un exilio sin derechos y que no puede regresar, con la correspondiente división familiar; un sistema unipartidista, totalitario y asfixiante, entre otros.

Levantar el embargo unilateralmente redundará en una mejora material de los cubanos dentro de la isla, pero mejorará también la imagen interna y externa de la dictadura, que se fortalecería política y económicamente. Si lo que queremos es aumentar el nivel de vida de los cubanos dentro de la isla, aunque fortalezcamos las estructuras dictatoriales, esta es una buena salida. No veo las jugadas sucesivas mediante las cuales el levantamiento del embargo conduciría a la caída de la dictadura, con los generales de Raúl devenidos en nuevos dueños capitalistas.

Cuando el anciano dictador cubano fallezca, los generales de Raúl liberarán sin problemas –en la mesa de negociaciones con EUA– a los presos políticos cubanos (pidiendo a cambio probablemente la liberación de sus espías condenados en EUA). Se acordaría implantar incluso un capitalismo ‘estilo chino’ (que ya se justifica ideológicamente en el Partido Comunista de China y no tendría como no justificarse en el cubano) pero dejando ‘fuera del juego’, como en China, a la oposición política cubana interna y a sus organizaciones, así como al exilio y las suyas. Si esto es lo que queremos, levantar el embargo es una de las maneras de conseguirlo.

No veo el razonamiento mediante el cual los generales de Raúl permitirían una oposición política –incluso mediatizada (o socialista)– a cambio de levantar el embargo, porque lo que la dictadura aprendió (y sabe de sobra) es que con concesiones económicas los gobiernos comunistas “no se caen” (China y Viet Nam lo demuestran). Lo que nunca los generales de Raúl admitirían a cambio de levantar el embargo, será la restauración de la democracia en la isla, porque eso terminaría con los sueños de poder y riqueza que ambicionan, espejándose en China. Si nuestro objetivo es ese, ya sabemos que no será esta la vez que obtengamos nuestra libertad, y habría que prepararse para una larga lucha, probablemente con EUA en contra.

No se trata de apoyar el embargo. Esa es una política norteamericana. Se trata de que, si EUA analiza la posibilidad de cambiar la política de embargo a Cuba, los cubanos debemos estar alertas de los graves peligros que se corren al EUA negociar solo con un régimen en su fase de agonía final, tanto en el aspecto económico como en el político. La cúpula gobernante está cada vez más debilitada y los sucesores harían cualquier cosa por negociar todo el país a cambio de su sobrevivencia política, a costa de la oposición cubana. Eso, los cubanos somos los únicos que debemos decidirlo. Este sería el peligro que ahora corremos: EUA negociaría evidentemente en base a sus propios intereses, y no en base a los sagrados intereses de la patria cubana, por muy buena voluntad que tengan. Ese es el peligro, y se llama independencia.


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