Entre dos

Por Adrián Leiva

La habana fue escenario la pasada semana de otro encuentro entre el gobierno y emigrados cubanos que mantienen un lazo de simpatía con las autoridades de la Isla.

A diferencia de eventos anteriores denominado erráticamente "" la nación y la emigración"" esté encuentro no fue bautizado con ese nombre. Pero mantuvo el mismo carácter excluyente, ya que la presencia de emigrados cubanos responde a selectivas invitaciones del gobierno y el partido comunista de Cuba en una agenda elaborada por la habana y no, a un amplio foro de cubanos que a pesar de tener distintas ideas manifiestan su interés por un dialogo socio político y económico sobre la realidad interna de Cuba.

Poco ha trascendido de los temas tratados en ese encuentro, salvo su titulo; el embargo y la liberación de los cincos agentes de inteligencia condenados en los Estados Unidos por no registrase como agentes extranjeros mientras se infiltraban en organizaciones de exiliados cubanos catalogadas por la habana como grupos terroristas anticubano.

Con ese trasfondo un amigo residente en Miami, indagaba sobre mi criterio al respecto en los dos temas tratados en la habana durante esté encuentro.

Si más miramiento le explique mi posición como ciudadano cubano, al margen que me encuentro desterrado de mi patria debido a las violaciones de los derechos humanos por parte del gobierno.

Sobre el embargo. Como la mayoría de los cubanos rechazo todas las leyes extraterritoriales de los Estados Unidos, que atentan contra la soberanía de Cuba y que pretenden imponernos formulas ajenas a nuestra realidad.

No tengo necesidad de asistir a ningún evento convocado por las autoridades de Cuba para manifestar mi total rechazo al embargo. En ese sentido me pueden sumar a la lista de participantes presentes ausentes.

Sobre la libertad de los cincos agentes cubanos.

Como ciudadano cubano es mi deber solidarizarme con la libertad de ellos. Ingrato de mi parte de no asumir esa conducta. Como activista de los derechos humanos es también una posición ética defender los derechos de ellos sean o no culpable a un juicio justo e imparcial así como recibir las visitas de sus familiares cercanos.

Tal posición de mi parte no responde a ideología política, sino a valores que reconocen a la defensa de los derechos inherente a toda persona en su condición humana.

El mismo dolor que sufre mi madre, una anciana de ochenta y un años de edad y semi ciega por mi destierro separado de mi familia, es idéntico al dolor de las madres de los cinco; como mismo sufren la separación de sus familias, su hogar y sus hijos mis compañeros que guardan injusta prisión en las cárceles de Cuba por defender los derechos humanos. El dolor de madre no tiene color político, es simplemente dolor humano.

Contaminar con ideologías, o equivocadamente descargar sobre estos cinco agentes de inteligencia cubana mi desacuerdo con las autoridades de Cuba por el abuso y la injusticia que sobre mi persona y otros cubanos comenten; seria un acto que califico de indigno, al menos yo; el desterrado, no tengo espacio en mi corazón para tales odios.

Luego de mi exposición, que en algo dejo un poco confundido a mi interlocutor en esté dialogo entre dos, llego una pregunta inesperada.

- Adrián, me puedes regalar un ejemplar de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; en Cuba es un delito tenerla-

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