Aquellos rusos
Por Miguel Iturria Savón

En estos días de libros y ferias la prensa cubana volvió a exaltar a Rusia y su cultura, como en los tiempos en que marchábamos abrazados con la "indestructible Unión Soviética". Los bolos, sin embargo, ya no hablan de socialismo ni recuerdan al "gran Lenin". Quizás por eso no envían barcos con alimentos, armas ni petróleo a su traspatio del Caribe. Ahora retornan a través de algunas obras literarias, decenas de filmes y una exposición sobre el 50 aniversario de las relaciones entre Moscú y La Habana. Del lobo un pelo.
En Cuba la gente de a pie también padece de amnesia. Ni los millares de ingenieros que estudiaron en ese país evocan los abrazos del oso siberiano. Las casas de los técnicos y asesores soviéticos, y hasta las bases militares de los antiguos aliados fueron recicladas. Al cesar la tubería de recursos y los consejos para construir el comunismo, acabó la admiración por la grandeza del alma rusa.
La melancolía anida, sin embargo, en los círculos del poder. Raúl Castro evocó días atrás sus años de aprendizaje en las academias militares de Moscú, a donde solía volver en busca de orientaciones antes de 1990. Otros generales y ministros expresan nostalgia por las décadas de encuentros, viajes y vodkas.
Aquellos rusos no tienen mucho que ver con los funcionarios que presiden ahora la delegación que vino a inaugurar la Feria del libro de La Habana, finalizada el pasado 21 de febrero.
En las fotos publicadas en la prensa, el señor Serguei Lavrov, ministro de Relaciones Exteriores, sonríe al lado del general Raúl Castro y del canciller cubano, con quienes firmó documentos y habló de relaciones estratégicas. Detrás de las palabras hay un montón de diferencias. Los mandarines de la isla son hombres del pasado que coquetean, hacen negocios y piden créditos, pero saben que hay que pagar.
Gracias al apoyo de aquellos rusos desmantelaron a nuestro país. A los camaradas de Moscú les deben el poder que aún detentan a sangre y fuego. Los hijos del imperio soviético fueron el soporte técnico, militar, académico y filosófico del socialismo voluntarista e impositivo de los hermanos Castro. Hasta los manuales de instrucción para reprimir a los opositores cubanos eran elaborados en los cuarteles secretos de la Patria de Lenin. Los oficiales de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior son los alumnos más aventajados de la troika eslava.
Los censores que en nuestras editoriales determinan los libros que leemos en la isla son párvulos de aquellos expertos del socialismo real. La herencia cultural de los rusos todavía gravita sobre los creadores que no se ajustan a las normas excluyentes fijadas en las oficinas del Partido Comunista, heredero de su homólogo soviético.
Hay mucho cinismo en torno al capítulo de la gratitud a la antigua Unión Soviética. Si de rusos se trata prefiero evocar los retratos épicos de Tolstoi, la agudeza psicológica de Dostoievski, la ironía de Chejov y la crítica mordaz de la burocrática sociedad soviética recreada por Mijaíl Bulgákov en sus novelas.
Fuente: CubaNet
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Conexión Cubana | General | 03 2nd, 2010 |