Algo se muere en el béisbol cubano
Por Alfredo Vázquez – Panamá

Soy amante incorregible de la pelota cubana, me confieso, no hay nada que me apasione más que sentarme frente al televisor a ver un partido de nuestra inigualable serie nacional, o presenciar a la selección cubana defender nuestros colores en la arena internacional.
No me interesa el béisbol de las grandes ligas, ni el de Japón, ni el de la liga mexicana, ni el de Marte si lo hubiera. Para mí, es indescriptible la sensación que experimento cada vez que veo entrar en un terreno a nuestros peloteros vestidos de rojo con sus cuatro letras al pecho y la seguridad incuestionable que nos ha dado la historia reflejada en sus rostros.
Sufro como el que más cada derrota que nos infringen. Cuando el panorama es adverso mantengo esperanzas más allá de lo razonable y en cada victoria me regocijo como si en ella fuera mi vida.
Es que estoy convencido de que la pelota para el cubano representa más que un deporte, más que un terreno donde se jueguen estúpidas y superfluas batallas políticas o más que una forma de esparcimiento en la cual refugiarnos en medio de nuestras adversidades como pueblo.
La pelota para el cubano, fue, es y será parte indivisible y necesaria en su autodefinición, decir Cuba es decir pelota. Más allá de la época y sus circunstancias, el cubano siempre ha llevado, más que ningún otro pueblo, ese amor inexplicable e irracional por su béisbol.
No crean ustedes que nuestros históricos logros en el deporte de las bolas y los strikes se subordinan a características o circunstancias específicas, dadas por los acontecimientos de una época o por accidentes en la evolución de nuestra idiosincrasia, no. El cubano y el béisbol han sido uno solo desde siempre.
Hago esta introducción porque el tema que quiero abordar va a resultar para algunos un tanto doloroso, o atrevido, o quizás subversivo, pero lo cierto es que la única intención que llevan mis palabras en este escrito es invitar a la reflexión de ustedes sobre la realidad de nuestro béisbol en la actualidad.
Me gusta cuando mis jugadores se inscriben en la historia y abrazan la inmortalidad, me parece que sueño cuando mirando hacia atrás recuerdo tantos nombres, momentos y hazañas de nuestra historia beisbolera que son irrepetibles, y me entristezco al ver cómo el tiempo y las circunstancias han empujado sin oportunidad a nuestros héroes a desviar sus sueños y despertarnos a nosotros a una dura realidad.
La única ambición de nuestros peloteros, más allá del bienestar económico lógico que cualquier ser humano desea para su completa autorrealización, es representar con orgullo la camisa de su país, llegar a la más alta aspiración que desde niños pudieron tener al iniciarse en nuestro hermoso deporte: El equipo Cuba.
¿Dije nuestro deporte? ¡Sí, nuestro! Pero…eso no es posible, tristemente necesitan más que sobrado talento y ganas de jugar, tristemente muchos verán pasar sus mejores años frente al televisor (como yo) viendo a otros, evidentemente inferiores a ellos, ocupar infructuosamente su espacio, tristemente no obtendrán explicaciones ni argumentos coherentes sobre su carrera estancada y…ni sueñes exigir nada, aquí la exigencia es una ofensa, Ud. tome lo que se le da y agradézcalo hasta la idolatría.
Entonces… ¿cómo cumplir el sueño? ¿Cómo exhibirle al mundo su arte si ya ni pueden actuar? No le dejan opciones a nuestros atletas, la corrupción y el abuso de poder son consecuencias lógicas de…bueno Ud. ya sabe de qué.
Se nos van nuestros héroes, los obligan a vestir INDUSTRIALES bajo las letras de una camiseta extranjera y encima se les condena al destierro cual ofensores de la patria, patria que alguna vez ellos mismos se vieron privados de orgullosamente representar aún habiendo hecho sobrados méritos.
Con lo que he dicho quiero dejar bien claro que considero una total falta de respeto las arbitrariedades de nuestra comisión nacional, y que me da tristeza ver una y otra vez a nuestros atletas ser discriminados o sencillamente no ser tomados en cuenta, tal cual no existiera, como sucede al presente.
Están matando los sueños de nuestros jóvenes, están asqueando a nuestra afición nacional y finalmente, están tratando de mermar nuestra idiosincrasia como cubanos.
Vamos a dejarnos de mari…que aquí nadie es checoslovaco ni ha vivido en aislamiento por 10 años.
¡Se están cagando en nuestra pelota, están ofendiendo a nuestros atletas y se están burlando en nuestras plenas narices como si fuéramos infantes limítrofes!
Las excusas, si no existen no las inventen porque hasta la fecha les ha faltado creatividad, simplemente digan: ¡nos da la gana de actuar arbitrariamente y sin consideración! ¡Nuestros intereses van mas allá del deporte, y las decisiones que a éste se aparean son a nuestra entera discreción, sin que tomemos un ápice en cuenta la dignidad deportiva de nuestro pueblo o a la afición cubana!
Háganlo…háganlo y el pueblo, como siempre, buscara los medios para mantener viva esa llama que infructuosamente están tratando de extinguir con sus desaciertos intencionales y mezcolanzas antideportivas.
No he hablado de política, aunque parezca no lo he hecho, el que tenga oídos que oiga.
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