Músicos por la letra R

Rita Montaner

Rita Montaner (Rita Aurelia Fulceda Montaner Facenda), soprano. Nació el 20 de agosto de 1900 en Guanabacoa, La Habana, Cuba y murió tras una penosa y larga enfermedad el 17 de abril de 1958 en La Habana. Fue una de las más grandes artistas cubanas del teatro, la radio, el cine y la televisión. Como Ernesto Lecuona en el ámbito masculino, Rita Montaner constituye uno de los exponentes más universales de las artistas cubanas.

Realizó estudios de música en 1910 en el Conservatorio de Música y Declamación de La Habana Eduardo Peyrellade, con Carmelina Pascual, solfeo; Pablo Meroles, teoría de la música, armonía, piano, y canto; en Nueva York fue discípula de canto del profesor italiano Alberto Bimboni.

El 16 de marzo de 1922 participó en los Conciertos de Música Típica Cubana organizados por el compositor Eduardo Sánchez de Fuentes, acompañada por la orquesta dirigida por el compositor Gonzalo Roig. El 10 de octubre del mismo año, actuó en la inauguración de la radioemisora PWX, con la orquesta dirigida por el compositor Luis Casas Romero. El 28 de enero de 1923 se presentó en el Teatro Nacional (Gran Teatro de La Habana) en el Festival de Canciones Cubanas organizado por Sánchez de Fuentes; el 27 de febrero del mismo año lo hizo en el teatro Luisa Martínez Casado de Cienfuegos, y el 22 de marzo, en el teatro Principal de la Comedia, en un concierto de música sacra organizado por Néstor de la Torre. En la Sala Falcón de La Habana, cantó con Lola de la Torre el dúo de la ópera La Gioconda, de Amilcare Ponchielli. Sobre su interpretación de esta obra, dijo Alejo Carpentier:

«...La señora Montaner nos llamó la atención por su timbre de voz exquisito, que acaricia el oído, así como por su mucha seguridad al atacar las notas altas y su escuela inmejorable.»

El 9 de octubre actuó en el Festival de Música Cubana organizado por el periodista Guillermo de Cárdenas y el pianista y compositor Ernesto Lecuona, quien la acompañó al piano. El 15 de junio de 1924, cantó Marita, a dúo con el compositor Alejandro García Caturla, de Jorge Anckermann, acompañada por la Orquesta Sinfónica de La Habana, dirigida por Gonzalo Roig; el 28 de septiembre, interpretó, en el Teatro Campoamor, los cinco lieder del compositor Guillermo M. Tomás: El pescador, Yo quiero ser, Duerme y sueña, Jamás y Yo soy morena, yo soy ardiente, acompañada al piano por Natalia Torroella.

El 2 de marzo de 1926, interpretó el aria de «Un bel di vedremo» de la ópera Madame Butterfly, del compositor italiano Giacomo Puccini, y del mismo compositor, cantó el aria «Mi chiamano Mimi», de la ópera La Bohème.

En 1926 viajó a Nueva York, donde trabaja con la compañía Follies Schubert en el cuadro español, Una noche en España, y en el Teatro Apolo, lo hace con el violinista Xavier Cugat; después de seis meses de actuación en esa ciudad, regresa a Cuba.

El 29 de septiembre de 1927, estrenó en el Teatro Regina (Cine Jigüe), el sainete Niña Rita o La Habana en 1830, de Lecuona y Eliseo Grenet, con texto de Riancho y Castells, donde representa el personaje de José Rosario, calesero, e interpreta el, después famoso, tango congo ¡Ay!, Mamá Inés; además, ese mismo día actuó en La tierra de Venus, con música de Lecuona y texto de Primelles, en la que interpreta Siboney.

El 4 de enero de 1928, desempeña el personaje de Ángela Didier, de la opereta El conde de Luxemburgo.

En 1929 viajó a París en compañía de Sindo y Guarionex Garay, el pianista Rafael Betancourt y los bailarines Carmita Ortiz y Julio Richard. En esa ciudad actuó en el Palace, en él interpretó Siboney, Carabalí y ¡Ay!, Mamá Inés. Sustituyó a Raquel Meller. Sobre sus actuaciones en París, dijo Alejo Carpentier: «No puede negarse la influencia que tuvo, el año pasado, la actuación de Rita Montaner, en esta invasión de aires tropicales. Rita Montaner, en el dominio de lo afrocubano, resulta insuperable. Es, en su género, intérprete tan fuerte como pudo serlo, en el suyo, una Florence Mills. Con ella nos situamos lejos de la lánguida dilettante vocal, que canta criollas melosas entornando los ojos y crispando los dedos sobre un abanico ochocentista. Rita Montaner se ha creado un estilo: nos grita, a voz abierta, con un formidable sentido del ritmo, canciones arrabaleras, escritas por un Simons o un Grenet, que saben, según los casos, a patio de solar, batey de ingenio, puesto de chinos, fiesta ñáñiga y pirulí premiado [...]. Rita Montaner tiene el gran mérito de haberse especializado en la interpretación de ese folklore, calificado por algunos de bárbaro y poco elegante. Gracias a ella, sus compositores favoritos, Simons, Grenet, y otros, pueden ver sus canciones puestas en valor de modo admirable [...].» Y en otra crónica apunta Carpentier: «En pocos años, Rita Montaner alcanzó una popularidad extraordinaria. Creó un estilo, imitado hasta la saciedad. En épocas de tensión política, todo el público de la isla estaba atento a las coplas que cantaba La Chismosa, personaje de su creación. Y, a medida que pasaban los años, su voz adquiría en elocuencia, en poder de expresión, lo que el tiempo le restaba de frescor... Es probable que la máquina trituradora de talentos que es la radio, la haya llevado a prodigarse demasiado, poniendo su personalidad al servicio de emisiones más o menos mediocres. Pero Rita era Rita, y la Rita de Ogguere, de Negro bembón, de Chivo que rompe tambó, se resolvió, no hace mucho tiempo, a asombrar a quie¬nes tal vez la creyeran próxima al ocaso. Volviendo a la partitura seria, se dio a interpretar una ópera de GianCarlo Menotti con tal dominio de sus medios, con tanta autoridad y fuerza dramática, que el acontecimiento tuvo, para muchos, el valor de una revelación tardía. Rita Montaner desafiaba magníficamente el paso de los años, mostrando que nada había perdido de su personalidad.» A su regreso a Cuba, se presentó en el tea¬tro Encanto, y posteriormente en el Payret, Nacional (Gran Teatro de La Habana) y Campoamor.

Las imágenes de Rita Montaner

En 1929 viajó a España, contratada por la compañía de Velasco, para presentarse en los teatros Apolo, de Valencia, y en el Infanta Beatriz, en este último con la compañía de Barreto.

Nueva York la recibe de nuevo en 1931, donde canta en varias radioemisoras, y es contratada por Al Jolson para formar parte de su show musical. En Nueva York, actuó en la obra The Wonder Bar, de Géza Herczeg, Karl Farkas y música de Robert Katscher. El crítico Juan Paraíso dice sobre su actuación con Al Jolson: «la artista cubana se destaca por el ritmo peculiar que imprime a sus canciones. Hay en la voz de Rita Montaner inflexiones cálidas, sabrosas, genuinas de su trópico maravilloso, que la personalizan y elevan sobre todas las figuras de la Compañía [...]». Con esta obra, Rita se presentó en Detroit, Washington, Boston, Baltimore, Filadelfia, Cleveland y Chicago. Sus éxitos sólo son comparables a los obtenidos por Ethel Walters y Al Jolson.

Rita Montaner viajó a México en 1933, con Bola de Nieve, como pianista acompañante. Actúan en Yucatán, Mérida y Ciudad de México, contratados en este último estado por la Compañía Campillo, con la que se presenta en los teatros Iris y Politeama. Regresó a Cuba, para en 1934 volver a Estados Unidos, donde actuó hasta abril de ese año. En junio del mismo año Rita realizó una gira por Argentina en compañía del pianista Rafael Betancourt, ocasión en la que actuó en los teatros Maipo, en la revista ¡A La Habana me voy!, y con la Compañía de Revistas Porteñas, en el Buenos Aires, en las obras Copacabana y La calle 125.

De vuelta a Cuba, trabajó en el teatro Principal de la Comedia, con Betancourt como pianista. Más tarde integró el elenco de la Compañía de Zarzuelas Cubanas que se presentaba en el Teatro Martí, y más tarde pasó a trabajar con Lecuona. Establece relaciones de trabajo con el compositor Gilberto Valdés, y desde entonces se convirtió en una de las más importantes intérpretes de su obra.

En 1939 actuó en Radio Caracas, Venezuela. De regreso a Cuba, continuó su labor con Ernesto Lecuona. En 1940 interpretó el sainete lírico de Rodrigo Prats, Amalia Batista. A fines de este año viajó a Estados Unidos, donde fue la figura central del espectáculo del centro nocturno Havana-Madrid, en Broadway, y posteriormente en el Beach Comber. De vuelta a Cuba, protagonizó en 1941, por la CMQ, la novela Cecilia Valdés, del escritor cubano Cirilo Villaverde. Se presentó en el teatro Nacional con el cantante argentino Hugo del Carril, y realizó una actuación especial en el filme Romance musical, de Ernesto Caparrós.

Con el cantante mexicano Tito Guízar se presentó, en 1942, en una breve temporada en el teatro Alkázar. En marzo, participa en la apertura de la radioemisora Mil Diez. El 21 de agosto viajó a Argentina, donde actúa en el programa Galas de Martini, que conduce Juan Carlos Thorry en Radio Mundo. En un espectáculo efectuado en el teatro Politeama, coincide, entre otros, con Mecha Ortiz y su Compañía, Hugo del Carril, Libertad Lamarque y Nini Marshall.

A su retorno de Buenos Aires, actuó en La viuda alegre, de Franz Lehar, junto a Maruja González y Jorge Negrete. El 24 de febrero de 1945 fue coronada Reina Nacional de la Radio, en un espectáculo en el que actuaron Luciano Pozo (Chano) y Abelardo Barroso. A partir de 1946, actuó en el Cabaret Tropicana, acompañada al piano unas veces por Ignacio Villa (Bola de Nieve) y otras por cFelo Bergaza.

En 1947 viajó a México para actuar en el filme María la O, que, basada en la zarzuela de igual título de Lecuona, dirige Adolfo Fernández Bustamante. En 1948 viajó a Estados Unidos con Carlos Pous y Felo Bergaza para actuar en el Teatro Hispano. Hizo el personaje de la negra Mercé en el filme mexicano Angelitos negros, junto a Pedro Infante.

Rita formó parte en 1951 del elenco artístico del Canal 6 (CMQ Televisión). El 13 de septiembre de 1952, fue la figura principal del espectáculo más importante del año celebrado en el Teatro Blanquita (hoy Karl Marx), en el que hizo su debut en el teatro Benny Moré. Después actuó en 1953 en Radio Continente, de Caracas, Venezuela. De regreso a la capital cubana, fue contratada por el cabaret Montmartre para las producciones Son y Danzón, dirigidas musicalmente por el compositor Félix Guerrero, con coreografía de Alberto Alonso. En otra producción del mismo cabaret, actuó en la revista La calle, junto a Benny Moré y el Trío Matamoros.

El 1 de marzo de 1956, Rita actuó en la ópera del compositor italo-norteamericano Gian Carlo Menotti, La medium, presentada en la sala-teatro Hubert de Blanck, bajo la dirección musical de Paul Csonka. La última función en la que actuó Rita Montaner fue en la comedia británica Fiebre de primavera, de Noel Coward, bajo la dirección de Rubén Vigón, puesta en julio de 1957 en la sala Arlequín.

Fuente: EcuRed

Los vídeos de Rita Montaner

Cuando conocí a Rita Montaner

Nunca había hurgado tanto en su vida; me conformaba, como muchos, con aquellas reseñas que los medios de comunicación me ofrecían, de vez en cuando, de sus mejores interpretaciones, alguna que otra película, sus rostros sonrientes y su lunar característico.

Sabía que era una de las más grandes artistas cubanas de todos los tiempos, aunque a ciencia cierta no podía definir el porqué, apenas había escuchado sus canciones más socorridas: "Ay, mamá Inés" y "El manisero", compuestas por Eliseo Grenet y Moisés Simons, respectivamente, pero solo perfectas en su voz.

A Rita Aurelia Fulceda Montaner y Facenda (Rita Montaner), la conocí realmente desde que consulté su fondo patrimonial, el más grande que alberga su vida y obra en el país, conservado en el Centro de Documentación e Información Musical Argeliers León, de la provincia de Pinar del Río.

No la conocí en vida, pero después de ver tal archivo, se siente pesar por no haber nacido en aquel tiempo. La suerte natural no hizo coincidir la existencia, pero quizá ahora la conozco como pocas personas de mi edad lo han podido hacer, y muy probable como muchas de su propia época.

De Pinar para Rita

El archivo de 1330 exponentes resulta el más grande sobre Rita Montaner existente en la Isla. Adquirido por la compra en varias partes de un mismo propietario, el fondo llegó al Centro de Documentación e Información Musical Argeliers León "sin organización ninguna, unidas unas piezas con otras, sin cuidado", nos contó Doris Céspedes Lobo, musicóloga del recinto, quien nos guió durante todo el periplo por la obra de La Única, como también se le conocía.

"Una vez en posesión, cada especialista definió cuáles eran las piezas de mayor valor, ya sea como obras musicales u objetos museables y de archivo, así como el estado de conservación de cada uno de ellos para determinar el proceder, y organizar, documentar y catalogar la colección", agregó Céspedes.

Fotos, papeles, partituras, epistolarios, recortes de prensa, vestuario se encuentran en el archivo en proceso de digitalización para la consulta de especialistas y estudiantes. "Algunos nos preguntan qué relación tiene Rita con Pinar del Río y por qué la colección se encuentra acá, pero no exactamente tiene que tenerla. Simplemente se nos dio la posibilidad de recuperar estas obras de incalculable valor patrimonial y antes que esos fondos fueran a parar a una colección privada, era preferible que estuvieran en una institución oficial".

Escuchar por primera vez a Rita

Nada es comparado con oír una canción en su versión original y si es de Rita Montaner, mucho mejor, con un fonógrafo de los 40, con el hormigueo propio de los discos de placa de la época. En ese sentido, el archivo posee una excelente discografía de Montaner, un total de 26 discos de placa, una de las mejores secciones de la colección, donde se incluyen originales realizados en las emisoras de radio, directamente en el acetato y sin fines comerciales.

Podemos consultar entonces "Lamento negro", grabado en la estación CMQ con la voz de Rita y acompañada por la orquesta dirigida por el maestro Gonzalo Roig. Se encuentran otros de inigualable valía como "Noche azul", de Ernesto Lecuona, dirigida por Lacalle; o "Ay, mamá Inés", de Eliseo Grenet, y de Moisés Simons "El manisero", "Rumba guajira" y "Serenata cubana".

Discos de acetato de varios tipos, comerciales de 78 revoluciones por minuto (rpm), con dos canciones, una por cada lado, máximo dos por cara e, incluso, se puede escuchar uno más reciente circulado por la EGREM, de 33 rpm con diez obras cantadas por Rita. Piezas bajo la dirección de Roig, Lecuona o hasta el propio Bola de Nieves; pero con el sello único de la Montaner.

El fondo, el más grande de una sola personalidad presente en el centro, posee entre otras de las riquezas archivísticas sobre la artista, varios documentos (52 en total) de su pertenencia: manuscritos, textos mecanografiados o copias, apuntes, libretas, guiones, poesías y diplomas como el de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de México, otorgado en abril de 1942. Es posible consultar las referencias y la descripción de la ópera "Indias negras", y guiones de la estación CMQ donde aparecen piezas interpretadas en su espacio habitual Hora Montaner.

Hay notas de su puño y letra con reflexiones sobre la mujer ideal, apuntes de programas radiales y televisivos. "A veces un documento puede parecer insignificante, pero resulta muy atractivo. Por ejemplo, si analizas algunos te percatas de que le resultaba difícil recordar las cosas, entonces se hacía apunticos para salir a las presentaciones, elementos esenciales del diálogo que ella tenía que hacer y lo otro lo improvisaba", explicó Céspedes.

La documentación proyecta otra Rita ante nuestros ojos: la de detrás del telón con esquemas de cuando iba a hacer Cecilia Valdés, de cómo tenía que salir a cantar o el estado del vestuario.

De todo un poco se aprende sobre su vida cuando se husmea en la colección: el estado de sus cuentas, cómo llevaba la economía de la familia, apenas números aparentemente triviales, pero que nos apuntan a la forma de ser de la persona, el modo en que se proyectaba como ser humano y no solo como artista.

En los papeles también aparecen palabras a sus hijos: en las cartas y dedicatorias de fotos a ellos, muestra su consagración como madre, a pesar de su vida intensa como cantante. En el epistolario, con un total de 17 cartas de y para Rita, se encuentran, entre otras, una de Simons, remitida desde Madrid el 16 de noviembre de 1944, donde conversa sobre cuestiones artísticas de próximas presentaciones de Ernesto Lecuona, del 10 de agosto del 47 en Santa Fe, o la felicitación por fin de año de Eduardo Chibás desde La Habana, el 24 de diciembre de 1946. Se pueden leer también cartas de Lázaro Peña, entre otras personalidades del ámbito nacional y latinoamericano. Un estudio minucioso nos daría una noción de las figuras con las que se codeó, entre las que se encuentran el compositor de origen estadounidense Cole Porter, una de las grandes figuras que visitó el cabaret Tropicana.

Rita Montaner… La Única

A los fonogramas y cientos de documentos de Rita se les suman algunos de los artículos que sobre ella publicaron algunos de los diarios más importantes de la época. Dentro de la colección existe un amplio conjunto de recortes de prensa de Bohemia, Revolución, Excelsior, Avance, Diario de la Marina, El Mundo y El País, que dedicaron espacio a la reseña de sus actuaciones, entrevistas e, incluso, notas sobre su fallecimiento.

Propagandas con un panorama general del mundo musical en aquel momento, y uno que otro programa como el original en que se anuncia el primer concierto de Rita Montaner en el Teatro Principal de la Comedia el 27 de enero de 1935, se hallan en el recinto pinareño y conceden a quien lo revive una especial añoranza.

Las partituras, otra de las sesiones más apasionantes de la muestra, manuscritos de altísimo valor, con tachaduras realizadas por algunos autores, tales como Jorge Anckermann, Lecuona, Simons; originales y algunas dedicadas a Rita, con una caligrafía bellísima y exquisitas enmiendas también integran la colección de Argeliers León, incluso, una guaracha del 49 de Bobby Capó escrita para ella: "Para Rita Montaner, La Única, con mis mejores deseos".

Las partituras entre impresas (más de 300) y manuscritas (76) se dividen entre aquellas creadas para voz, piano u orquesta y muchas con las anotaciones de Rita, con el nombre escrito caprichosamente en varias de las páginas.

La Rita que no se ha visto aún

Cuando se ven las imágenes, las partituras, las cartas, todo cuanto contiene el fondo, se nota que en realidad pocos conocen a Rita Montaner o al menos en toda su dimensión como artista y persona. Aparecen entonces las fotos de ella con amigos, en el trabajo, con la familia. Los rostros de perfil de la infancia, sentada en el sillón de madera, con el pelo bien corto y el vestido estampado. O la instantánea con ella disfrazada de india, o en la que sentada en sofá de mimbre, muestra su moño, el vestido blanco y los lazos en el pelo.

La conocí en aquella foto bellísima, seria, meditativa, dedicada a Cuca por Cuchi, como a veces parecía apodarse, más allá del rostro risueño que siempre muestran sus fotos, o tal vez las más conocidas. Así no recuerdo haberla visto nunca, tan íntima, tan cercana, tan Rita, lo mismo con trusa de adornos, que vestida de negro con collar de perlas o, mejor aún, frente al espejo pintándose los labios, con una sensación que te transporta hasta su lado, tratando de adivinar sus enigmas, su historia, su vida. Otras imágenes interpretando "La médium", en la playa; algunas con sus hijos y nietos; entre sus hombres, amores de paso o de todos los tiempos. Tal parece que se viaja junto con ella a Hollywood cuando posa junto con Irving Berling, o cerca del Bola, o de Anckermann, o Libertad Lamarque, las D´Aida, César Portillo de la Luz, Rosita Fornés y Violeta del Casals.

Y qué de las fotos dedicadas a ella: la de Nat King Cole, de Josephine Baker, de Bola de Nieve, "con la cara de 1939"; la de Lecuona, "a Rita y Alberto, buenos amigos a quienes debo ratos felices", o la de Félix B. Caignet, "para mi hermana, esa Rita, que es de cristal para mí". Todas destilando una especie de envidia por la época, por no habernos codeado nunca con figuras tales y hasta la fantasía de haber sido como ella.

El vestuario es la parte más delicada de la colección, necesitada de un fuerte trabajo de restauración. En estos momentos se encuentra en el Museo Nacional de la Música en la capital cubana. "Toda la colección ha permitido tener una visión diferente de su vida y su carrera, cosas a las que uno normalmente no tiene acceso dentro de la biografía publicada sobre ella. Se respeta mucho su legado a partir de conocer estos documentos. Se vislumbra que su profesión tuvo un papel importante en su vida, tanto como sus hijos", argumenta Céspedes.

Mas el trabajo aún está incompleto, el archivo existe, pero todavía falta la investigación , "la labor del centro ha sido puramente museológica, de organización, no se ha hecho ninguna pesquisa porque existen muchos temas dentro de la propia música pinareña sin estudiar aún y no podemos asumir una investigación de tal envergadura, y que sería muy interesante con la ayuda de este archivo", reconocía José Elpidio Gómez Prieto, director de la institución.

Mientras se cierra la hoja, se termina de leer el recorte, se queda grabada la imagen meditabunda del retrato que pocos han visto, se guarda el fonógrafo y el disco ya con humedad, en espera de que alguien venga a conocerla de verdad, a descubrirla… otra vez.

Mayra García Cardentey - La Jiribilla

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