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Página 1 de 5 El Anarquismo en Cuba, desde el nacimiento de la
República a la caída del Dictador Gerardo Machado: El fin de la hegemonía
libertaria sobre el movimiento obrero
"Luchemos, que hay grandes injusticias que
destruir y muchos derechos que reclamar. Luchemos, que renunciar a la lucha es
renunciar a la vida, es decir, `es renunciar a ser hombres" Manifiesto
Anarquistas de Cruces, 1915. 
Huelgas y más huelgas
El siglo XX cubano se inició, con una
isla ocupada por Estados Unidos, y desbastada por la guerra contra España, el
ideario anarquista, tenía pues, bastante tela por donde cortar. Durante este
periodo se siguieron difundiendo los métodos de lucha anarcosindicalista,
especialmente desde el semanario ¡Tierra! en el que escribían destacados
escritores de España y Cuba. Para fortalecer la propaganda de sus ideas, los
ácratas de Cuba intentaron contar con la presencia, de uno de los masa conocidos
pensadores de su doctrina, Enrico Malatesta, a quien en 1900 los editores de El
Mundo Ideal invitaron a la isla para que le hablara a obreros y campesinos sobre
el anarquismo. Lamentablemente para los anfitriones, las conferencias debieron
interrumpirse, pues a las que las autoridades interventoras norteamericanas no
les agradó nada la estancia del connotado anarquista en el país y lo expulsaron.
Pese a todo los métodos de acción directa, constituían parte intrínseca del
accionar obrero Cubano, en los primeros tiempos postcoloniales.
El parto de la república en 1902 fue
"asistido" por La enmienda Platt, y por la primera huelga general de nuestra
historia, conocida como la de " los Aprendices", Enmienda y Huelga resultaron
dos visitantes inesperados para quienes habían idealizado la sociedad de una
Cuba libre de España.
La huelga de los aprendices, no solo contó con
la participación y apoyo de anarquistas de la isla, sino que además recibió el
respaldo del movimiento ácrata internacional, y de paso el de uno de los grandes
inspiradores del anarquismo místico; León Tolstoy quien desde la lejana Rusia
mantuvo correspondencia con los obreros encarcelados en La Habana como resultado
de los hechos.
También el interior de la isla se conmovía por
la actividad de los anarcosindicalistas a penas nacida la República. En 1903 se
llevó a cabo una gran huelga azucarera durante la cual fueron asesinados los
anarquistas Casañas, y Sarría, por ordenes de quien entonces ocupaba el cargo de
gobernador de las Villas, José Miguel Gómez y que llegaría a presidir el País
por el partido Liberal entre 1909 y 1913.
Resulta interesante el hecho de que en los
primeros años republicanos, el anarquismo "criollo" contara con "plazas fuertes"
en las zonas de Cruces y Lajas, donde se habían radicado desde hacía años
trabajadores ácratas de origen español, entre los mas cocidos: José García y
Matías Palenque. El 21 de noviembre de 1902 los anarquistas salieron a las
calles de Cruces, en una estampa que recordaría cualquier ciudad de la
industrializada Europa. Los libertarios portaban banderas rojas, convocando a la
huelga, llamando a los obreros y campesinos de la zona a la "revolución social"
que según ellos se aproximaba. A mediados de diciembre de 1902 , bajo la
evidente influencia del cosmopolitismo anarquista, el mulato Evaristo Landa,
excombatiente del 95 y dirigente del Gremio de Braceros de Lajas, hacia
circular, en ese mismo año un comunicado en el que convocaba a la unión de todos
los obreros, sin tener en cuenta el lugar de nacimiento, para luchar por el
aumento del mísero jornal que recibían (2 pag. 143).
En 1912 el recién fundado Centro Obrero de
Cruces, convocó a un congreso, que hubo de celebrarse entre el 24 y 25 de
febrero. El evento tuvo lugar bajo medidas de excepción, implantadas por el
entonces Secretario de Gobernación, Gerardo Machado, quien había suspendido un
día antes las garantías constitucionales para anarquistas, socialistas y para
los independientes de color. Al Congreso asistieron delegados de La Habana,
Matanzas, Santa Clara, Cárdenas, Cienfuegos, Remedios, Sagua, Manzanillo, San
Antonio de los Baños, Cruces y Lajas.
Entre los acuerdos del Congreso anarquista,
estuvo el de crear una federación nacional de trabajadores, aspiración que quedó
latente en el imaginario del anarcosindicalismo cubano hasta la llegada de los
años 20 con la fundación de la Confederación Nacional Obrera de Cuba.
La agitación anarquista siguió
intensificándose en la región Cruces durante este año. Dos de sus líderes
Abelardo Saavedra y Juan Tur, quienes habían sido deportados, regresaron
clandestinamente para renovar la agitación en las fabricas de azúcar. En medio
de esta actividad nació el grupo anarquista Rebelión, quien publicó a fines de
diciembre un manifiesto hablándole a los obreros de las bondades de la anarquía
y llamándolos a rebelarse contra el capitalismo. Como consecuencia de este
documento, el gobierno anunció la existencia de un complot anarquista en toda la
república y desató una ola represiva contra los libertarios, el pueblo de Cruces
fue tomado por la guardia rural y se expulsaron del país algunos de los
agitadores mas importantes, entre ellos Tur y Saavedra.
Cruces continuó siendo una especie de
"capital" del anarquismo cubano. En los primeros días de febrero de 1915,
circuló, una nueva hoja impresa con otro candente manifiesto. El documento
aparecía firmado por Fernando Iglesias y otros dirigentes sindicales de 11
centrales azucareros pertenecientes a los municipios de Cruces, Ranchuelo, San
Fernando de Camarones, Rodas y Cienfuegos.
El comunicado condenaba la mansedumbre conque
los obreros aceptaban sus condiciones de vida y los conminaba a participar en
una huelga exigiendo 8 horas de trabajo y 25% de aumento sobre el salario:
"Seamos firmes, ya que en nosotros radica la
fuerza sostenedora. Seamos unidos, ya que para nosotros es el bien y, si es
preciso, y si a nuestra demanda se contesta con el hierro; si se nos quiere
vencer por medio de la fuerza, ya que somos constructores, seamos destructores;
ya que somos sostenedores, seamos exterminadores.-
Esta vida de parias es indigna de vivir, esta
vida de miserias es indigna de sostener. Luchar por un pedazo más de pan, un
pedazo más de respeto y un átomo más de libertad, es justo. Morir en la
contienda es digno, pues como dijo un sociólogo -O vivir para ser libres, o
morir para dejar de ser esclavos- optemos por la libertad.
Desde que vea la luz este manifiesto, la lucha
está entablada. Levantémonos, como un solo hombre, y que de cada ingenio surja
un Comité de Huelga para después formar el Comité Central. Más tarde, las
circunstancias nos aconsejaran y el tiempo señalará el fruto de nuestra
lucha..." (4)
La respuesta de las autoridades fue la
detención, a pocos días de circulado el manifiesto, de varios dirigentes
azucareros, entre estos el propio Fernando Iglesias al que se le señalaba como
jefe de los anarquistas de las Villas. Si bien el documento no logró repercusión
en los centrales de la jurisdicción de Cruces, parece que si influyó en el
desencadenamiento en una cadena huelguística entre los ingenios de Guantánamo
durante febrero, en cuyas propagandas se hacía referencia al Manifiesto de
Cruces.
Durante las primeras décadas republicanas el
anarquismo, jugó un papel protagónico, en la organización de las de protesta
obrera en toda la isla.
Los anarquistas estuvieron presentes en
importantísimas huelgas como la de la Moneda en 1907, llamada así porque con
ella los tabaqueros de La Habana reclamaban sus salarios en moneda
norteamericana en lugar de española o francesa, totalmente desvalorizadas en
comparación con el dólar. Esa huelga terminó con un eufórico triunfo.
El célebre semanario anarquista ¡Tierra! fue
acusado de haber instigado la huelga ferrocarrilera que tuvo lugar entre
septiembre de 1907 y enero de 1908, los obreros ferroviarios exigían aumentos de
salario y Jornadas de 8 horas, demandas que no pudieron lograr. Otra huelga del
mismo año 1908 fue la que organizaron entre enero y febrero los tabaqueros de La
Habana y provincias limítrofes, conocida como la Huelga de la No Rebaja, contra
los despidos periódicos, que sufrían los trabajadores del ramo en determinadas
épocas, también constituyó una derrota para sus organizadores.
Los anarquistas, pese al apoliticismo de su
doctrina, influyeron indirectamente en el sistema político del país, con sus
acciones llevaban a los partidos a tomar conciencia de las necesidades obreras y
proponer fórmulas jurídicas que mejoraran sus condiciones de vida un ejemplo de
este fenómeno lo tenemos en la Ley de Arteaga, nacida como consecuencia de una
huelga donde se manifestó la influencia de los métodos ácratas de acción directa
y que fue organizada por los obreros del central Jagüeyal, Ciego de Ávila, en
agosto del candente 1908. Se protestaba contra el pago de los salarios en vales,
que solo podían emplearse en la bodega de la compañía donde la mayor de las
veces faltaban artículos de primera necesidad y cuando los había eran de la
pésima calidad a precios fabulosos. Es un sistema de explotación obrera muy
similar al que sigue hoy en Cuba, las empresas estatales, cuando pagan al obrero
con pesos cubanos, moneda cuyo real poder adquisitivo la asemeja mas a aquellas
fichas conque se le pagaba a los obreros del Jagüeyal que a al dinero que, según
el propio Marx, para serlo, debe tener circulación universal, algo de lo que
carecen nuestros "pesos" incluso en los predios del propio Estado al que
representa. De retorno a la huelga diremos que fue sofocada por la guardia
rural, y sus dirigentes procesados bajo a acusación de tenencia de explosivos,
amenaza, desorden público y otros delitos. Aunque el Fiscal pidió para cuatro de
ellos la sanción de cadena perpetua, los encausados resultaron absuelto a los
cinco meses de encarcelamiento. Como resultado de aquel hecho, un representante
a la Cámara por el partido Liberal, Emilio Arteaga, presentó ante el cuerpo
legislativo un proyecto de ley que prohibía el pago de salarios mediante vales,
chapas o fichas de cualquier clase que tuvieran el carácter de signos
representativos de la moneda. La Ley Arteaga, fue publicada en la Gaceta oficial
el 24 de junio de 1909, en ella se establecían sanciones de multa y cárcel para
los infractores.
Si se habla de huelgas en Cuba, a las que se
vincularon los anarquistas, especialmente los de origen español no podemos dejar
de mencionar la del alcantarillado de la Habana, en 1911. En ella participaron
unos 1500 obreros quienes se revelaron contra las condiciones infrahumanas de
trabajo, los bajos salarios, las 11 horas de labor, la falta de condiciones
sanitarias y el no pago en moneda norteamericana. La huelga se perdió entre
otros factores por la falta de apoyo, de organizaciones obreras cubanas, que
oponían su "patriotismo" a las tesis del cosmopolitismo anarquista, aportando
obreros rompe huelgas. Aquel fue un desquite de los gremios cubanos con el
sentimiento de discriminación al obrero nativo que había despertado el hecho de
que en las obras de Alcantarillado de La Habana el 75 % de los empleados fueran
extranjeros, casi todos españoles.
Los anarquistas también apoyaron, la huelga de
trabajadores de restaurantes y cafés en 1912. Aquí se destacó el huelguista
Hilario Alonso. Otra huelga respaldada fue la de los constructores por las 8
horas del trabajo. Como muchos de los militantes anarquistas eran de origen
español, una de las medidas mas utilizadas contra el movimiento por las
autoridades fue la de la deportación.
Entre las organizaciones anarcosindicalistas
mas combativas de nuestras primeras décadas se destacó el Sindicato General de
Obreros de la Industria Fabril fundado en La Habana el 10 de agosto de 1917. Lo
integraban obreros de las fabricas de confituras, papel, cigarro, cerveza etc.,
quienes organizaron importantes huelgas en su centros laborales.
Es imposible en tan breve espacio reseñar
todas las huelgas que conmovieron, a Cuba por aquella época, baste decir que
entre 1917 y comienzos del 20 ocurrieron mas de 220 huelgas generales y
parciales. Esta forma de lucha constituyó un recurso muy utilizado por los
anarquistas, quienes si bien en muchas ocasiones enfrentaron una brutal
represión en otras lograron éxitos que contribuyeron a que la clase obrera
cubana lograra un estándar de vida, envidiables para los trabajadores de otros
países. Los triunfos sociales del proletariado cubano pueden ser considerados
como parte de los elementos que estimularon la continua inmigración de obreros
hacia Cuba, no solo de la cuenca caribeña, si no incluso de la propia Europa,
especialmente de España.
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