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Hace frío, los coches circulan con las luces encendidas envueltos fantasmagóricamente entre el humo de los tubos de escape. Sientes dolor en las orejas y subes el cuello del chaquetón todo lo que puedes para protegerlas. Las manos dentro de los bolsillos a buen recaudo.
Entras en una cafetería, es silenciosa, con cuatro clientes silenciosos, nadie te mira porque a nadie le importas y pides un café caliente. Entonces alguien se acerca, te mira con una sonrisa, y cuando ya cree tener confianza, comienza a contarte las historias que le acontecieron en una isla al otro lado del mar, un país al que llaman Cuba.
Así que de eso se trata esta sección, por favor, quitadnos el frio y obsequiarnos con el calor de vuestros recuerdos cubanos, seguro que nos alivian más que un café hirviendo.

Cuando le pregunté a la muchacha que servía de guía e indicaba los caminos a tomar por qué todo estaba tan abandonado, me respondió:
-Es por el bloqueo que sufre Cuba por culpa de Estados Unidos.
Observé los canteros y los amplios jardines, sin atención alguna, y pensé que con un simple machete y un poco de cariño se verían mejor.
-¿Ese descuido también es culpa del bloqueo? -pregunté.
Más de doscientos turistas extenuados por el viaje y la flema de la aduana gastaban sus últimas fuerzas frente a la sucursal de CADECA en la Terminal 3 del Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, para canjear dinero, a paso de jicotea, de pie, sin poder acomodarse, pues todos los asientos del salón fueron retirados y sólo estaba abierta una ventanilla de las seis habilitadas. La situación se hacía más agobiante con cada aterrizaje.

A pocos pasos de una CADECA en Guanabo, pueblo turístico al este de la capital, hay una bodega con un cartel visible a simple vista que anuncia: NO SE ADMITE DIVISA; en tanto otros comercios mejor abastecidos, con precios por las nubes, popularmente llamados "shoppings", anuncian lo contrario: VENTA SÓLO EN DIVISA. Son apenas dos ejemplos. Fácil es imaginar la incertidumbre y molestias de quien no posea la moneda exigida en cada momento y lugar, cuando no existe un sitio cercano para canjear dinero o, si existe, no esté en horario de servicio.
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